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La Verdad no Contada sobre las Bananeras de Puerto Armuelles octubre 23, 2012

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La Verdad no Contada sobre las Bananeras de Puerto Armuelles

Es un video documental que sintetiza la historia de las bananeras desde 1927 hasta el 2011.

Instamos a todos a documentarse con el material audivisual producido por la Universidad de Panamá a través del Grupo de Cine Universitario (GECU).

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La Verdad no Contada sobre las Bananeras de Puerto Armuelles (Video completo)

Los fantasmas de Puerto Armuelles septiembre 17, 2009

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Este muelle por donde salían millones de cajas de banano hacia el mundo, hoy es una ruina al borde del derrumbe.

TRAGEDIA EN LAS BANANERAS

Los fantasmas de Puerto Armuelles

CARLOS ATENCIO/GUIDO BILBAO | UNIDAD DE INVESTIGACIÓN

La Estrella de Panamá (14 de septiembre de 2009)

Lo que nunca se dijo sobre las consecuencias sociales de la fumigación en las bananeras: cáncer, esterilidad, ceguera y malformaciones. Una historia perturbadora que evidencia, sobre todo, la ausencia del Estado
CHIRIQUÍ. Puerto Armuelles es ahora un lugar de sombras. Brilla el sol más caliente de este país tropical, pero así y todo, la sensación es de oscuridad, de fría decadencia. La fiebre del oro verde bajó, es cosa del pasado y, de lo que fue, sólo quedan los recuerdos.

La realidad mezcla el desempleo, la marginalidad y la desesperanza. Las personas salen de las casas únicamente para comprar alimentos y para ir al médico. Los enfermos se cuentan a montones. La sensación, en la calle, es la de una sala de espera de hospital.

Este pueblo, a 530 kilómetros de la ciudad capital, es protagonista de un drama colectivo que duerme el sueño de los justos: miles de obreros y sus familias fueron expuestos a agroquímicos altamente tóxicos durante el boom bananero. Años y años en los que ellos mismos, sin saberlo, regaban la muerte sobre sus campos, sus casas y sobre ellos mismos. Ahora, en pleno siglo XXI, recogen el fruto menos deseado: Las flores de la muerte.

LA PESTE

Los afectados, por lo general obreros de las bananeras y sus familiares, llevan una lucha legal de trece años. Buscan que la empresa responsable, la trasnacional Chiquita Brands, pague por lo que aquí se define como un “crimen en masa” o “bombas por hectáreas” o, como prefieren los médicos, “envenenamiento”. Chiquita tenía 18 fincas que rentaban al Estado panameño por un canon mensual de 700 mil dólares. Los afectados buscan que les paguen los tratamientos médicos y también indemnizaciones, interpusieron una demanda ante el juez Mario Juárez, del Circuito Octavo del Ramo Civil de Chiriquí que supera los 42 millones de dólares. Agustín Obando, uno de los demandantes, dice que a la justicia no le tiene ninguna fe.

Este hombre que tiene 55 años pero aparenta muchos más, trabajó durante algunos meses manipulando y realizando el trabajo de fumigar las plantaciones. Roció DBCP o Nemagón. El Estado panameño permitía el uso de este tóxico que apareció en Estados Unidos hacia fines del siglo XIX. Tan viejo como la sustancia son los estudios toxicológicos de los doctores Ted Torkelson, de la empresa Dow Chemical y Charles Hines, de la Universidad de California, que hablan de los daños irreversibles en la salud. En Estados Unidos, está prohibido desde principios del Siglo XX. El Nemagón es altamente persistente y se filtra en los mantos acuíferos donde permanece hasta por 200 años. Los médicos hicieron pruebas con ratas. Demostraron que luego del contacto con dosis bajas de Nemagón tenían crecimiento retardado, daños en los pulmones y riñones y reducción en los testículos. Dosis altas o prolongadas en el tiempo, los reducían a la mitad provocando al esterilidad. Y que en los humanos las consecuencias eran similares. Según reportes de la Red de Acción en Plagicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL) en Centroamérica hay unos 26 mil trabajadores estériles a causa de la exposición a estas sustancias.

Cuando Obando entró a Chiquita Brands no sabía nada de esto. Sentía que estaba dando un paso importante en su vida. Finalmente iba a poder estar tranquilo y mantener a su hijo de meses de nacido. Corría el año 76. Obando acaba de cumplir 23.

Al ingresar a la compañía, le hicieron exámenes físicos. Le dijeron que era fuerte como un toro y lo mandaron a fumigar.

Tenía contacto diario con las sustancias tóxicas sin ningún tipo de cuidado ni entrenamiento para su manejo. A los cinco meses renunció. “No aguanté más, me fui porque me sentía mal, con mareos, dolor de cabeza, vómitos y muchas veces quedaba viendo oscurito, cocuyito, me daban convulsiones. Pero yo cometí una tontería de no ir al hospital ni nada de eso. Lo más sencillo fue salirme del trabajo. Pero ya era tarde. De ahí en adelante vinieron mis problemas”. Fueron cinco meses que cambiaron su vida para siempre y que, treinta tres años después, siguen presentes, enturbiándole la vida. Obando entre otras cosas, se volvió esteril y con el tiempo perdió la visión.

Agustín vive sin ver, preso de la ceguera y rodeado de pobreza: dos sofás despellejados, un fogón de leña en el patio, ropa amontonada sobre el otro sillón. Cuenta que la enfermedad le vino de menos a menos, hasta quedar encarcela’o en un ranchito. “Un tipo con las calamidades que yo tengo.. ¿a qué puede aspirar? Hasta la mujer se me fue porque no podía hacer nada”.

El único hijo que tuvo nació un año antes de ingresar a la bananera. “De ahí para acá hasta de engendrar me privaron”, se lamenta. Esto lo comprendió muchos años después por comentarios similares de otros obreros de las fincas, todos preocupados y sin saber porque la infertilidad cundía.

Agustín, desde el pozo de su ceguera y con dos gatos como únicos aliados en esta batalla, culpa al Estado. Lo peor de todo, dice, “es que no hay quien, no hay gobierno, no hay autoridades, no hay amigos, no hay hermanos, no hay nadie que se presente aquí y diga esta es mi mano salvadora. ¡Naaaadie! A veces solamente la fe ciega en Dios me tiene en pie, así como lo oye. Los ciegos envenenados no tenemos presidente, no tenemos patria, no somos hijos de esta patria”, explica con la virulencia de un hombre que no denuncia sino que describe su verdad.

Pese a las prohibiciones de uso en el país fabricante, el gobierno panameño permitía que se rociaran las 3 mil hectáreas sembradas de bananos con químicos como el Nemagón y el Fumazone, dos sustancias que a finales de los 60 hacían estragos en las plantaciones de República Dominicana, Costa Rica, Perú, Honduras, Nicaragua, Ecuador y Filipinas. En Panamá, según el ex defensor del Pueblo, Ítalo Antinori, esas sustancias se utilizaron hasta entrados los años 90.

LAS TRES CAMISAS

José Vega no está muerto, pero pasa sus horas en el cementerio. Remienda tumbas. Allí, a la sombra de un árbol, repite su historia que en Puerto Armuelles parece la historia de todos. Cuando tenía 15 años ingresó al campo bananero a trabajar los tres meses de vacaciones.

Empezó como barredor que pasó de oficina en oficina hasta aprender todos los trabajos de la empresa. Al final fue encargado de la oficina de Seguridad y Riesgo Laboral.

“Quizás yo tenga algo de químicos en el cuerpo, por la inhalación en 30 años”, dice, pero lo que lo salvó fue un puñado de lecturas.

Mientras que los miles de trabajadores sudaban en las plantaciones, él se interesaba por conocer más de los tóxicos. Supo temprano que todos los químicos que no usaban en Estados Unidos los regaban acá. Levanta la vista, mira el sin fin de cruces, tumbas y gallotes, y luego taconea el piso: “aquí, bajo esta tierra, hay miles de panameños que fueron desbaratados por los tóxicos. Y no importa a nadie. Me tocó ver cientos de casos de enfermos con dolor de cabeza, debilidad, problemas respiratorios, visión borrosa, vómitos, fibrilación de los músculos. La gente decía dale leche, bebe leche, no se tiene que ir al médico”.

Cuarenta años después reconoce que se jugaba con la salud de las personas. La empresa plantaba barreras de árboles ficus y papos a la vera de los caminos, afluentes de agua, y lugares poblados para mitigar el efecto de los vuelos de la muerte. “Cuando uno entraba al bananal le pegaba fuerte en la nariz, pero teníamos que trabajar así lastimosamente”, se lamenta Vega.

Pero no solamente los obreros se bañaban en Nemagón. Vega, que lleva tres camisas para protección hasta cuando sale al parque, recuerda que en Chiquita luego de poner los fertilizantes a los plantones, se regaban para la sigatoka: un insecto que vuela hasta 10 pies de altura. Usaban Ditane, un tóxico que también ponía a temblar a los obreros. También se regó Bravo, pero por ser muy tóxico se cambió, aunque todavía sigue en Honduras, Guatemala y parte de Costa Rica.

A ciencia cierta no se puede decir cuántos son los panameños afectados. Y las muertes que ya nadie investigará seguramente superan las del escándalo de envenenamiento con dietilenglicol. Sí se sabe, que el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) obliga al Estado a que garantice a los trabajadores que no sean sometidos a condiciones de trabajo peligrosas para su salud, como la exposición a plagicidas u otras sustancias químicas.

LO QUE MÁS DUELE

Félix Antonio Ríos, es otro de los fumigados de Chiquita Brands. Vive en Progreso, en una casa rodeada de árboles frutales. En una esquina tiene un rancho, donde pasa la mayor parte del tiempo. En ese aposento tiene mesa, silla y butacas. Sobre la mesa hay un maletín de profesor. Habla como si se le atragantaran las palabras.

Lo primero que dice es que se siente culpable de la muerte de su hijo Roberto, de 24 años, de un cáncer en los testículos, cuando era estudiante de la Universidad de Panamá. Aunque le dicen que no se lo tome de esa forma, que no tiene razón, siente que así como le dio la vida a su hijo, también le regó los problemas.

Ríos ingresó con 22 años a las bananeras y fue liquidado a los 51. A simple vista es un hombre saludable, fuerte, pero por dentro lleva un historial clínico que “vuelve loco a cualquiera. A mí me preguntó un gobernador: ¿pero tú qué es lo que no tienes? Yo le dije: yo no quisiera que usted tuviera lo que yo tengo. Desde 1972 me trato por los agroquímicos, pondiéndome vacunas toda las semanas. A mí me pueden dar un millón de dólares y no me compensan los sufrimientos”.

Ríos, hay veces que no puede estar acostado. Ni sentado. Ni parado. Ni puede respirar. “La compañía sabía lo que estaba haciendo porque yo trabajé en el departamento de materiales y ahí fue donde me di cuenta de la clase de canallada que habían hecho con los trabajadores. Se regaba el Fumazone y Nemagón, dos tóxicos que inhalarlo es venenoso, el contacto con la piel es venenoso, la ingesta era sumamente venenoso. Ellos no tomaron las precauciones porque nosotros valíamos muy poco para ellos”.

El trabajo cotidiano funcionaba como cualquier otro. Les decían qué tenían que hacer y ellos lo hacían. Aplicaban las sustancias cinco horas consecutivas, todos los días. Era demasiado cinco horas. La gente la pasaba muy mal, pero en la cadena de producción se ahorraban costos. “Aquí el perjudicado no solamente era el que trabajaba: la persona que lavaba mi ropa y mis hijos que me agarraban cuando yo llegaba contaminado también. Y yo sé también que fui de los que aplicó veneno a la gente. Usted no se imagina lo que eso hace sufrir a uno. Yo fumigaba y a mi hijo Roberto le salió un cáncer”.

Félix, como la mayoría en Puerto Armuelles, se siente abandonado por la ley. Recuerda que cuando entró, el primer examen que le hicieron fue el de la próstata y si lo dejaron trabajar era porque estaba sano. Pero cuando le dieron la patadita y lo echaron, se queja de que nadie se fijó cómo él salía y así pasó con todos los trabajadores.

“Fuimos a la Asamblea en el 2003, hablamos con medio mundo, fuimos traicionados por una persona que negoció nuestras dolencias. Yo no quiero lástima, yo quiero que sean justos. Si a mí, pasado mañana, me dicen que no me toca nada, lo aceptaré porque hay personas más dañadas que yo”.

Como el caso de María Cubillas. Ella es una de las pocas mujeres que se permite hablar sobre el tema, pero antes pone algunas condiciones: que no le tomen fotos ni se le pida bajarse del taxi en el que ha llegado hasta Progreso para esta entrevista, que se realiza adentro del auto. Estamos estacionados frente a un billar en penumbra de donde salen mucho ruido.

SIN SALIDA

Es triste pero es así: la mujer recuerda y llora. Habla con un tono de voz bajito y cortado, que no le va su cuerpo. María es una mujer grande, sin residuos de juventud y la piel rayada por la dermatitis. Así, entre susurros, cuenta que una mañana ella apareció en una finca bananera con cuatro hijas en busca de trabajo y techo. Las dos cosas fueron fáciles de conseguir. Guiada por el deseo de tirar para adelante, por las hijas, firmó su contrato de trabajo. Nunca imaginó que esa decisión acabaría con dos de sus hijas antes de cumplir los 12 y que ella terminaría con asma crónico.

“Ellos trajeron a las bananeras el DBCP o Nemagón, un químico que no se usaba en Estados Unidos y que usaron acá y ese químico le provocó esterilidad a los trabajadores, eso fue lo que dio al traste con los obreros”.

Las tragedias de María son tres. Cuando murió la primera niña, de doce años, de un cáncer, hasta los médicos se extrañaron. María pensaba que la gente que moría de esa enfermedad eran viejos, no niños. Años más tarde murió su segunda hija. De asma. Como la niña estaba en primer año, ella pensaba que era la madrugada lo que le hacía mal, levantarse tan temprano, la brisa fresca del amanecer. El día que le dio la crisis no llegó a tiempo al hospital. Después de la muerte de las niñas María quedó como atontada, fuera del mundo, en medio de una penitencia inhumana. Siguió empacando parte de los 40 millones de cajas de banano que exportaba la empresa cada año. ¿Qué iba a hacer? Cuando su salud se quebró del todo, vino la pelea para que la pensionaran por un cuadro clínico de asma ocupacional. “La empresa quería doblarle el brazo a todo el mundo para no pagar. Al final los médicos se pusieron duros y me pensionaron”.

Antes de emprender el camino de regreso —sin nunca bajarse del carro—, María explica las razones de sus cuidados al hablar. Dice que esto podría dañar el proceso legal, que parece empezar a desperezarse. En agosto pasado la justicia culminó pruebas clínicas a más de 550 afectados.

Parece extraño: el país con mayor crecimiento económico de la región, que se abre a la ampliación del Canal y a la construcción del metro guarda en lo más profundo de su interior heridas que no cicatrizan. Muchos aquí se sienten fantasmas. Invisibles. Olvidados. Sin nadie a quien reclamar y con el cuerpo partido. Hombres, mujeres y niños panameños, quienes han cargado la cruz de la enfermedad a sus espaldas y de por vida. Son los fumigados. Sí, aquí, en el puente del mundo y corazón del Universo.

CHIQUITA Y VENENOSA

La United Fruit Company comenzó sus operaciones en la provincia de Bocas del Toro en el año 1899, nueve años más tarde que la Snyder Banana Co. iniciase la historia del banano en la provincia. Tras abandonar las plantaciones en Bocas, compró tierras aptas para la producción de banano en la región de Chiriquí (1923 y 1926). La compañía quería utilizar el trazado del Ferrocarril Nacional de Chiriquí —finalizado en 1927— desde Puerto Armuelles (PA) y conformar una unidad de explotación bananera sobre la región fronteriza, que enfrentaba a Costa Rica con Panamá en el plano político y económico, buscaban por el contrato bananero con la UFCo. En 1927 la empresa firmó una concesión por treinta años con Panamá para cultivar banano en el área de Chiriquí, formandose la División de Puerto Armuelles (PA), que ha variado de nombre.

CARLOS ATENCIO

El exilio inevitable

Entre 1990 y el 2000, Puerto Armuelles redujo su población a la mitad; mientras en 1990 vivían 46,093 personas, en el 2000, disminuyó a 22,075. La tragedia se consumaría para el 2020, en esa fecha, quizá, desaparezca la población.

Cuando se acaben las bananeras en Barú enero 4, 2009

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Cuando el banano se agote en Barú

La economía del distrito de Barú no es ni la sombra de lo que era hace décadas. Se están desarrollando otras actividades económicas, pero la región aún no despega.

MELISSA NOVOA Y FLOR BOCHAREL
mf@prensa.com

En el distrito de Barú se le llamaba el “oro verde”. Durante las últimas nueve décadas el banano fue para los pobladores de esa región sinónimo de bonanza.

La actividad llegó a generar 10 mil puestos de trabajo y hubo un fuerte movimiento migratorio al área para poder gozar de esa prosperidad. Pero hoy ese libro se está cerrando.

Nidia Medina, la gerente interventora de la Cooperativa de Servicios Múltiples de la Puerto Armuelles Fruit Company (Coosemupar), admite que para lograr la sostenibilidad financiera de la empresa es necesario aplicar líneas de acción para continuar con la operatividad.

En este caso reducir los gastos administrativos, eliminar personal que está empleado en calidad de “servicios profesionales” y cesar a los trabajadores con un alto porcentaje de ausentismo.

Según Medina -que asumió el cargo el 11 de julio de 2008- es necesario disminuir los costos operativos y mejorar las plantaciones.

A un millón 900 mil dólares mensuales ascienden los costos operativos de la empresa bananera (Ver cuadro: Gastos operativos) y a 830 mil dólares el pago de la planilla a los trabajadores por mes.

Ni las ganancias que genera la venta del banano -que son de un millón 500 mil dólares al mes- son suficientes para cubrir la operación.

Además por falta de liquidez se dejó de aplicar fertilizantes e insecticidas a las tres mil hectáreas de producción de banano, y si bien se comercializó la mitad de la producción a la empresa italiana Centro de Distribución Toscana, hubo reclamos por la fruta vendida.

Medina cuenta que cuando ocupó esta posición encontró “altísimas” cuentas por pagar, así como cuentas por cobrar de dimensiones similares. “Las cuentas reflejaban un sobregiro de un millón de dólares”, dice.

La gerente interventora de Coosemupar espera que con las medidas que está adoptando las finanzas mejoren en el primer semestre de 2009. Una tarea que reconoce titánica, pero que no resulta imposible.

En la actualidad trabajadores y administrativos de Coosemupar junto al Gobierno están barajando cuatro alternativas para solucionar su situación financiera: buscar inversionistas para asociarlos a la actividad, crear una empresa mixta, que el Gobierno continúe respaldando a la empresa si esta se reestructura o en última instancia, liquidar al personal y cerrar la empresa.

“Esta sería la última opción a tomar”, piensa Medina.

Alternativas al desempleo

“La situación está muy dura”. Así describe el alcalde Franklin Valdés lo que está pasando en el distrito de Barú.

La falta de fuentes de empleo en el lugar ha revertido la bonanza que vivía el área desde hace décadas. Ahora las personas no migran al distrito sino al contrario, están desplazándose hacia otros lugares para mejorar su calidad de vida.

A juicio de Valdés las otras actividades económicas que se están desarrollando, como la de la producción de palma aceitera y la de la zona franca de Barú aportarían puestos de empleo en la región, pero no en grandes cantidades como lo ha hecho la producción de banano.

Y aunque el Gobierno asegura que la tasa de desempleo en el distrito es de 30%, el funcionario opina que esta cifra es mucho más alta. “Hay un 60% de desempleo”, afirma.

Para intentar reactivar la economía del lugar, en octubre el Consejo de Gabinete aprobó la resolución número 185, en la cual se autoriza bajo la modalidad de financiamiento no reembolsable un fideicomiso para el Programa de la Competitividad Agropecuaria, dirigido a los residentes del distrito de Barú.

El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) es el que se encargará de celebrar convenios con las cooperativas para que utilicen estos recursos en capacitación y en el financiamiento de actividades productivas.

Pero para implementar el fideicomiso se establecerá un consejo de desarrollo territorial público-privado en el distrito de Barú que presentará al Mida un plan de proyectos productivos que reactiven la economía de la región.

¿La esperanza del Barú?

A la zona franca y la producción de palma aceitera -actividades económicas que generan empleo en Barú- se le une la posibilidad de que allí se desarrolle una refinería que podría emplear a 6 mil personas.

Ha pasado un año desde que la empresa Qatar Petroleum y Occidental Petroleum contrataran a la empresa Foster Wheeler para realizar un estudio que determinara la configuración modular de la planta, información sobre los requerimientos de infraestructura del área y de mano de obra, así como el costo preciso de la construcción de la refinería, cuya capacidad de refinamiento sería de alrededor de 350 mil barriles de crudo diario.

Si bien se preveía que el estudio fuera entregado en agosto de este año, una nota emitida por el Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) destaca que es posible que esta segunda fase del estudio se extienda más allá del término previsto en el memorando de entendimiento firmado entre el Gobierno y las empresas debido a que los cambios que se han dado en el mercado internacional, inciden y deben considerarse en este tipo de análisis.

Mientras se define si en Panamá se desarrollará esta refinería, otras actividades económicas tratan de cubrir el vacío que están dejando las bananeras.

La Zona Franca de Barú es una de ellas. Si bien por ella ya han pasado tres gerentes, y ha tomado más de cinco años que esta comience a tomar forma, su actual y cuarto gerente, Karim Gozaine, comenta que la situación pinta mejor.

Hasta ahora hay 10 empresas bajo el régimen de zona franca que podrían generar este año 30 millones de dólares en ventas.

Su estrategia ha sido enfocarse en atraer tiendas libre de impuesto (duty free) y aunque quisiera duplicar el número de estas, Gozaine dice que el mayor obstáculo para que se cumpla este objetivo es la falta de una infraestructura portuaria adecuada que facilite el movimiento de contenedores y barcos en el área.

Con la administración de la zona franca se ha contactado a empresas mexicanas, argentinas y brasileñas que desean invertir en el lugar, la falta de una infraestructura portuaria echa por tierra el interés de estas.

El resurgimiento de la economía baruense depende en gran medida de que esta infraestructura se desarrolle.  De no solucionarse esto en el mediano plazo, las cifras de desempleo se podrían incrementar.

Este es un tema que preocupa a las autoridades locales y a la comunidad.

Bananeras de Puerto Armuelles agosto 24, 2008

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BANANERAS EN PUERTO ARMUELLES

Para mucha gente que no conoce Puerto Armuelles, siempre la visualizan igual o semejante a Changuinola en Bocas del Toro, que es un poblado inserto en medio de las plantaciones de banano, sin embargo, las bananeras de la Chiriquí Land Company (Chirilanco o CLC) subsidiaria de la United Fruit Company, estuvieron localizados hacia el noreste de la ciudad de Puerto Armuelles a una distancia no menor de 7.5 km.  El banano era cultivado y empacado en las fincas y transportado por vías férreas hacia el muelle fiscal de Puerto Armuelles cada día en horas de la noche, luego de la jornada diurna y vespertina de preparación del producto en las empacadoras de cada finca bananera en producción.

Ver foto satelital de ubicación de algunas de las fincas bananeras al NE de Puerto ArmuellesLas fincas bananeras estuvieron localizadas en el distrito de Barú, corregimiento de Puerto Armuelles. Todas las fincas bananeras de la Chiriqui Land Company tenian nombres de árboles conocidos en la región.

Las fincas bananeras de la División Bananerfa del Pacífico de Panamá estuvieron localizadas en el distrito de Barú, corregimiento de Puerto Armuelles. Todas las fincas bananeras de la Chiriqui Land Company tenían nombres de árboles conocidos en la región. Fuente: http://www.andresz.com/Mapas/046%20PUERTO%20ARMUELLES.jpg

Lo más interesante de las fincas bananeras de Puerto Armuelles, además de su producción de bananos era su nombre.  Cada finca fue denominada con el nombre común de una especie de árbol de la región. Así tenemos los nombres de algunas de las fincas que existieron: Finca Corredor, Finca Caoba, Finca Almendro, Finca Sigua, Finca Quira, Finca Berbá, Finca Jobito, Finca Jocote, Finca Manaca, Finca Corotú, Finca Lima, Finca Jagua, Finca Pino, Finca Majagua.  Estas fincas están unidas físicamente a la producción bananera de la zona sur de Costa Rica inmediata con nombres de fincas tales como: Finca Cocos, Finca Laurel, Finca Caimito, Finca Tamarindo, Finca Palma, Finca Cañazas entre otras.  Todas estas fincas tanto del lado panameño como las del lado costarricense eran explotadas por la misma compañía conocida localmente como “Mamita Yunai” (que significaba la Madre United Fruit Company).

Vista de un plantación de bananos en Finca Blanco, División bananera del Pacifico en Panamá

Vista de un plantación de bananos en Finca Blanco, División Bananera del Pacífico en Panamá. Fuente: http://www.panoramio.com/photo/315170

A continuación un magnífico artículo de periodista chiricana Flor Bocharel publicado en La Prensa el 27 julio de 2003, que nos habla de la historia de las bananeras en Puerto Armuelles:

Adiós a la ‘Banana Republic’

Luego de ocho décadas de presencia estadounidense en la producción de banano, los obreros piden un cambio de actitud

Flor Bocharel N.
Especial para La Prensa
negocios@prensa.com

Fotos cortesía Chiriqui Land Co.
La bananera en sus inicios

PUERTO ARMUELLES, Chiriquí. -El 30 de junio de este año, tras ocho décadas de influencia extranjera en la producción de banano, la actividad pasó a manos de los productores del distrito de Barú.

Durante esas ocho décadas, costumbres y hasta vocablos extranjeros se arraigaron en la idiosincrasia de los baruenses y de los habitantes de la provincia de Chiriquí en general.

La producción del “oro verde”, como se le llamó por muchos años al banano, nació en el distrito de Barú cuando aún esa región no tenía esa categoría, pues era una comunidad del distrito de Alanje conocida como “Rabo de Puerco”.

En su libro Historia Humana y Económica de Puerto Armuelles, Miguel Miralles González destaca que la empresa Chiriquí Land Company (CLC), subsidiaria de la norteamericana United Fruit Company, se estableció en las llanuras de la costa del Pacífico limítrofe con Costa Rica desde 1927, al adquirir 17 mil acres de terreno del estadounidense C. W. Muller, y concertó contratos con la Nación para el uso del ferrocarril y la construcción de ramales.

Las tierras adquiridas por Muller pertenecieron a una empresa azucarera que se estableció en el área entre 1916 a 1928.

El primer embarque de banano se hizo a través de un muelle de cemento arrendado por el gobierno a la empresa frutera, que consistió en 750 racimos de banano despachados al puerto de San Francisco, en Estados Unidos, a bordo del vapor San José.

Las primeras fincas bananeras fueron Progreso, Las Huacas, La Esperanza Butch, La Colcha, Cedro, Los Olivos, Malagueto, Aguacatón, Aguacate, Guácimo, Berbá, Manaca, Guayacán, La Ceiba, Corredor, Sigua, Cocos, Corozo, Bongo, Bogamaní, Higuerón, Javillo, Zapatero y Burica; el primer gerente fue Henry Sterling Blair.

La actividad económica de Puerto Armuelles giró en torno a la producción bananera, pues la empresa estadounidense hizo grandes inversiones sociales en el área; de ahí viene el mote de “Banana Republic”.

Influencias y aportes

La mayoría de las viviendas del distrito de Barú guardan la forma arquitectónica distintiva de la empresa extranjera: edificios de madera de dos altos, mallas contra insectos, techo de dos aguas y amplios balcones.

Perdura un club de golf, deporte considerado para privilegiados, donde muchos porteños aprendieron a jugar. La Escuela de Las Palmas, donde los hijos de los capataces, gerentes y empleados de jerarquía fueron educados.

Miralles en su libro destaca que el 15 de julio de 1927 el presidente de Panamá, Rodolfo Chiari, y Henry Sterling Blair firmaron el contrato número 13 entre la Nación y la CLC, donde se le otorgaba a la empresa el derecho de construir ramales para la explotación agrícola de banano, uniendo así los poblados de Puerto Armuelles, Progreso y David.

Se establece la construcción de acueductos, hospitales, dispensarios, radio, teléfono, telegrafía, canales de riego y muro de contención.

Miralles señala que el primer automóvil en Barú, fue un Ford de 1928, propiedad del gerente de la bananera. Las calles eran de arena. Igualmente, la empresa frutera trajo los primeros aviones en ese año: unas avionetas de dos alas que aterrizaban en la desaparecida pista de Cuervo, ubicada entre dos filas de árboles de teca.

La empresa también aportó el primer carro bomba del área. En 1930, donó un Ford modelo T, equipado con un tanque con capacidad para 60 galones de agua y una manguera de 100 pies de largo.

La empresa frutera construyó el primer hospital de Barú, donde no sólo se atendían pacientes de la compañía, sino de la comunidad en general.

En cuanto a los productos extranjeros, estos se transportaban en los barcos de la compañía para hacer peso y poder navegar hasta Puerto Armuelles a buscar banano. Por ello, los porteños podían adquirir pantalones caqui y sombreros “Stetson” a precios irrisorios.

El whisky White Label costaba 2.50 dólares la botella; la cerveza Milwaukee, 0.15 centésimos cada una, y los zapatos Flor-shein, 13 dólares el par. La caja familiar de “corn flakes” de Kellogs la obtenían a 0.25 centésimos.

Carlos Franceschi Bonilla es hoy administrador de la finca bananera independiente de Divalá Los Angeles; es hijo de Carlos Franceschi Trujillo, perito agrónomo que fungió como asistente del superintendente de finca de la CLC.

Franceschi recuerda que en la década del 50, la fruta se exportaba en tren hacia el muelle, ubicado en la ciudad de Puerto Armuelles. En esa época, los obreros ya se habían organizado en un sindicato, pero la empresa controlaba la situación por su influencia dentro de la sociedad.

Entre los privilegios que tenían los hijos de los mandadores, administrativos, gerentes y superintendentes estaba el pago de la Escuela en Las Palmas, destaca Franceschi. El mismo recibió clases en ese centro educativo de formación bilingüe con profesores traídos desde Estados Unidos. Recuerda que los salones estaban bien equipados con acondicionadores de aire para soportar las altas temperaturas de esa ciudad costeña.

La actividad económica de Puerto Armuelles giró en torno a la producción bananera, pues la empresa estadounidense hizo grandes inversiones sociales en el área.

“La rutina estudiantil comenzaba bien temprano, a las 5:00 a.m., ya que muchos alumnos tenían que trasladarse desde las fincas bananeras y debían abordar dos transportes hasta Puerto Armuelles”, recuerda.

Luego de seis años de estudio, muchos de esos niños, continuaban su formación académica en Estados Unidos. Viajaban a ese país a bordo de los barcos que conformaban la flota blanca de la CLC.

Franceschi asegura que en esa época se vivían tiempos de bonanza; la pequeña ciudad de Armuelles se veía pujante, próspera, y era el lugar ideal para vivir una juventud agradable.

En cuanto al trabajo que realizaba su padre, señala que desde las 4:00 a.m., don Carlos iniciaba los preparativos para administrar mil hectáreas de banano en Finca Corredor.

El recorrido diario lo hacía a bordo de un Jeep CJ 5, vehículo que la empresa ponía a orden de los mandadores y capataces. El trabajo debía realizarse sincronizadamente entre el cultivo y la comercialización, a fin de evitar pérdidas porque el producto es perecedero.

Franceschi señala que los tiempos “buenos” fueron mermando por las constantes huelgas. Adicionalmente, la empresa ya no aportaba de buena gana privilegios y beneficios a los empleados.

Una imagen que no podrá borrar de su mente fue la primera huelga, registrada en 1960, en la que miles de trabajadores bananeros marchaban gritando consignas.

Los familiares de los administrativos se mantuvieron encerrados en el hotel de Finca Corredor.

La radio sindicalista

El Sindicato de Trabajadores de la Chiriqui Land Company (SITRACHILCO) nació el 13 de noviembre de 1960, pero antes de esta agrupación obrera, hubo algunos amagos de sindicalismo.

Control biológico con hongos perjudiciales mayo 25, 2008

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DETALLE. Control biológico es aplicado en dos fincas en Chiriquí

Hongos nativos controlan daños a planta de banano

Panamá es pionera en la aplicación de endofíticos y tricodermas al cultivo de banano. En Costa Rica, Dominicana y Venezuela se aplicó al plátano.

Miguel Santamaría

PA-DIGITAL

Objetivos. Se busca prevenir las enfermedades que más afectan a las plantaciones, con una agricultura orgánica.

L a aplicación de hongos nativos incrementará la producción de banano y plátano en la provincia de Chiriquí.

Un estudio de campo elaborado por Rodrigo Morales, fitopatólogo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá (IDIAP), reveló que la aplicación de hongos nativos (endofíticos y tricodermas) brindó buenos resultados como alternativa biológica para controlar microorganismos en las plantaciones de plátano en Costa Rica, República Dominicana y Venezuela. Y Panamá será pionera en la aplicación de este tipo de tecnología en el banano, en la región centroamericana y del Caribe.

La presencia de estos hongos es uno de los factores que incide en la baja producción de estas frutas, si no se aplica un tratamiento adecuado que erradique estos microorganismos.

Desde octubre de 2007, Morales desarrolla una serie de pruebas experimentales con estos hongos, además de utilizar otros extractos vegetales como micorrizas y tagetes, en una hectáreas de cultivos de banano de la finca independiente Santa Cecilia, ubicada en Divalá, distrito de Alanje.

En Finca Blanco, que pertenece a la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR), también se aplica este método.

Dentro de las observaciones del trabajo de campo, después de cinco meses y medio, las plantaciones empezaron a florecer y a aparecer frutas, explicó el especialista.

Efecto de las plagas.
Estudios recientes revelan que el rendimiento de las plantas se afecta en un 60%, porque no pueden absorber suficientes nutrientes del suelo que le permitan alcanzar un desarrollo integral.

La mayoría de los productores de estos rubros, eliminan este problema con nematicidas, sin embargo, este no es el método más adecuado, debido a los efectos negativos que puede ocasionar en el ser humano, a la calidad de los suelos y a la contaminación del medio ambiente.

Una de las ventajas es la obtención de cosechas tempranas. Con el método tradicional, los resultados se obtienen en seis meses y medio, mientras que con el biológico un mes antes.

Tratamiento.
Dentro del proceso se colocan unidades propagativas de hongos, que se llaman conidias (semillas), las cuales se mezclan en un mililitro de agua. Después el sistema radicular de la plántula se sumerge por cinco minutos, para que absorba el producto, otro tratamiento es realizado en el hueco de siembra.

Luego de establecerse en las raíces, estos hongos colonizan el tejido radicular confiriéndole resistencia y vigorosidad a las plantas. Por lo tanto, la calidad de la fruta será mejor valorada en el mercado internacional.

Bananera exporta con nuevos clientes marzo 4, 2008

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Chiriquí. Realizan primeras exportaciones a Italia

Cooperativa bananera se prepara para ser una empresa rentable

COOSEMUPAR alcanzó una de las metas trazadas. Vendió cerca de 32 mil cajas de banano a la comercializadora extranjera CEDIT.

Marcelino Rosario

PA-DIGITAL
Ventajas. La industria bananera entró en otra etapa.

La Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR) se prepara para ser una empresa económicamente rentable sin la presencia de la comercializadora Chiquita Brand.

Como parte de los logros que ha alcanzado, el pasado fin de semana exportó las primeras 32 mil cajas de banano bajo la marca “Banana Estrella”.

Los trabajadores hicieron valer su palabra y con esmero empacaron la producción para la nueva comercializadora Centro de Distribuciones Toscana (CEDIT), ubicada en Florencia Italia.

“Bajo las nuevas condiciones de comercialización, esta empresa cooperativa dentro de muy poco tiempo puede encaminarse a buscar su punto de equilibrio y seguir operando como una empresa sólida”, indicó Hirisnel Sucre, gerente interventor.

Alegó que la empresa CEDIT se siente satisfecha con la calidad del banano Premium.

La producción de COOSEMUPAR de los próximos 16 meses la ganó provisionalmente la empresa Internacional Shipping Bussiones Group. No obstante, no se llegó a acuerdos finales y, como CEDIT fue el segundo mejor postor, se le adjudicó los 5.2 millones de cajas de banano, tal y como lo establece las reglas de la bolsa agropecuaria.

Aumento.
Ahora la producción de COOSEMUPAR es mayor, sólo se deja de utilizar el 2% del racimo que ya no es aprovechable para la exportación, a diferencia del 30% que se perdía cuando Chiquita Brand compraba la fruta.

En el año 2007, un racimo de banano sólo llenaba el 0.83% de una caja; sin embargo, ahora que se le vende a la nueva comercializadora extranjera, se obtiene un mayor rendimiento de la fruta que alcanza el 1.14%.

Es decir, que por cada racimo de banano se llena una caja y queda un 14% para comenzar a llenar la próxima.

Sucre confirmó que ahora salen más cajas por hectáreas y se estima que puedan alcanzar en todo el 2008 un aumento de 2,500 cajas. El año pasado sólo obtuvieron 1,900 por hectárea.

Beneficios.
La ventaja para COOSEMUPAR es que la nueva comercializadora no tiene estándares de calidad tan exigentes como Chiquita.

Salustiano De Gracia, secretario general del Sindicato de Trabajadores, dijo que los obreros tienen que poner su esfuerzo para cumplir con los compromisos pactados.

El oro verde y la United Fruit Company en Panamá marzo 2, 2008

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El oro verde

Después de más de 70 años de operación en Puerto Armuelles, Chiquita Brands deja el negocio de la producción de fruta y vende sus activos a los trabajadores

Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com

Finca Las Delicias, 1921

Michael Theodore Snyder se casó en 1890 con Seveline Elizabeth Matthews, y vivían en una casa de madera de dos pisos en la ciudad de Bocas del Toro, cuando Bocas todavía estaba inundada de mar y enfermedades.

La ciudad se había expandido sobre un manglar pantanoso y malsano, donde los edificios se conectaban por pasadizos angostos sobre el agua. El terreno incentivaba la malaria y la fiebre amarilla, entre otras enfermedades.

Tal vez no era el mejor sitio para vivir, pero sí para hacer negocio. Snyder había fundado, junto con sus hermanos Charles Louis y Joseph Alfred, la Snyder Brothers Banana Company, que tuvo sus sembradíos de banano a lo largo de la Laguna de Chiriquí, en Cricamola, Chiriquí Grande, Robalo, Uyama, Caucho y Monkey Cay.

Muy pronto dejarían de estar solos. Los Snyder decidieron unirse a Minor C. Keith, que ya tenía un imperio bananero en Costa Rica, para continuar la producción y venta de la fruta. Bocas creció a la par del negocio bananero y otros grupos económicos comenzaron a interesarse en la actividad. Uno de ellos fue la United Fruit Company (UFC).

La UFC se formó en 1899 de la fusión de la Boston Fruit Company y las compañías de Minor C. Keith. Ese mismo año, la UFC también compró la compañía de los hermanos Snyder. Fue así como empezó la actividad de la transnacional estadounidense en Panamá.

 

Decadencia en Bocas, auge en el Pacífico

Entre 1930 y 1940, la producción de banano en la provincia de Bocas del Toro llega a sus niveles más bajos debido a la aparición de la sigatoka. El personal clave y de alta jerarquía administrativa fue trasladado desde Bocas hacia las nuevas divisiones de la empresa ubicadas en el lado Pacífico panameño. Otra parte se fue a Golfito, en Costa Rica.

Uno de los primeros pobladores de la región baruense fue Eliseo Serna, quien se estableció allí cuando el territorio aún era selvático, por el año 1910. Serna había trabajado con Snyder en Bocas del Toro y viajó hacia el Pacífico cuando se enteró de que la United Fruit Company estaba gestionando con el gobierno panameño su traslado a Chiriquí.

En 1914 se hizo el primer intento de colonización masiva en el lado del Pacífico panameño, cuando la compañía azucarera estadounidense Panama Sugar Company estableció en Progreso sus oficinas principales. Luego, esta empresa se declararía en quiebra y sus propiedades fueron embargadas por el Banco de Chiriquí y Charles Wilson, quienes las vendieron a la UFC.

En 1924, un contrato del gobierno con la compañía norteamericana G.G. Way para la construcción de un ferrocarril entre Rabo de Puerco y Concepción, trajo como consecuencia inmediata el establecimiento de la industria bananera en el Pacífico.

Ya para 1926 una comisión de agrónomos y científicos de la UFC arribaba a la zona baruense para encontrar tierras aptas para el cultivo de banano.

En 1927, cuando la recién formada Chiriqui Land Company (Chirilanco) estaba ya por Chiriquí, Serna tenía grandes plantaciones de banano y se las vendió a la transnacional. En 1927 la empresa firma su primer contrato de concesión con el Estado, con el cual se le da derecho de construir y poner en servicio una o más vías férreas del ferrocarril nacional que une a Puerto Armuelles y Progreso, además de utilizar ilimitadamente los recursos naturales, construcción de represas y acueductos, plantas eléctricas, fábricas, hospitales, escuelas, viviendas… La Chirilanco construyó toda la infraestructura que necesitaba en el Pacífico, tal como lo había hecho en el Atlántico.

En 1935 comenzó la construcción de proyectos de vivienda, con una clara diferencia para los jefes norteamericanos, los supervisores y los trabajadores. Es así que se creó una “zona americana”, un “spanish town” y un “servant city”.

El primer embarque de fruta se hizo el 22 de enero de 1929 hacia San Francisco y constó de 750 racimos de banano. A medida que crecían las exportaciones y aumentaba la población en Puerto Armuelles, en las áreas de las fincas se levantaban barracas y se nombraba a las fincas con nombres de árboles del lugar, como Níspero, Palo Blanco, Baco, Balsa y Guayacán, entre otros.

La actividad disminuyó durante los años de la II Guerra Mundial, ya que dejó de plantarse banano para cultivar cáñamo de Manila, una planta biológicamente similar al banano, pero que se utilizaba para producir fibras para sogas.

 

Cambio de dueño

Oficina de la United Fruit Company en la isla de Bocas del Toro, a principios del siglo XX, al fondo, al centro.

Más de 70 años después de esos primeros viajes exploratorios a Chiriquí y del establecimiento de la empresa en el Pacífico panameño, la transnacional, hoy Chiquita Brands Company, decide vender sus activos de la subsidiaria Puerto Armuelles Fruit Company (PAFCO). Llevaba 100 millones de dólares en pérdidas acumuladas en los últimos cinco años, y Chiquita no estaba dispuesta a seguir subsidiando la operación.

La operación no fue fácil. Pasaron varios meses antes de que PAFCO y los sindicalistas agrupados en SITRACHILCO lograran ponerse de acuerdo sobre los términos de la venta, no sin el papel decisivo del gobierno, que a mediados de junio dio luz verde al contrato entre el Estado, PAFCO y SITRACHILCO, suscrito preliminarmente en abril de 2003.

En la práctica, el contrato significa que los mismos trabajadores que durante años mantuvieron tensas relaciones con la empresa, son los dueños hoy de las tres mil hectáreas que PAFCO arrendaba al Estado por 700 mil dólares anuales en Puerto Armuelles.

La transacción tuvo un precio de 20 millones de dólares con un contrato de compra exclusivo de la fruta con Chiquita por un período de 10 años. En la operación fueron liquidados 2 mil 800 trabajadores, aunque se prevé que muchos de ellos comenzarán a trabajar en COOPSEMUPAR, la cooperativa de trabajadores de la SITRACHILCO que negoció con PAFCO.

Chiquita, por su parte, aún opera las poco más de cinco mil hectáreas en donde cultiva banano en la provincia de Bocas del Toro.

Publicado originalmente en La Prensa el 27 de julio de 2003.

Historia de la instalación de la División Bananera de Puerto Armuelles de la United Fruit Company marzo 1, 2008

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Historia de la instalación de la División Bananera de Puerto Armuelles de la United Fruit Company

Antoni Royo*

La estrategia seguido por la United Fruit Company (UFCo) en Panamá no difiere de la seguida en Costa Rica. En Panamá se abandonaron las plantaciones de Bocas del Toro en 1926. Entre 1923 y 1926 la UFCo compró tierras aptas para la producción de banano en la región de Chiriquí, junto a la frontera con Costa Rica (Ellis 1983:69). La compañía quería utilizar el trazado del Ferrocarril Nacional de Chiriquí -finalizado en 1927- desde Puerto Armuelles y conformar una unidad de explotación bananera a caballo sobre la región fronteriza que enfrentaba ambas naciones, las cuales al mismo tiempo que se enfrentaban en el plano político también se disputaban económicamente por el contrato bananero con la UFCo.

La región fronteriza que enmarca los límites meridionales entre Panamá y Costa Rica cuenta con tierras de igual topografía y clima por lo que la UFCo las consideró como una unidad territorial sin contemplar la división político administrativa. Se añade una delimitación imprecisa de los límites del sector de Coto Colorado reclamado por Panama y bajo soberanía costarricense según el Laudo White de 1914. En febrero de 1921 ambos países se enfrentaron en la guerra de Coto y por ende cesaron relaciones diplomáticas hasta 1928. La fijación de límites fronterizos (Tratado Arias-Calderón) se hizo efectiva en 1944, coincidiendo con los proyectos de construcción del tramo de Carretera Interamericana en dirección a Panamá.

En 1927, la Chiriquí Land Company (CHIRILANCO), subsidiaria de UFCo, obtuvo de C.W. Müller 7000 hectáreas de Coto Colorado en la zona que va desde Cuesta de Piedra hasta Pueblo Nuevo de Coto. Estas tierras fueron adquiridas bajo el amparo de las leyes panameñas, al respecto se acusa de colusión de intereses con el Estado pues tanto la UFCo como Müller tenían el mismo abogado panameño, Harmodio Arias, quien tras la revolución de 1931 se convirtió en Presidente de Panamá.

En 1927, la Chiriquí Land Company, firmó una concesión por treinta años con el gobierno panameño para desarrollar el cultivo de banano en la región de Chiriquí, conformándose la División de Puerto Armuelles.

En cuanto a las tierras de Müller, la incertidumbre política en la frontera retrasaba su efectiva explotación. En 1928 el abogado costarricense de Müller propuso que el gobierno de Costa Rica cediera a Panamá un sector fronterizo de alrededor de 50000 hectáreas que contenía las tierras de Müller. A pesar que el Presidente Ricardo Jiménez era favorable, la opinión publica rechazo el plan y la solución completa sólo se logró después de 1944. Las tierras de Müller conformaron el distrito de Coto Colorado y fueron explotadas en Costa Rica, pero se rigieron con las normas de operación de la División de Puerto Armuelles en Panamá adscrita a la Chiriqui Land Company hasta los años 1950…

Según el contrato No. 1 de 26 de enero de 1945, se autorizó a CHIRILANCO para exportar toda la producción bananera en territorio costarricense, así como la introducción de insumos para las fincas en Costa Rica sin ningún tipo de gravamen.

* Royo, A. 2004. La ocupación del Pacífico Sur Costarricense por parte de la Compañía Bananera (1938-1984). Diálogos Revista Electrónica de Historia. Nov.-Mar. Vol.4. No. 2. Universidad de Costa Rica, Costa Rica. [Extracto]

Anexo I. Mapa de la División Bananera del Pacífico de Costa Rica y Puerto Armuelles en Panamá.

United Fruit Company en Panama y Costa Rica

Chiquita bananas sale de Puerto Armuelles marzo 1, 2008

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Comienza NUEVA ERA PARA BANANEROS.

Chiquita sale de Chiriquí

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Boris Gómez
CAMBIOS. Los bananeros aprobaron ayer no vender licor en las fincas, para evitar el ausentismo. 

Boris Gómez
BARÚ, Chiriquí

La Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosemupar) celebró ayer el principio de una nueva era comercial. Con cifras esperanzadoras y un compromiso de los obreros de hacer profundos cambios sociales, los bananeros empezarán la exportación a mercados europeos, sin la presencia de la comercializadora estadounidense Chiquita Brands, quien compró de forma exclusiva la fruta durante los últimos 80 años.

Chiquita selló el último contenedor de banano chiricano el jueves, en finca Níspero, y de inmediato sus inspectores de calidad abandonaron el área.

Hirisnel Sucre, gerente interventor de Coosemupar, por el Estado, informó que en los dos primeros meses del año han producido un millón 108 mil 30 cajas de banano, lo que representa un aumento de 28% en comparación con igual periodo de 2007.

 

EN FINCA CORREDOR.

Empieza empaque de banano

Boris Gómez
DAVID, Chiriquí

Los obreros bananeros del distrito del Barú dijeron ayer adiós a 80 años consecutivos de venta de fruta a transnacionales norteamericanas y celebraron la nueva relación con comercializadoras europeas, en un acto realizado en Finca Corredor, a 20 minutos de Puerto Armuelles. El acto contó con la participación de los ministros Guillermo Salazar, de Desarrollo Agropecuario, y Edwin Salamín, de Trabajo.

El contrato entre Chiquita Brands y la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles, firmado en 2003 fue rescindido por acuerdo mutuo, ya que la cooperativa alegaba que no podía continuar con la relación comercial. la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles, con 2 mil 800 trabajadores, logró el pasado 19 de febrero, a través de subasta en la Bolsa Agrícola de Panamá, la venta de 5.2 millones de cajas de banano a futuro, lo que representa el 50% de la producción de los próximos 16 meses a la comercializadora europea International Shipping Business Group.

Salustiano de Gracia, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Chiriqui Land Company, dijo que se aproximan grandes cambios sociales y que el Gobierno y los trabajadores tienen un gran compromiso para sacar adelante esta empresa.

Inician exportación de bananos a Italia enero 23, 2008

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contrato.

Coosemupar empaca fruta para Italia

LA PRENSA / Archivo
En cada contenedor caben mil 80 cajas de banano.

Boris Gómez
Especial Para La Prensa

negocios@prensa.com

PUERTO ARMUELLES, Chiriquí. Los primeros nueve contenedores, con mil 80 cajas de banano cada uno, salieron de las empacadoras con destino a Italia, informó Hirisnel Sucre, gerente interventor de la Cooperativa de Servicios Múltiples (Coosemupar).

La empresa, con sede en el distrito de Barú, inicia así el cumplimiento de un contrato con la empresa Centro Distribuzione Toscana, que adquirirá en menos de 15 días la suma de 115 mil cajas de banano. “Esta fruta no es de especificación premium, como la exige Chiquita, pero es de altísima calidad”, declaró Sucre.

La corporación italiana ofreció 5.35 dólares por cada caja. Los italianos contratan el transporte y el mismo llega hasta la empacadora para que los obreros llenen los contenedores, lo que representa un ahorro de 2.08 dólares para la cooperativa.

“Hubo 80 años de producción y por fin sentimos que vamos a trabajar para nosotros”, dijo el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Company, Salustiano de Gracia.

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