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Historia de la ocupación del Pacífico Sur de Costa Rica y el Suroeste de Panamá por la United Fruit Company junio 15, 2012

Posted by BPP in Agricultura, Agroindustria, Chiriquí, Puerto Armuelles.
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LA OCUPACIÓN DEL PACÍFICO SUR COSTARRICENSE POR PARTE DE LA COMPAÑÍA BANANERA (1938-1984)

MSc Antoni Royo – royasp@yahoo.com

Resumen

El artículo pretende esbozar la historia de la ocupación humana y económica de la región del Pacífico sur costarricense desde la llegada de los primeros pobladores sobre los que existen fuentes, hasta la implantación y posterior desarrollo de actividades de explotación bananera por parte de la Compañía Bananera de Costa Rica, filial de la United Fruit Company. La Compañía Bananera vendrá a insertarse a una dinámica poblacional y económica preexistente que condicionará sus estrategias de implantación. Por su parte, la voluntad estatal de arraigar la Compañía al país mediante los Contratos Bananeros se inscribe en el diseño institucional de poblar y desenclavar económicamente la Zona Sur costarricense. Por último se analiza la estructura operativa de la Compañía y se abordan brevemente las razones que motivaron el cese de operaciones así como sus repercusiones actuales.

 

Población y sistemas productivos antes de los años 1930

En el poblamiento y ocupación contemporáneos del territorio de la región del Pacífico sur costarricense intervienen dos corrientes. Por una parte una corriente migratoria procedente de la región de Chiriquí en Panamá de la cual tenemos constancia desde 1848 (García 1988: 33) y otra corriente desde la Meseta Central costarricense desde finales del siglo XIX (Cerdas 1993: 119). El por qué ambos grupos de población confluyen en la misma zona se explica por la diferente naturaleza de los frentes de colonización,  motivados en parte por la orografía del territorio, la estructura productiva de la tierra y la presión demográfica.

Las tendencias de los frentes de colonización espontánea costarricense, una vez rebasados los pasos de salida del Valle Central, eran de buscar la bajura (Sandner 1963: 38). El movimiento se había iniciado en el siglo XIX desde la Meseta Central a partir de Desamparados hacia Acosta, Dota y Tarrazú, y desde Escazú y Ciudad Colón hasta Tabarcia y Puriscal. A medida que las tierras se agotaban y se mejoraban las comunicaciones, el frente pionero se fue trasladando hacia el sur en dos direcciones: hacia la costa del Pacífico por Aguirre y Parrita, y hacia Buenos Aires y Coto Brus, siguiendo el Valle del General (Véase figura 1). La población inmigrante procedía de la periferia de la Meseta Central, a la que se sumaron campesinos del área costera de Guanacaste y Puntarenas, de donde venían expulsados como consecuencia de la expansión de la actividad ganadera extensiva.

Por su parte, en la provincia colombiana de Panamá, los frentes colonizadores no superaron las cimas de la cordillera central hacia la vertiente del Caribe y permanecieron en la vertiente del Pacífico. Cuando se agotó esta posibilidad los colonos se desplazaron hacia el oeste, en los límites de Costa Rica (Sandner 1963: 39). Se trataba del territorio natural de chiricanos e indígenas guaymíes, al amparo de una soberanía difusa sobre una frontera que no fue definitiva sino hasta 1944.

Hacia 1849-50, las autoridades costarricenses aprovecharon para establecer su jurisdicción efectiva sobre la zona mediante la creación de la Jefatura Política de Golfo Dulce. Seguidamente, con el objetivo de poblar el territorio y afianzar su soberanía, en 1849, el Estado ideó un proyecto de colonización con familias francesas -alrededor de mil personas- para ocupar la mitad sureste de la Península de Osa. Dicho proyecto no se materializó (García 1988: 34), por lo que el proceso colonizador continuó vinculado a la llegada de chiricanos y “cartagos[1]”.

En 1910 un censo realizado en la región da 2.424 habitantes y en 1914 se crea el cantón de Osa con cabecera en Buenos Aires incluyendo El Pozo. Hacia 1920 ya existían los caseríos de El Tigre, El Sándalo, Agujas, Rincón, La Palma, Uvita, Dominical, Las Esquinas, Ojo de Agua y Golfito (Cerdas 1993: 119 y García 1988: 35).

Por su parte, la presencia indígena en el Pacífico sur se divide esencialmente en pueblos térrabas y  guaymíes. Los térrabas se hallaban esparcidos en caseríos: Conte, Boruca, Térraba, Palmar, también llamado Palmar de los Indios (Cerdas 1993: 130).

Las primeras migraciones guaymíes documentadas procedentes de Panamá datan de los años 1920, siendo la comunidad de Abrojos-Montezuma, cercana de Altos de San Antonio en Ciudad Neily, la primera en ser establecida en territorio costarricense.

A partir de 1903, con la construcción del canal de Panamá, se impulsó la expansión de las haciendas ganaderas situadas en pleno territorio guaymí. Los indígenas eran desposeídos de sus tierras y ante la falta de tierras libres se dirigían hacia Costa Rica. Estas migraciones se enmarcaban en la tradicional transhumancia que los guaymíes practicaban entre los territorios a ambos lados de la frontera (Camacho 1996: 63).

Las actividades económicas se limitaban a la agricultura de subsistencia basada en el cultivo de granos básicos, árboles frutales, la cría de animales (aves de corral, cerdos y ganado vacuno), la caza y la pesca. En la zona se producía carne de res seca, manteca de cerdo y aceite de coco que se llevaba al mercado de Puntarenas por medio de barcos de vela en viajes largos y arriesgados (García 1988: 36).

El volumen de las actividades productivas justificaba los trabajos de infraestructura. En 1914 se aprobó la construcción  de dos bodegas para granos, una en Uvita y otra en El Pozo y un beneficio de arroz en El Pozo (Cerdas 1993: 119 y 121).

Además, desde los años 1920 se desarrollaba el cultivo de banano por parte de pequeños y medianos productores. En 1925 se celebró un contrato entre el gobierno de Costa Rica y la Pirris Farm & Trading Company propiedad de Agathon Lutz Stiegle donde se le autorizó a explotar el cultivo del banano en una extensión de 500 hectáreas a unas 75 millas al sur de Puntarenas, aproximadamente en las llanuras del río Parrita (Kepner 1949: 88). En 1930 exportó 19.000 racimos, 72.000 en 1931 y 157.000 durante los seis primeros meses de 1932. En 1927 contaba con unos 85 – 90 empleados y en agosto de 1930 explotaba más de 900 hectáreas de banano. Progresivamente el cultivo se fue extendiendo por las riberas de los ríos Parrita, Naranjo, Sierpe, Grande de Térraba y por Puerto Jiménez. Además de la Pirris Farm & Trading Co. dirigida por Agathon Lutz, existían otras compañías de productores independientes como las de Fabio Calvo, Saborío y Ulloa, etc (Cerdas 1993: 121-122).

Así, contrariamente a la visión geográfica tradicional[2], la región del Pacífico Sur costarricense, antes de la llegada de la Compañía Bananera, ya se hallaba humanizada y bajo explotación económica con cultivos de arroz, banano y granos.

El fomento estatal a la ocupación territorial

Durante todo el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, existió la percepción estatal de que la abundancia de tierras y la escasez de brazos para trabajarlas frenaba el progreso económico del país. Por ello los gobiernos se preocuparon en fomentar la producción agrícola en base a la incorporación al espacio nacional de tierras cultivadas.

El ideario liberal en cuanto a la política agraria se basaba en fomentar la producción agraria y el cambio técnico, poblar, comunicar y desde los años 1870, cuando el café decae, atraer capitales y diversificar la producción (Viales 2000: 82).

La misma coherencia de la política liberal “explica la concesión ferrocarrilera y posteriormente las prebendas bananeras, éstas últimas no deben interpretarse como una consecuencia indirecta del cultivo cafetalero, sino más bien como una consecuencia directa de la política de diversificación agrícola defendida por los liberales” (Viales 2000: 359-360).

Al igual que el café en su momento, el banano fue factor de expansión de la frontera agrícola y de la ocupación sistemática del espacio: “El deseo de abrir nuevas tierras para la producción del café y el banano era una fuerza motora detrás de la colonización agrícola después de la independencia (Hall 1984: 112)”

En este sentido, sostenemos que los contratos bananeros de los años 1930 emanan de esta concepción, de la misma manera que el fácil acceso a la tierra que sólo se trunca con el fin de la frontera agrícola a mediados de los años 1960, es un resabio de las políticas liberales de favorecer la ocupación y población del territorio.

Hubo tres contratos entre el gobierno y la UFCo en los años 1930. La Ley-Contrato de 1930 es la continuación de la Ley de 1910. Hasta 1910, cuando se acordó gravar con un centavo por racimo de banano exportado, las exportaciones de banano no pagaban impuestos en Costa Rica. Según la Ley n° 82 del 29 de octubre de 1910, el impuesto aplicaría por un período de veinte años y el Estado se comprometía en no añadir otro tipo de gravamen durante el período (Kepner 1949: 83). Desde 1927 la UFCo. fue reduciendo su nivel de actividad reflejado en la disminución del área plantada -de 7.100 hectáreas en 1924 pasó a 5.100 en 1929-. En agosto de 1929, la Asamblea Legislativa costarricense aprobó una ley gravando el racimo de banano proporcionalmente al volumen total exportado, estableciéndose el impuesto de 3 a 5 dólares por racimo (Carcanholo 1978: 159). Sin embargo la UFCo. no la aceptó y el gobierno propuso otro contrato -ante el temor de que la Compañía abandonara actividades y se trasladara a Honduras donde no había impuesto-, votado el 30 de agosto de 1930 donde se gravaba el racimo con dos centavos de dólar por un período de veinte años, sin que hubiera otro tipo de gravamen. Dicho contrato regiría por 20 años, hasta el 29 de octubre de 1950.

En contrapartida, mediante el Contrato-Ley Nº3 de 1930, la UFCo. se comprometió en expandir las actividades bananeras sembrando 3.000 hectáreas de nuevas tierras con bananos, de las que un 50% por lo menos se haría en el Atlántico, además, debía incorporar contratos de compra con productores locales que significaran 3.000 hectáreas nuevas de plantación en la región atlántica.

En su estrategia de capear la crisis económica y desplazar las actividades al Pacífico, la UFCo. firmó el contrato de 1930, pero ni dio mantenimiento a las plantaciones existentes, ni sembró plantaciones nuevas: “de las tres mil hectáreas se han sembrado solamente doscientas treinta y ocho y media al cabo de dos años” y se negó a renovar los contratos con productores contratistas (Carcanholo 1978: 165).

Como represalia, el Congreso Nacional propuso excluir del contrato de 1934 la zona del Pacífico y la Compañía reaccionó amenazando con limitar sus inversiones en el Atlántico a $100.000: “(…) la Compañía no podría asumir la obligación de contratar más de tres mil hectáreas a 0,5 c. moneda de los Estados Unidos por racimo computado en el Atlántico, tampoco podría obligarse a prestar más de $100.000 en esta zona.”[3]

El contrato de 1934 surgió para enmendar los incumplimientos del contrato de 1930 y estableció que la Compañía debía cubrir mediante contratos 3.000 hectáreas de cultivo de banano en cada vertiente del país. El plazo era de dos años y medio para el Atlántico y tres años y medio para el Pacífico, de no cumplir la compañía se comprometía en plantar la extensión total por su propia cuenta en un plazo de cuatro años:

“Las 3.000 hectáreas del Pacífico se escogerán de terrenos cuya altura sea menor de 300 metros sobre el nivel del mar y dentro de un radio de 25 kilómetros de la línea principal del ferrocarril al Pacífico o del litoral del golfo de Nicoya, abarcando también una faja de 25 kilómetros de ancho, a la orilla del mar que corra hacia el Sur, entre la Punta Herradura y el distrito recorrido por el río Naranjo”[4].

Sin embargo los productores particulares sólo contaban con un periodo entre un año y medio y dos años y medio a partir de 1934 para iniciar nuevos cultivos. Este trato de favor permitía a la compañía demorar la plantación mientras el mercado bananero del mundo no mejorara de condición (Kepner 1949: 275).

Por último el contrato de 1938,  conocido como Cortés-Chittenden por sus firmantes[5], establecía la construcción de puertos de altura en Quepos y Golfito y la obligación de “sembrar bananos en terrenos de su propiedad o de particulares que ella misma escogerá en la región del Pacífico, en una extensión mínima de cuatro mil hectáreas[6]”.

En la práctica, a pesar de que estas reglamentaciones buscaban asegurar la independencia de los productores locales, se dio un proceso de absorción de éstos por parte de la Compañía Bananera ya que ésta escogía los contratistas, les otorgaba créditos o les renovaba los contratos según su conveniencia.

Las estrategias de implantación de la Compañía Bananera

La relación de ocupación y explotación que estableció la UFCo en las tierras bajas del Pacífico costarricense mantiene similitudes y diferencias con la desarrollada medio siglo antes en las plantaciones bananeras del Caribe.

Sin embargo, a diferencia de las llanuras costaneras del Caribe, las planas fluviales de la vertiente del Pacífico se hallaban en gran parte humanizadas y con cultivos en pleno rendimiento. Esto determinó el carácter a menudo fraudulento del proceso de acaparamiento de las tierras con mejores condiciones agroecológicas para el cultivo del banano en la región pacífica.

A partir de los años 1920 la producción del banano en las plantaciones del Atlántico decae por diversos factores (Viales 2000: 50) entre los que destacan el agotamiento de los suelos y la enfermedad de Panamá o “sigatoka negra”[7]. Paralelamente, desde 1922 la UFCo. había iniciado investigaciones sobre calidad de suelos en la región de Golfo Dulce (Lewis 1982: 126).

La UFCo. decidió trasladar sus actividades al Pacífico en una medida que consistía en mudarse por cuanto los precios de la tierra eran más bajos que rehabilitar zonas afectadas por enfermedades.

Como señala Jones, esta estrategia se inscribe en las prácticas tradicionales de la Compañía: “(…) in its operations in the Caribbean Lowlands the United Fruit Company was early forced to adopt a policy of regular abandonment of old fields and planting of new ones. This policy was possible only because of the large area of suitable virgin land available under contract agreement to the company” (Jones 1952: 5)

Las zonas bananeras en América Central se suelen situar en las planicies aluviales de los valles cruzados por grandes ríos, en lugares escogidos por el drenaje potencial de su suelo. En la franja costera correspondiente al Pacífico costarricense, la Compañía Bananera de Costa Rica[8] no siguió un único patrón de ocupación y explotación sino que discriminó en función de la existencia de pobladores y productores de banano.

Podemos distinguir tres regiones donde se implantó la Compañía Bananera de Costa Rica en la vertiente del Pacífico: (Véase Figura 2)

-Los valles de los ríos Parrita, Damas, Naranjo y Savegre en el Pacífico Central que conformaron la División de Quepos.

-El delta abanico del río Térraba y el valle falla del río Esquinas entre Palmar y Golfito en el Pacífico sur que formó la División de Golfito.

-El valle de Coto Colorado fronterizo con Panamá que fue adscrito a la División de Armuelles en Panamá.

 

El Pacífico central

En el contexto de la crisis de 1929 y el avance de la enfermedad de Panamá en las plantaciones del Caribe, el menor costo para la UFCo era absorber a los productores locales de banano del Pacífico central y continuar comprando tierras en el Pacífico sur a la espera de que la situación económica mejorara y poder ponerlas a producir.

El interés de la compañía no era tanto plantar en tierras propias sino más bien apropiarse de las tierras de los productores locales y de las mejores tierras para el cultivo del banano en el Pacífico para así bloquear la entrada de competidores. Por lo demás, las altas inversiones requeridas para la construcción de infraestructuras y el control de la propagación de enfermedades estaban fuera del alcance de eventuales competidores nacionales.

En 1935 la Compañía Bananera adquirió el control de la Pirris Farm & Trading Company iniciando la explotación bananera y el monopolio de facto en el Pacífico. Progresivamente los diferentes contratistas serán englutidos por la Compañía quien será la única en fijar los precios de compra. En 1942 sólo el 6% del área de cultivo del banano en la zona del Pacífico central permanecía en manos de productores privados (Cerdas 1993: 136).

A partir del gráfico siguiente podemos inferir el origen de la producción de banano en la región del Pacífico. Si tomamos 1936 como fecha de inicio de la explotación bananera de la Compañía en el Pacífico en tierras propias tras la absorción de la Pirris Farm & Trading Company, se constata como desde 1937 la Compañía exporta el banano producido en sus fincas del Pacífico por su puerto de Limón (1) y que los embarques por el puerto de Puntarenas (4) disminuyen hasta desaparecer en 1940.

Entre 1930 y 1939 los embarques de banano por el puerto de Puntarenas (4) correspondían a productores privados. Tras la puesta en funcionamiento del muelle de Quepos (5) en 1939 no se puede saber la proporción de banano en manos de productores privados ya que por dicho puerto tanto podían embarcar banano la Compañía como los cultivadores privados independientes.

Desde 1937 la producción bananera en el Pacífico comienza a ser significativa y en 1940 supera a la producción en fincas del Atlántico. En 1940 el banano producido en el Pacífico totalizaba 1.857.000 racimos mientras que en el Atlántico se cultivaron 1.437.000 racimos.

Con la puesta en servicio del muelle de Quepos, 1939 es el último año en que se exporta fruta producida en el Pacífico por el puerto de Limón. En adelante el muelle de Quepos competirá con el muelle de Golfito por el que será superado en cuanto a volumen de racimos de banano exportados desde 1945.

Finalmente, entre 1941 y 1946 disminuyeron los embarques de banano desde el puerto de Quepos debido al abandono de tierras provocado por la “sigatoka negra” y la estrategia de desplazamiento de los cultivos de banano hacia el Pacífico sur, además de la escasez de barcos como consecuencia de la segunda guerra mundial. * Banano producido en el Pacífico pero embarcado por Limón

Fuente: Elaboración propia en base a Carcanholo, Reinaldo “Sobre la evolución de las actividades en Costa Rica” Estudios Sociales Centroamericanos n°19, 1978, pp.167, 174 y 175.

El Pacífico sur

En la región del Pacífico sur, los métodos para el acaparamiento de tierras variaron de los puestos en práctica en el Pacífico central.

En su estrategia de implantación, la UFCo desde los años 1920 venía realizando un proceso de compra de tierras por terceros a través de la Golfo Dulce Land Company, compañía pantalla fundada por Fernando Castro, latifundista puntarenense y socio de la UFCO (Kepner 1949: 90). El proceso no estuvo exento de irregularidades en la medida en que las zonas de mayor aptitud agroecológica para el cultivo del banano (planas fluviales) ya estaban ocupadas. La apropiación por parte de la Golfo Dulce hacia 1927, por medio de denuncios de baldíos[9] de unas 9.500 hectáreas que incluían las poblaciones de El Pozo, Ojo de Agua, Balsar y Palmar- poblada esta última por indígenas- constituye el paradigma de esta política. Entre los afectados, 63 propietarios de 2.304,26 hectáreas expropiadas por la Golfo Dulce pidieron la intervención del Gobierno pero acabaron perdiendo sus tierras (Cerdas 1993: 129)..

Otro mecanismo de acaparamiento de tierras fue la Ley de Gracias que permitía a las municipalidades vender derechos de denuncios de baldíos nacionales. Fue así como la Golfo Dulce Land Company obtuvo 73.000 hectáreas en los márgenes de los ríos Grande de Térraba y Sierpe. Esta venta contravenía la ley que impedía enajenar la milla marítima y fluvial (en ríos navegables) pero a pesar de las pruebas de navegabilidad de dichos ríos, el fallo judicial favoreció los intereses de la Golfo Dulce (Cerdas 1993: 128-133).

El Estado desoyó las voces de protesta que generaba tal irregular concentración de tierras[10], su estrategia era fijar la UFCo en el país en un momento en que otros países competían con Costa Rica para ofrecer mejores condiciones (Carcanholo 1978: 158-159). Por otra parte entendía continuar con la política de diversificación agrícola así como poblar y ocupar el Pacífico sur máxime en un momento de tensiones fronterizas con Panamá a resultas de la guerra de Coto en 1921.

 

El valle de Coto Colorado

La estrategia seguida por la UFCo en Panamá no difiere de la seguida en Costa Rica. En Panamá se abandonaron las plantaciones en Bocas del Toro en 1926. Entre 1923 y 1926 la UFCo. compró tierras aptas para la producción de banano en la región de Chiriquí, junto a la frontera costarricense (Ellis 1983: 69). La compañía quería utilizar el trazado del Ferrocarril Nacional de Chiriquí[11] -finalizado en 1927- desde el puerto de Armuelles y conformar una unidad de explotación bananera a caballo sobre la región fronteriza entre Costa Rica y Panamá. Para ello aprovechó el diferendo fronterizo que enfrentaba ambas naciones, las cuales al mismo tiempo que se enfrentaban en el plano político también se disputaban económicamente por el contrato bananero con la UFCo.

La región fronteriza que enmarca los límites meridionales entre Panamá y Costa Rica cuenta con tierras de igual topografía y clima por lo que la UFCo. las consideró como una unidad territorial sin contemplar la división político-administrativa. Se añade una delimitación imprecisa de los límites en el sector de Coto Colorado reclamado por Panamá y bajo soberanía costarricense según el Laudo White de 1914. En febrero de 1921 ambos países se enfrentaron en la guerra de Coto y por ende cesaron relaciones diplomáticas hasta 1928. La fijación de los límites fronterizos (Tratado Arias-Calderón) se hizo efectivo en 1944, coincidiendo con los proyectos de construcción del tramo de la Carretera Interamericana en dirección a Panamá.

En 1927, la Chiriquí Land Company (CHIRILANCO), subsidiaria de UFCo., obtuvo de C.W. Müller 7.000 hectáreas situadas en el valle de Coto Colorado en la zona que va de La Cuesta hasta Pueblo Nuevo de Coto (Véase Figura 2). Estas tierras fueron adquiridas al amparo de las leyes panameñas, al respecto se acusa de colusión de intereses con el Estado pues tanto la UFCo como Müller tenían el mismo abogado panameño, Harmodio Arias, quien tras la revolución de 1931 se convirtió en presidente de Panamá (Kepner 1949: 94).

En 1927, la Chiriquí Land Company, firmó una concesión por treinta años[12] con el gobierno panameño para desarrollar el cultivo del banano en la región de Chiriquí, conformándose la División de Puerto Armuelles.

En cuanto a las tierras de Müller, la incertidumbre política en la frontera retrasaba su explotación efectiva. En 1928 el abogado costarricense de Müller propuso que el gobierno de Costa Rica cediera a Panamá un sector fronterizo de alrededor 50.000 hectáreas que contenía las tierras de Müller. A pesar de que el presidente Ricardo Jiménez era favorable, la opinión pública rechazó el plan (Kepner 1949: 95) y la solución completa sólo se logró después de 1944. Las tierras de Müller conformaron el distrito de Coto Colorado y fueron explotadas en Costa Rica, pero se rigieron con las normas de operación de la División de Puerto Armuelles en Panamá adscrita a la Chiriquí Land Company hasta los años 1950. Con posterioridad el Distrito de Coto Colorado pasó bajo jurisdicción de la Compañía Bananera. Según el Contrato n° 1 de 26 de enero de 1945, se autoriza a CHIRILANCO para exportar toda la producción bananera en territorio costarricense así como la introducción de insumos para las fincas en Costa Rica sin ningún tipo de gravamen (Colectivo 1974: 24).

En definitiva, hubo dos tipos de estrategia de ocupación territorial: en la región de Quepos-Parrita, área que contaba con cultivos de banano en explotación, la Bananera optó por la absorción de los productores independientes. En el sur, valles del río Grande de Térraba, Esquinas y Coto, zonas ocupadas aunque con menor desarrollo del cultivo del banano, la Compañía, con el aval del Estado, se hizo con las mejores tierras vulnerando en ocasiones los derechos de los poseedores legítimos.

Por último, la ocupación de la región de Coto Colorado ilustra la diferencia de miras entre los Estados que se enfrentan por nacionalizar política y económicamente sus márgenes fronterizos y la transnacional bananera cuya lógica de funcionamiento es territorial y no político-administrativa.

 

La estructura de la operación productiva de la Compañía Bananera

La explotación bananera de la UFCo en territorio costarricense estaba administrada bajo tres divisiones bananeras, Quepos y  Golfito en Costa Rica y Puerto Armuelles en Panamá.  El manejo de toda la operación bananera en Costa Rica estaba centralizado en el puerto de Golfito, donde se recibía la fruta por tren y se embarcaba rumbo a la costa Pacífica de los Estados Unidos.

La División Bananera era un subsistema autosuficiente dentro de un sistema mayor de actividades económicas de la compañía matriz (Ellis 1983: 107). Cada División integraba todas las facetas de la actividad bananera desde la producción o la compra hasta la exportación.

Jones caracteriza la organización de una finca tipo en la División de Golfito (Jones 1952: 14). La División se subdividía en Distritos, cada Distrito en superintendencias y éstas en fincas. Cada Distrito bananero estaba compuesto de entre cinco y nueve fincas, siendo siete fincas lo más usual. Cada finca era rectangular y medía 333,3 hectáreas (800 acres[13]) de las que alrededor de 8,3 hectáreas (20 acres) estaban ocupados por el caserío, ubicado en un punto central de acuerdo a un plan uniforme, y 62,5 hectáreas (150 acres) por pastos destinados a alimentar a las mulas que transportaban la fruta hasta el ferrocarril.

plantación de bananas

Imagen de una plantación de banano en Puerto Armuelles. Foto: Igordole

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La División de Quepos (1938-1956)

La explotación bananera en manos de productores independientes existía en el valle del Pirris desde los años 1920. Con la llegada de la Compañía Bananera, mediante la progresiva absorción de aquéllos, en especial tras la compra de la Pirris Farm and Trading Company en 1935, la población de Parrita fue la primera en desarrollarse. Hasta la inauguración del muelle de Quepos en 1938, el banano era sacado de las fincas al embarcadero de Barbural sobre el río Palo Seco y de allí mediante lanchones era transportado a Puntarenas. Posteriormente, Quepos y Parrita fueron unidos por una línea de ferrocarril de 24 kilómetros de longitud para facilitar el embarque del banano.

La División de Quepos constaba de cuatro distritos: Parrita, Damas, Naranjo y Savegre. (Véase Figura 2). La actividad bananera estuvo en expansión hasta 1953, pero desde 1941 el inicio de actividades de la división de Golfito desplazó la explotación hacia el Pacífico sur, debido en parte al progresivo declive del rendimiento de las tierras de Quepos.

Los suelos de la división de Quepos tenían expectativas de vida útil inferiores a cinco años debido a la existencia de cultivos desde los años 1920. En general se estima que los mejores suelos tienen un periodo óptimo de aprovechamiento de 25 años (Jones 1952: 11-12), por lo que la compañía empezó a plantar otros cultivos como cacao, palma africana o pastos.

En 1947 la Compañía tenía “alrededor de mil hectáreas de tierra sembradas de dicha planta (palma africana) y abriga el propósito de ampliar este experimento, siempre que pueda tener la seguridad de que no habrá un aumento en los actuales impuestos.”[14]

Según el Contrato de 1948 la Compañía se obliga a plantar “una extensión adicional mínima de dos mil hectáreas de cacao y mil doscientas hectáreas de palma africana oleaginosa” y “a construir, dentro de los tres años siguientes a la fecha de dicha ratificación, por lo menos una planta experimental para extraer el aceite del pericarpio del corozo de dicha planta”[15]. El mismo contrato también especifica la obligación de siembra de 3.500 hectáreas de banano en el valle de Coto Colorado en un plazo de cinco años a partir de la fecha de ratificación del contrato. En 1950 se fundó la primera procesadora de fruta de palma en Damas, más tarde se cerró para luego crearse las de Naranjo y Palo Seco.

La División de Quepos cesó la actividad en 1956. La Compañía arguyó causas naturales, en 1953 redujo sembradíos debido a fuertes vendavales y a dos prolongadas huelgas laborales. En realidad, la Compañía prefirió concentrar la operación bananera en el Pacífico sur y dedicar las tierras de la División de Quepos al cultivo de la palma y el cacao, en una estrategia de diversificación ante el inicio de actividades en la zona Atlántica de Costa Rica de la Standard Fruit Company en 1956.

En la región de Quepos y Parrita, a finales de 1948 la Compañía poseía 1.041,6 hectáreas de cacao y cerca de 3.333,3 hectáreas de palma africana (Jones 1952: 12). Hacia 1958, May y Plaza estiman un área cultivada de 4.166,6 hectáreas de palma africana y 2.083,3 hectáreas de cacao, empleando entre 700 y 800 trabajadores (Plaza 1958: 154). En total, en la División de Quepos se explotaron alrededor de 12.000 hectáreas (Stouse 1967: 2).

Respecto a la mano de obra, Sandner señala que entre 1938 y 1948, llegaron a la División de Quepos alrededor de 10.000 personas (Sandner 1964: 81). Según Plaza y May, en 1947, fecha en que se lograron los máximos de exportación de racimos, trabajaban cerca de 5.600 personas (Plaza 1958: 154).

 

La División de Golfito (1941-1984)

La División de Golfito estaba compuesta por los distritos de Palmar Sur, Esquinas y Los Cotos (Véase Figura 3). El Distrito Coto Colorado pertenecía a la División de Puerto Armuelles de la Chiriquí Land Company, subsidiaria de la UFCo. en Panamá.

En un principio, Puerto Jiménez, en la Península de Osa, fue el centro administrativo hasta que se acondicionó Golfito debido a  las ventajas de su fondeadero natural.

El Distrito Palmar, situado en el valle del río Grande de Térraba, reunía 18 fincas, numeradas del 1 al 18, cuyas superficies oscilaban entre las 333 y 500 hectáreas. También existían contratos con finqueros independientes en Sierpe (finca Las Condesas) y Pozo Norte (Finca Webb) [16].

El Distrito Esquinas situado entre Palmar y Golfito en el Valle Falla del río Esquinas totalizaba cerca de 2.100 hectáreas (Jones 1952: 13) en 1948. Estaba conformado por siete fincas que llevaban el nombre de las siete provincias costarricenses.

Por último, el Distrito Los Cotos, entre Golfito y Ciudad Neily, contaba con 25 fincas, numeradas del 41 al 65. Este área se habilitó a partir del inicio de la construcción del ferrocarril entre Golfito y la frontera panameña. El ferrocarril partía del kilómetro 18 de la línea Golfito-Palmar en un lugar llamado Unión y desde allí la Compañía emprendió la hechura de 25 fincas que fueron llamadas finca 41, finca 42, etc. La finca 47, también llamada Coto 47, fue la más importante y constituyó el centro de administración regional con aeropuerto y planta térmica de electricidad.

El Distrito Coto Colorado estaba compuesto por diez fincas todas ellas bautizadas con nombres de árboles: Peral, Jobo, Mango, Laurel, Caucho, Limón, Bambito, Cenizo, Roble (o finca 12 de Panamá) y Naranjo (Véase Figura 2). La Chiriquí Land Company exportaba fruta panameña desde Puerto Armuelles pero se trataba de un puerto sin defensas naturales cosa que dificultaba el embarque de fruta, por lo que la Compañía prefería sacar la fruta por Golfito. Una vez resuelta la delimitación fronteriza, la Chiriquí Land Co. unió Puerto Armuelles con Golfito mediante la vía ferroviaria, vinculando de este modo todas las plantaciones del valle de Coto Colorado. Seguidamente, el gobierno costarricense construyó el puesto fronterizo de Puerto González Víquez donde funcionaría la Aduana y el Resguardo Fiscal.

La evolución de la División de Golfito mantuvo la misma dinámica de explotación que la División de Quepos. Siguiendo su política de abandono de viejas plantaciones, en 1955, tras unas inundaciones que ocasionaron numerosas pérdidas, la Frutera abandonó el Distrito Palmar Sur y decidió ampliar cultivos en el Distrito Esquinas, en expansión desde 1952. En 1966 se optó por el abandono del Distrito Esquinas ante el avance de la “sigatoka negra” en sus plantaciones. A pesar de conocerse la variedad Valery, más resistente a la enfermedad, la Compañía desestimó su introducción en Esquinas y escogió Palmar Sur porque la planta del banano es muy sensible al transporte y el costo de mejorar las infraestructuras (carreteras, drenajes y puentes) en Esquinas resultaba demasiado elevado.

En 1956 el volumen de tierras pertenecientes a la Compañía en Costa Rica alcanzaba las 203.526,4 hectáreas, de las que sólo mantenía bajo cultivo el 13,3%, es decir, 27.087 hectáreas[17]. Para 1962, Contreras señala que la Frutera poseía 27.238 hectáreas bajo cultivo por cuanto el área propiedad de la Compañía era de 67.212 hectáreas en 1974, de las que 26.595 se ubicaban en Golfito, 26.080 en Quepos y 14.537 en Limón (Contreras 1974: 253-254).

En 1979 la Compañía cultivaba en el Pacífico 24.000 hectáreas, de las que el 28,27% (6.786 hectáreas) estaban sembradas de banano y el 59% (14.172 hectáreas) de palma aceitera. El cultivo del banano se ubicaba en los Distritos Los Cotos (3.121 hectáreas) y Palmar Sur (3.665 hectáreas) mientras que la palma predominaba en Quepos y en menor medida en Los Cotos y Palmar (Heilbron 1979: 127).

Por su parte, en 1953 laboraban 19.891 trabajadores en las plantaciones del Pacífico, el nivel máximo para todo el periodo de operación de la Compañía (Carcanholo 1978: 182). Según datos de la Frutera, el promedio de trabajadores en las plantaciones del Pacífico en 1979 era de 6.423, 3.800 (59,16%) laboraban en el banano y 2.623 (40,83%) en las actividades de la palma. De ellos, 4.950 (77%) estaban empleados en la División de Golfito y los 1.473 (23%) restantes en las fincas de la División de Quepos (Heilbron 1979: 134).

A partir de los datos anteriores, se puede apreciar la especialización de la División de Quepos en el cultivo de la palma, por cuanto los Distritos Los Cotos y Palmar Sur producían banano y concentraban mayor volumen de mano de obra que el cultivo de la palma africana en Quepos. Así, la actividad productiva en la División de Quepos afectaba mayor volumen de tierra pero menor número de trabajadores, todo lo contrario a la División de Golfito. Por otra parte, en 1979 el Distrito Los Cotos albergaba el 46% del área total dedicada al cultivo del banano y el Distrito Palmar Sur el restante 54%.

En 1983 la Compañía decide abandonar 2.140 hectáreas que tenía en el Distrito Los Cotos y sustituir el cultivo del banano por el de palma africana, presente desde 1966. La medida significó el despido de 3.000 trabajadores quedando sólo 500. Como consecuencia fueron invadidas alrededor de mil hectáreas en las fincas n° 43, 44, 46, 48 y 49. En noviembre de 1984 tras una huelga laboral de tres meses, la Compañía cierra Palmar Sur, el último distrito en actividad. El abandono de 2.731 hectáreas en Palmar Sur significó el fin de las operaciones bananeras en el Pacífico sur.

En marzo de 1985 se compraron a la Compañía 1.703 hectáreas para ubicar proyectos agrícolas en el marco del programa UNESUR (Unidad Ejecutora del SUR). UNESUR era un programa de agricultura de cambio (cacao y palma africana) en donde se aprovechaba la infraestructura dejada por la Bananera y las capacidades del obrero.

Sin embargo, la United Brands[18] no abandonó la zona sino sólo la producción de banano y concentró sus actividades en la producción de palma aceitera en Quepos y Coto. En 1989 la Compañía Palma Tica mantenía 7.000 hectáreas cultivadas con palma aceitera en Coto 47 y 275 hectáreas en Palmar Sur, mientras que los productores particulares nacionales cultivaban un total de 4.406 hectáreas en áreas ex bananeras[19].

En la actualidad, el área perteneciente a la Compañía Bananera que se halla inscrita en el Registro Nacional se eleva a 5.420,8 hectáreas repartidas entre los cantones de Quepos, Parrita, Osa, Golfito, Corredores, Siquirres y Limón. Por su parte, la United Fruit Company mantiene 751 hectáreas en el cantón de Limón[20].

El cese de la actividad bananera en el Pacífico costarricense se debió en parte al incremento de los gastos de operación en Costa Rica y a los lineamientos estratégicos de United Brands, la corporación a la que pertenecía la UFCo. desde 1969[21].

Por una parte, la infraestructura bananera requería un costoso mantenimiento y el precio del banano producido en Costa Rica había aumentado por efectos de la política estatal de fijación de un precio mínimo de comercialización. Además la Compañía no pudo beneficiarse de los subsidios estatales destinados a los productores locales puesto que su operación se basaba en la producción propia.

Por otra parte, la estrategia de United Brands era reducir el volumen productivo de alimentos en su facturación y en especial la producción bananera, máxime ante la sobreoferta de banano generada por sus empresas integrantes.

El Estado no supo anticipar el cese de las actividades y cuando la Compañía, aprovechando la huelga de 1984 decide el cierre de Palmar Sur, el país pasaba una crisis económica que restó capacidad negociadora al Estado[22]. En efecto, Costa Rica estaba recibiendo el rescate financiero estadounidense por lo que al Estado costarricense no le convenía enfrentar con dureza los intereses norteamericanos.

 

Consideraciones finales

La región del Pacífico sur costarricense se inscribe en un área de convergencia de poblaciones chiricanas de Panamá y costarricenses de la Meseta Central que desarrollaron una producción agrícola basada en el cultivo del arroz, el banano y los granos. La instalación de la United Fruit Company en la vertiente del Pacífico desde los años 1930 supuso una competencia por el control de las planas fluviales fértiles ya humanizadas y bajo cultivo.

El Estado costarricense, mediante los Contratos Bananeros y una política permisiva, sacrificó a los productores independientes y las posibilidades de un desarrollo autóctono permitiendo la absorción de aquéllos y el acaparamiento de las mejores tierras por parte de la Compañía. Sin embargo no se debe tanto a un criterio ‘entreguista’ como a la voluntad de poblar, comunicar y hacer producir el territorio bajo la intervención de capitales extranjeros ante la imposibilidad de lograr un impulso autóctono.

En su estrategia de implantación territorial, la Compañía Bananera discriminó entre las diferentes zonas del Pacífico costarricense. En la región del Pacífico central comprendida entre los valles de los ríos Parrita y Savegre, donde existían áreas cultivadas de banano explotadas por productores locales, la Compañía optó por la absorción de las fincas productores. Por su parte, en el Pacífico sur, en las zonas donde se presentaban mejores condiciones para el cultivo del banano, esto es las planas aluviales de los valles de los ríos Grande de Térraba, Esquinas y Coto Colorado, la Compañía emprendió una política de acaparamiento de tierras que a menudo vulneró los derechos de los ocupantes legítimos. Por fin, la implantación en la región fronteriza de Coto Colorado implicó compromisos con los dos países dentro de una lógica económica que trascendía las soberanías respectivas.

En el Pacífico sur se produjo un ordenamiento del territorio en función de la mata de banano. Las Divisiones, Distritos y Fincas se convirtieron en las unidades administrativas territoriales a falta de una mayor definición institucional del Estado costarricense.  Se dotó a la región de un entramado de infraestructuras que respondían a la necesidad de comunicar la finca con el muelle y se crearon asentamientos humanos funcionales donde albergar a los trabajadores, sin olvidar la afluencia migratoria motivada por la oferta laboral que alteró los patrones de poblamiento hasta la actualidad. En general, se trató de un patrón planificado de colonización combinado con corrientes colonizadoras espontáneas en los márgenes de la explotación bananera.

La actividad bananera a lo largo del periodo comprendido entre 1938 y 1984 fue desplazándose hacia el Pacífico sur operándose una sustitución del banano por la palma aceitera en las tierras del Pacífico central. A la larga sería la solución preferida en todo el Pacífico según la estrategia de abandonar tierras agotadas y enfermas en lugar de invertir en su saneamiento. Al dedicar un mayor volumen de tierras al cultivo de la palma aceitera, primero en la División de Quepos y luego en la División de Golfito, en detrimento del cultivo del banano, se fue liberando mano de obra. Así se gestó la crisis laboral de los años 1980 que desembocó en invasiones precaristas y migraciones internas.

Como colofón, la contracción económica internacional de los años 1970 se alió a los cambios operados en el mercado bananero costarricense –entrada de nuevos competidores e impuestos a la exportación principalmente- además de los lineamientos de mercado de la United Brands a la que la UFCo. pertenecía y condujo al cese de la explotación bananera en Palmar Sur, el último distrito en operación, en 1984.

El cese de actividades abrió una crisis regional que aún no se ha cerrado. El Estado reaccionó ante las invasiones de fincas mediante el establecimiento de asentamientos campesinos gestionados por el Instituto de Desarrollo Agrario y con programas productivos financiados con fondos externos como los Proyectos Coto Sur y UNESUR (UNidad Ejecutora de la zona SUR) destinados a promover el cultivo de la palma africana en tierras ex bananeras.

Sin embargo estas medidas no lograron revertir los flujos migratorios de expulsión y la pauperización de los cantones comprendidos en el Pacífico sur costarricense[23], donde las escasas fuentes de trabajo coexisten con fuertes volúmenes de Población en Edad Activa (PEA) fruto de las altas tasas de fecundidad y de inmigración acumulada[24] de décadas anteriores.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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Ilustraciones


[1] Término popular que designa a los naturales del Valle Central de Costa Rica.

[2] Hall, Carolyn “Costa Rica, una interpretación geográfica con perspectiva histórica” San José: Editorial Costa Rica, 1984, p. 169 citando a Jeffrey Cassey (“Limón 1880-1940. Un estudio de la industria bananera en Costa Rica” San José:  Editorial Costa Rica, 1979, pp.43-46) redunda en la idea que “el contrato Cortés-Chittenden (…) permitió a la compañía desarrollar nuevos enclaves de plantaciones en tierras vírgenes en los valles de Parrita, Térraba y Coto Colorado”. Por su parte, Sandner “La colonización agrícola de Costa Rica” San José: Instituto Geográfico Nacional, Tomo I, 1964, p. 82, afirma: “La bajura Sureste de Costa Rica estaba casi despoblada cuando la Compañía Bananera inició sus actividades”.

[3] Memorandum de G.P. Chittenden a la Comisión de Hacienda del Congreso Nacional, Limón, 26 de septiembre de 1934. Colección de Leyes de Costa Rica, año 1934, Imprenta Nacional, San José, 1935, p. 489.

[4] Decreto-Ley N° 30 de 10 de diciembre de 1934. Artículo 1°, cláusula segunda.

[5] León Cortés, presidente de Costa Rica y George Peters Chittenden, apoderado generalísimo de la Compañía Bananera de Costa Rica.

[6] Ley n°133 de 23 de julio de 1938, Gaceta n°165 de 24 de julio de 1938 en Compañía Bananera de Costa Rica, Chiriquí Land Company, United Fruit Company “Leyes, contratos y resoluciones relativas a las industrias de banano, abacá, cacao y palma africana oleaginosa. 1930-1953”, p. 33.

[7] La sigatoka negra es una enfermedad en la hoja del banano que causa disminución en el área de la hoja, maduración prematura del fruto y pérdidas de hasta el 50% de los cultivos. Ploetz, Randy “The most important disease of a most important fruit, Black sigatoka of banana”. http://www.apsnet.org/education/feature/banana/Top.html

[8] Para protegerse de la Ley Antimonopolio estadounidense, la UFCo se ve obligada a crear una subsidiaria en Costa Rica. El 19 de septiembre de 1930 con la formación de la Compañía Bananera de Costa Rica, se inicia el traslado de operaciones hacia el Pacífico costarricense.

[9] “Son terrenos baldíos todos los comprendidos en los límites de la República, que no pertenecen con título legítimo a los particulares. Los terrenos baldíos, ya estén situados en las islas, ya en tierra firme, pertenecen al Estado”. Código Fiscal de 1885, párrafo XIV, art. 508 en Sandner “La colonización …”, Tomo I, p. 152.

[10] Desde 1930 existía debate en la prensa en torno a las maniobras de la UFCo. En 1934 la Liga Progresista de El Pozo protestó ante el Congreso contra la ocupación de las tierras en la milla fluvial en los ríos Grande de Térraba y Sierpe, máxime cuando algunas áreas ya se hallaban ocupadas. Cerdas, op.cit., pp. 130-133.

[11] Vía férrea estatal construida en 1927. Mayor información sobre las actividades y contratos de la Chiriquí Land Company se halla en:  Colectivo “Panamá  y la Frutera. Análisis de una confrontación económico-fiscal” Panamá: Imprenta Universitaria, 1974. Miralles Gonzáles, Miguel “Historia humana y económica de Puerto Armuelles” Panamá: Editorial Mizrachi y Pujol, S.A., 2001,  pp. 34-45.

[12] Contrato n°13 del 19 de julio de 1927. En 1950 el contrato se prorrogó 29 años más, su fecha final de vencimiento quedó para el 15 de marzo de 1986. El impuesto sobre las exportaciones de bananos se fijó en un centavo los primeros siete años y luego en dos centavos, mientras que en Costa Rica fue de dos centavos. Kepner, Charles y Soothill, J.H. “El imperio del banano. Las compañías bananeras contra la soberanía de las naciones del Caribe”, Ediciones del Caribe, México, 1949, p. 95.

[13] 1 acre = 0,40469 hectáreas

[14] Memorando de la Compañía Bananera dirigido a la Secretaría de Hacienda previo a la aprobación del Decreto-Ley N° 323, (Contrato de 1948), 7 agosto 1947. Según este contrato el Estado se compromete en no gravar la industria del cacao ni de la palma africana oleaginosa (Art.n°3).

[15] Decreto-Ley N° 323 de 27 de diciembre de 1948, Imprenta La Nación, San José, 1949, pp.13-14.

[16] La finca Webb, situada en el margen norte del río Grande de Térraba y Puerto Cortés, contaba con 833,3 hectáreas (2.000 acres). Jones, op.cit., p.13.

[17] La extensión cultivada estaba compuesta de 10.878 hectáreas de banano, 4.655 de cacao, 4.666 de palma, 1.296 de teca, 5.545 de potreros y 47 hectáreas en cultivos varios. Por otra parte, la Compañía tenía una extensión de 24.000 manzanas (16.783,2 hectáreas, 1 manzana=0,6993 hectáreas) arrendadas a 1.251 particulares. Rojas, Álvaro “La gran plantación bananera en Costa Rica”, MAG, Departamento de Planeamiento y Coordinación, s.f., p.18-19.

[18] En 1969 la United Fruit Company se fusionó con otras empresas para formar la United Brands. En 1990 United Brands cambió su nombre por el de Chiquita Brands International a donde pertenece Palma Tica.

[19] Compañía Palma Tica y Panamá. Plano General de Operaciones Palma Aceitera. Escala 1: 200.000, junio 1989. Barú Panamá, la filial panameña, cultivaba 2.516 hectáreas en tierras pertenecientes a la Chiriquí Land Company. A partir del mapa no podemos inferir si se trata de un proceso de recampesinización o bien una concentración productiva basada en grandes explotaciones.

[20] En el Registro de la Propiedad aparecen 18 fincas que pertenecieron a la Bananera y que fueron vendidas o donadas al Estado en 1975, su área total suma 2.680,6 hectáreas. La superficie de las 51 fincas y lotes en manos de la Compañía se halla repartida esencialmente entre los cantones de Limón (1.632 has.), Quepos (1.213 has.), Osa (1.071 has.),  Golfito (612 has.) y Parrita (519 has.). Sin embargo, no se pudieron obtener datos sobre el área bajo explotación de las empresas Numar S.A. y Palma Tica S.A. ambas pertenecientes al grupo Chiquita Brands. Estas empresas ocupan tierras que en su día pertenecieron a la Compañía Bananera de Costa Rica.

[21] Para mayor información sobre los cambios operados en el mercado bananero nacional y las verdaderas causas del abandono remitirse a Garnier, Leonardo y otros “Costa Rica: las vicisitudes de una política bananera nacional” pp. 99-129 en “La economía bananera y las organizaciones de los trabajadores en la década de los ochenta en América latina” San José: Ediciones FLACSO / CEDAL / FES, 1988.

[22] Un análisis de la coyuntura económica de principios de los años 1980 se halla en Rovira Mas, Jorge “Costa Rica en los años 80” San José: Editorial Porvenir, 1987, pp. 62-95.

[23] Según el Índice de Desarrollo Social (IDS), los cantones integrantes de la región del Pacífico sur costarricense, Osa, Golfito y Corredores,  ocupan las posiciones 73, 75 y 65 respectivamente sobre el total de 81 cantones del país. Entre 1984 y el 2000, estos cantones han retrocedido 8, 4 y 5 posiciones respectivamente en la escala nacional. Los datos cantonales del IDS, también llamado Índice de Rezago Social, se hallan en González Quesada, Mª Elena “Índice de Rezago Social” San José: documento inédito, INEC, 2002, Anexo 1, p.26. http://www.inec.go.cr

[24] La Población en Edad Activa (PEA) del cantón Osa en el 2000 representa el 66,68% de la población total, fruto de las altas tasas de fecundidad (incrementadas por la inmigración de mujeres de edades comprendidas entre los 12-34 años) y la inmigración acumulada (principalmente masculina según revelan los índices de masculinidad de los grupos etarios mayores) patente a la vista de los saldos migratorios netos de 1950 (50,96%) y 1963 (25,24%). Censos de población 1950, 1963, 2000, DGEC.

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Lea además: La Historia de la Plantación Bananera en Centroamérica –Historia de las Bananeras en Centroamérica: Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica

Los fantasmas de Puerto Armuelles septiembre 17, 2009

Posted by BPP in Bananeras, Barú, Charco Azul, Puerto Armuelles.
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Este muelle por donde salían millones de cajas de banano hacia el mundo, hoy es una ruina al borde del derrumbe.

TRAGEDIA EN LAS BANANERAS

Los fantasmas de Puerto Armuelles

CARLOS ATENCIO/GUIDO BILBAO | UNIDAD DE INVESTIGACIÓN

La Estrella de Panamá (14 de septiembre de 2009)

Lo que nunca se dijo sobre las consecuencias sociales de la fumigación en las bananeras: cáncer, esterilidad, ceguera y malformaciones. Una historia perturbadora que evidencia, sobre todo, la ausencia del Estado
CHIRIQUÍ. Puerto Armuelles es ahora un lugar de sombras. Brilla el sol más caliente de este país tropical, pero así y todo, la sensación es de oscuridad, de fría decadencia. La fiebre del oro verde bajó, es cosa del pasado y, de lo que fue, sólo quedan los recuerdos.

La realidad mezcla el desempleo, la marginalidad y la desesperanza. Las personas salen de las casas únicamente para comprar alimentos y para ir al médico. Los enfermos se cuentan a montones. La sensación, en la calle, es la de una sala de espera de hospital.

Este pueblo, a 530 kilómetros de la ciudad capital, es protagonista de un drama colectivo que duerme el sueño de los justos: miles de obreros y sus familias fueron expuestos a agroquímicos altamente tóxicos durante el boom bananero. Años y años en los que ellos mismos, sin saberlo, regaban la muerte sobre sus campos, sus casas y sobre ellos mismos. Ahora, en pleno siglo XXI, recogen el fruto menos deseado: Las flores de la muerte.

LA PESTE

Los afectados, por lo general obreros de las bananeras y sus familiares, llevan una lucha legal de trece años. Buscan que la empresa responsable, la trasnacional Chiquita Brands, pague por lo que aquí se define como un “crimen en masa” o “bombas por hectáreas” o, como prefieren los médicos, “envenenamiento”. Chiquita tenía 18 fincas que rentaban al Estado panameño por un canon mensual de 700 mil dólares. Los afectados buscan que les paguen los tratamientos médicos y también indemnizaciones, interpusieron una demanda ante el juez Mario Juárez, del Circuito Octavo del Ramo Civil de Chiriquí que supera los 42 millones de dólares. Agustín Obando, uno de los demandantes, dice que a la justicia no le tiene ninguna fe.

Este hombre que tiene 55 años pero aparenta muchos más, trabajó durante algunos meses manipulando y realizando el trabajo de fumigar las plantaciones. Roció DBCP o Nemagón. El Estado panameño permitía el uso de este tóxico que apareció en Estados Unidos hacia fines del siglo XIX. Tan viejo como la sustancia son los estudios toxicológicos de los doctores Ted Torkelson, de la empresa Dow Chemical y Charles Hines, de la Universidad de California, que hablan de los daños irreversibles en la salud. En Estados Unidos, está prohibido desde principios del Siglo XX. El Nemagón es altamente persistente y se filtra en los mantos acuíferos donde permanece hasta por 200 años. Los médicos hicieron pruebas con ratas. Demostraron que luego del contacto con dosis bajas de Nemagón tenían crecimiento retardado, daños en los pulmones y riñones y reducción en los testículos. Dosis altas o prolongadas en el tiempo, los reducían a la mitad provocando al esterilidad. Y que en los humanos las consecuencias eran similares. Según reportes de la Red de Acción en Plagicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL) en Centroamérica hay unos 26 mil trabajadores estériles a causa de la exposición a estas sustancias.

Cuando Obando entró a Chiquita Brands no sabía nada de esto. Sentía que estaba dando un paso importante en su vida. Finalmente iba a poder estar tranquilo y mantener a su hijo de meses de nacido. Corría el año 76. Obando acaba de cumplir 23.

Al ingresar a la compañía, le hicieron exámenes físicos. Le dijeron que era fuerte como un toro y lo mandaron a fumigar.

Tenía contacto diario con las sustancias tóxicas sin ningún tipo de cuidado ni entrenamiento para su manejo. A los cinco meses renunció. “No aguanté más, me fui porque me sentía mal, con mareos, dolor de cabeza, vómitos y muchas veces quedaba viendo oscurito, cocuyito, me daban convulsiones. Pero yo cometí una tontería de no ir al hospital ni nada de eso. Lo más sencillo fue salirme del trabajo. Pero ya era tarde. De ahí en adelante vinieron mis problemas”. Fueron cinco meses que cambiaron su vida para siempre y que, treinta tres años después, siguen presentes, enturbiándole la vida. Obando entre otras cosas, se volvió esteril y con el tiempo perdió la visión.

Agustín vive sin ver, preso de la ceguera y rodeado de pobreza: dos sofás despellejados, un fogón de leña en el patio, ropa amontonada sobre el otro sillón. Cuenta que la enfermedad le vino de menos a menos, hasta quedar encarcela’o en un ranchito. “Un tipo con las calamidades que yo tengo.. ¿a qué puede aspirar? Hasta la mujer se me fue porque no podía hacer nada”.

El único hijo que tuvo nació un año antes de ingresar a la bananera. “De ahí para acá hasta de engendrar me privaron”, se lamenta. Esto lo comprendió muchos años después por comentarios similares de otros obreros de las fincas, todos preocupados y sin saber porque la infertilidad cundía.

Agustín, desde el pozo de su ceguera y con dos gatos como únicos aliados en esta batalla, culpa al Estado. Lo peor de todo, dice, “es que no hay quien, no hay gobierno, no hay autoridades, no hay amigos, no hay hermanos, no hay nadie que se presente aquí y diga esta es mi mano salvadora. ¡Naaaadie! A veces solamente la fe ciega en Dios me tiene en pie, así como lo oye. Los ciegos envenenados no tenemos presidente, no tenemos patria, no somos hijos de esta patria”, explica con la virulencia de un hombre que no denuncia sino que describe su verdad.

Pese a las prohibiciones de uso en el país fabricante, el gobierno panameño permitía que se rociaran las 3 mil hectáreas sembradas de bananos con químicos como el Nemagón y el Fumazone, dos sustancias que a finales de los 60 hacían estragos en las plantaciones de República Dominicana, Costa Rica, Perú, Honduras, Nicaragua, Ecuador y Filipinas. En Panamá, según el ex defensor del Pueblo, Ítalo Antinori, esas sustancias se utilizaron hasta entrados los años 90.

LAS TRES CAMISAS

José Vega no está muerto, pero pasa sus horas en el cementerio. Remienda tumbas. Allí, a la sombra de un árbol, repite su historia que en Puerto Armuelles parece la historia de todos. Cuando tenía 15 años ingresó al campo bananero a trabajar los tres meses de vacaciones.

Empezó como barredor que pasó de oficina en oficina hasta aprender todos los trabajos de la empresa. Al final fue encargado de la oficina de Seguridad y Riesgo Laboral.

“Quizás yo tenga algo de químicos en el cuerpo, por la inhalación en 30 años”, dice, pero lo que lo salvó fue un puñado de lecturas.

Mientras que los miles de trabajadores sudaban en las plantaciones, él se interesaba por conocer más de los tóxicos. Supo temprano que todos los químicos que no usaban en Estados Unidos los regaban acá. Levanta la vista, mira el sin fin de cruces, tumbas y gallotes, y luego taconea el piso: “aquí, bajo esta tierra, hay miles de panameños que fueron desbaratados por los tóxicos. Y no importa a nadie. Me tocó ver cientos de casos de enfermos con dolor de cabeza, debilidad, problemas respiratorios, visión borrosa, vómitos, fibrilación de los músculos. La gente decía dale leche, bebe leche, no se tiene que ir al médico”.

Cuarenta años después reconoce que se jugaba con la salud de las personas. La empresa plantaba barreras de árboles ficus y papos a la vera de los caminos, afluentes de agua, y lugares poblados para mitigar el efecto de los vuelos de la muerte. “Cuando uno entraba al bananal le pegaba fuerte en la nariz, pero teníamos que trabajar así lastimosamente”, se lamenta Vega.

Pero no solamente los obreros se bañaban en Nemagón. Vega, que lleva tres camisas para protección hasta cuando sale al parque, recuerda que en Chiquita luego de poner los fertilizantes a los plantones, se regaban para la sigatoka: un insecto que vuela hasta 10 pies de altura. Usaban Ditane, un tóxico que también ponía a temblar a los obreros. También se regó Bravo, pero por ser muy tóxico se cambió, aunque todavía sigue en Honduras, Guatemala y parte de Costa Rica.

A ciencia cierta no se puede decir cuántos son los panameños afectados. Y las muertes que ya nadie investigará seguramente superan las del escándalo de envenenamiento con dietilenglicol. Sí se sabe, que el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) obliga al Estado a que garantice a los trabajadores que no sean sometidos a condiciones de trabajo peligrosas para su salud, como la exposición a plagicidas u otras sustancias químicas.

LO QUE MÁS DUELE

Félix Antonio Ríos, es otro de los fumigados de Chiquita Brands. Vive en Progreso, en una casa rodeada de árboles frutales. En una esquina tiene un rancho, donde pasa la mayor parte del tiempo. En ese aposento tiene mesa, silla y butacas. Sobre la mesa hay un maletín de profesor. Habla como si se le atragantaran las palabras.

Lo primero que dice es que se siente culpable de la muerte de su hijo Roberto, de 24 años, de un cáncer en los testículos, cuando era estudiante de la Universidad de Panamá. Aunque le dicen que no se lo tome de esa forma, que no tiene razón, siente que así como le dio la vida a su hijo, también le regó los problemas.

Ríos ingresó con 22 años a las bananeras y fue liquidado a los 51. A simple vista es un hombre saludable, fuerte, pero por dentro lleva un historial clínico que “vuelve loco a cualquiera. A mí me preguntó un gobernador: ¿pero tú qué es lo que no tienes? Yo le dije: yo no quisiera que usted tuviera lo que yo tengo. Desde 1972 me trato por los agroquímicos, pondiéndome vacunas toda las semanas. A mí me pueden dar un millón de dólares y no me compensan los sufrimientos”.

Ríos, hay veces que no puede estar acostado. Ni sentado. Ni parado. Ni puede respirar. “La compañía sabía lo que estaba haciendo porque yo trabajé en el departamento de materiales y ahí fue donde me di cuenta de la clase de canallada que habían hecho con los trabajadores. Se regaba el Fumazone y Nemagón, dos tóxicos que inhalarlo es venenoso, el contacto con la piel es venenoso, la ingesta era sumamente venenoso. Ellos no tomaron las precauciones porque nosotros valíamos muy poco para ellos”.

El trabajo cotidiano funcionaba como cualquier otro. Les decían qué tenían que hacer y ellos lo hacían. Aplicaban las sustancias cinco horas consecutivas, todos los días. Era demasiado cinco horas. La gente la pasaba muy mal, pero en la cadena de producción se ahorraban costos. “Aquí el perjudicado no solamente era el que trabajaba: la persona que lavaba mi ropa y mis hijos que me agarraban cuando yo llegaba contaminado también. Y yo sé también que fui de los que aplicó veneno a la gente. Usted no se imagina lo que eso hace sufrir a uno. Yo fumigaba y a mi hijo Roberto le salió un cáncer”.

Félix, como la mayoría en Puerto Armuelles, se siente abandonado por la ley. Recuerda que cuando entró, el primer examen que le hicieron fue el de la próstata y si lo dejaron trabajar era porque estaba sano. Pero cuando le dieron la patadita y lo echaron, se queja de que nadie se fijó cómo él salía y así pasó con todos los trabajadores.

“Fuimos a la Asamblea en el 2003, hablamos con medio mundo, fuimos traicionados por una persona que negoció nuestras dolencias. Yo no quiero lástima, yo quiero que sean justos. Si a mí, pasado mañana, me dicen que no me toca nada, lo aceptaré porque hay personas más dañadas que yo”.

Como el caso de María Cubillas. Ella es una de las pocas mujeres que se permite hablar sobre el tema, pero antes pone algunas condiciones: que no le tomen fotos ni se le pida bajarse del taxi en el que ha llegado hasta Progreso para esta entrevista, que se realiza adentro del auto. Estamos estacionados frente a un billar en penumbra de donde salen mucho ruido.

SIN SALIDA

Es triste pero es así: la mujer recuerda y llora. Habla con un tono de voz bajito y cortado, que no le va su cuerpo. María es una mujer grande, sin residuos de juventud y la piel rayada por la dermatitis. Así, entre susurros, cuenta que una mañana ella apareció en una finca bananera con cuatro hijas en busca de trabajo y techo. Las dos cosas fueron fáciles de conseguir. Guiada por el deseo de tirar para adelante, por las hijas, firmó su contrato de trabajo. Nunca imaginó que esa decisión acabaría con dos de sus hijas antes de cumplir los 12 y que ella terminaría con asma crónico.

“Ellos trajeron a las bananeras el DBCP o Nemagón, un químico que no se usaba en Estados Unidos y que usaron acá y ese químico le provocó esterilidad a los trabajadores, eso fue lo que dio al traste con los obreros”.

Las tragedias de María son tres. Cuando murió la primera niña, de doce años, de un cáncer, hasta los médicos se extrañaron. María pensaba que la gente que moría de esa enfermedad eran viejos, no niños. Años más tarde murió su segunda hija. De asma. Como la niña estaba en primer año, ella pensaba que era la madrugada lo que le hacía mal, levantarse tan temprano, la brisa fresca del amanecer. El día que le dio la crisis no llegó a tiempo al hospital. Después de la muerte de las niñas María quedó como atontada, fuera del mundo, en medio de una penitencia inhumana. Siguió empacando parte de los 40 millones de cajas de banano que exportaba la empresa cada año. ¿Qué iba a hacer? Cuando su salud se quebró del todo, vino la pelea para que la pensionaran por un cuadro clínico de asma ocupacional. “La empresa quería doblarle el brazo a todo el mundo para no pagar. Al final los médicos se pusieron duros y me pensionaron”.

Antes de emprender el camino de regreso —sin nunca bajarse del carro—, María explica las razones de sus cuidados al hablar. Dice que esto podría dañar el proceso legal, que parece empezar a desperezarse. En agosto pasado la justicia culminó pruebas clínicas a más de 550 afectados.

Parece extraño: el país con mayor crecimiento económico de la región, que se abre a la ampliación del Canal y a la construcción del metro guarda en lo más profundo de su interior heridas que no cicatrizan. Muchos aquí se sienten fantasmas. Invisibles. Olvidados. Sin nadie a quien reclamar y con el cuerpo partido. Hombres, mujeres y niños panameños, quienes han cargado la cruz de la enfermedad a sus espaldas y de por vida. Son los fumigados. Sí, aquí, en el puente del mundo y corazón del Universo.

CHIQUITA Y VENENOSA

La United Fruit Company comenzó sus operaciones en la provincia de Bocas del Toro en el año 1899, nueve años más tarde que la Snyder Banana Co. iniciase la historia del banano en la provincia. Tras abandonar las plantaciones en Bocas, compró tierras aptas para la producción de banano en la región de Chiriquí (1923 y 1926). La compañía quería utilizar el trazado del Ferrocarril Nacional de Chiriquí —finalizado en 1927— desde Puerto Armuelles (PA) y conformar una unidad de explotación bananera sobre la región fronteriza, que enfrentaba a Costa Rica con Panamá en el plano político y económico, buscaban por el contrato bananero con la UFCo. En 1927 la empresa firmó una concesión por treinta años con Panamá para cultivar banano en el área de Chiriquí, formandose la División de Puerto Armuelles (PA), que ha variado de nombre.

CARLOS ATENCIO

El exilio inevitable

Entre 1990 y el 2000, Puerto Armuelles redujo su población a la mitad; mientras en 1990 vivían 46,093 personas, en el 2000, disminuyó a 22,075. La tragedia se consumaría para el 2020, en esa fecha, quizá, desaparezca la población.

Cuando se acaben las bananeras en Barú enero 4, 2009

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Cuando el banano se agote en Barú

La economía del distrito de Barú no es ni la sombra de lo que era hace décadas. Se están desarrollando otras actividades económicas, pero la región aún no despega.

MELISSA NOVOA Y FLOR BOCHAREL
mf@prensa.com

En el distrito de Barú se le llamaba el “oro verde”. Durante las últimas nueve décadas el banano fue para los pobladores de esa región sinónimo de bonanza.

La actividad llegó a generar 10 mil puestos de trabajo y hubo un fuerte movimiento migratorio al área para poder gozar de esa prosperidad. Pero hoy ese libro se está cerrando.

Nidia Medina, la gerente interventora de la Cooperativa de Servicios Múltiples de la Puerto Armuelles Fruit Company (Coosemupar), admite que para lograr la sostenibilidad financiera de la empresa es necesario aplicar líneas de acción para continuar con la operatividad.

En este caso reducir los gastos administrativos, eliminar personal que está empleado en calidad de “servicios profesionales” y cesar a los trabajadores con un alto porcentaje de ausentismo.

Según Medina -que asumió el cargo el 11 de julio de 2008- es necesario disminuir los costos operativos y mejorar las plantaciones.

A un millón 900 mil dólares mensuales ascienden los costos operativos de la empresa bananera (Ver cuadro: Gastos operativos) y a 830 mil dólares el pago de la planilla a los trabajadores por mes.

Ni las ganancias que genera la venta del banano -que son de un millón 500 mil dólares al mes- son suficientes para cubrir la operación.

Además por falta de liquidez se dejó de aplicar fertilizantes e insecticidas a las tres mil hectáreas de producción de banano, y si bien se comercializó la mitad de la producción a la empresa italiana Centro de Distribución Toscana, hubo reclamos por la fruta vendida.

Medina cuenta que cuando ocupó esta posición encontró “altísimas” cuentas por pagar, así como cuentas por cobrar de dimensiones similares. “Las cuentas reflejaban un sobregiro de un millón de dólares”, dice.

La gerente interventora de Coosemupar espera que con las medidas que está adoptando las finanzas mejoren en el primer semestre de 2009. Una tarea que reconoce titánica, pero que no resulta imposible.

En la actualidad trabajadores y administrativos de Coosemupar junto al Gobierno están barajando cuatro alternativas para solucionar su situación financiera: buscar inversionistas para asociarlos a la actividad, crear una empresa mixta, que el Gobierno continúe respaldando a la empresa si esta se reestructura o en última instancia, liquidar al personal y cerrar la empresa.

“Esta sería la última opción a tomar”, piensa Medina.

Alternativas al desempleo

“La situación está muy dura”. Así describe el alcalde Franklin Valdés lo que está pasando en el distrito de Barú.

La falta de fuentes de empleo en el lugar ha revertido la bonanza que vivía el área desde hace décadas. Ahora las personas no migran al distrito sino al contrario, están desplazándose hacia otros lugares para mejorar su calidad de vida.

A juicio de Valdés las otras actividades económicas que se están desarrollando, como la de la producción de palma aceitera y la de la zona franca de Barú aportarían puestos de empleo en la región, pero no en grandes cantidades como lo ha hecho la producción de banano.

Y aunque el Gobierno asegura que la tasa de desempleo en el distrito es de 30%, el funcionario opina que esta cifra es mucho más alta. “Hay un 60% de desempleo”, afirma.

Para intentar reactivar la economía del lugar, en octubre el Consejo de Gabinete aprobó la resolución número 185, en la cual se autoriza bajo la modalidad de financiamiento no reembolsable un fideicomiso para el Programa de la Competitividad Agropecuaria, dirigido a los residentes del distrito de Barú.

El Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida) es el que se encargará de celebrar convenios con las cooperativas para que utilicen estos recursos en capacitación y en el financiamiento de actividades productivas.

Pero para implementar el fideicomiso se establecerá un consejo de desarrollo territorial público-privado en el distrito de Barú que presentará al Mida un plan de proyectos productivos que reactiven la economía de la región.

¿La esperanza del Barú?

A la zona franca y la producción de palma aceitera -actividades económicas que generan empleo en Barú- se le une la posibilidad de que allí se desarrolle una refinería que podría emplear a 6 mil personas.

Ha pasado un año desde que la empresa Qatar Petroleum y Occidental Petroleum contrataran a la empresa Foster Wheeler para realizar un estudio que determinara la configuración modular de la planta, información sobre los requerimientos de infraestructura del área y de mano de obra, así como el costo preciso de la construcción de la refinería, cuya capacidad de refinamiento sería de alrededor de 350 mil barriles de crudo diario.

Si bien se preveía que el estudio fuera entregado en agosto de este año, una nota emitida por el Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) destaca que es posible que esta segunda fase del estudio se extienda más allá del término previsto en el memorando de entendimiento firmado entre el Gobierno y las empresas debido a que los cambios que se han dado en el mercado internacional, inciden y deben considerarse en este tipo de análisis.

Mientras se define si en Panamá se desarrollará esta refinería, otras actividades económicas tratan de cubrir el vacío que están dejando las bananeras.

La Zona Franca de Barú es una de ellas. Si bien por ella ya han pasado tres gerentes, y ha tomado más de cinco años que esta comience a tomar forma, su actual y cuarto gerente, Karim Gozaine, comenta que la situación pinta mejor.

Hasta ahora hay 10 empresas bajo el régimen de zona franca que podrían generar este año 30 millones de dólares en ventas.

Su estrategia ha sido enfocarse en atraer tiendas libre de impuesto (duty free) y aunque quisiera duplicar el número de estas, Gozaine dice que el mayor obstáculo para que se cumpla este objetivo es la falta de una infraestructura portuaria adecuada que facilite el movimiento de contenedores y barcos en el área.

Con la administración de la zona franca se ha contactado a empresas mexicanas, argentinas y brasileñas que desean invertir en el lugar, la falta de una infraestructura portuaria echa por tierra el interés de estas.

El resurgimiento de la economía baruense depende en gran medida de que esta infraestructura se desarrolle.  De no solucionarse esto en el mediano plazo, las cifras de desempleo se podrían incrementar.

Este es un tema que preocupa a las autoridades locales y a la comunidad.

Bananeras de Puerto Armuelles agosto 24, 2008

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BANANERAS EN PUERTO ARMUELLES

Para mucha gente que no conoce Puerto Armuelles, siempre la visualizan igual o semejante a Changuinola en Bocas del Toro, que es un poblado inserto en medio de las plantaciones de banano, sin embargo, las bananeras de la Chiriquí Land Company (Chirilanco o CLC) subsidiaria de la United Fruit Company, estuvieron localizados hacia el noreste de la ciudad de Puerto Armuelles a una distancia no menor de 7.5 km.  El banano era cultivado y empacado en las fincas y transportado por vías férreas hacia el muelle fiscal de Puerto Armuelles cada día en horas de la noche, luego de la jornada diurna y vespertina de preparación del producto en las empacadoras de cada finca bananera en producción.

Ver foto satelital de ubicación de algunas de las fincas bananeras al NE de Puerto ArmuellesLas fincas bananeras estuvieron localizadas en el distrito de Barú, corregimiento de Puerto Armuelles. Todas las fincas bananeras de la Chiriqui Land Company tenian nombres de árboles conocidos en la región.

Las fincas bananeras de la División Bananerfa del Pacífico de Panamá estuvieron localizadas en el distrito de Barú, corregimiento de Puerto Armuelles. Todas las fincas bananeras de la Chiriqui Land Company tenían nombres de árboles conocidos en la región. Fuente: http://www.andresz.com/Mapas/046%20PUERTO%20ARMUELLES.jpg

Lo más interesante de las fincas bananeras de Puerto Armuelles, además de su producción de bananos era su nombre.  Cada finca fue denominada con el nombre común de una especie de árbol de la región. Así tenemos los nombres de algunas de las fincas que existieron: Finca Corredor, Finca Caoba, Finca Almendro, Finca Sigua, Finca Quira, Finca Berbá, Finca Jobito, Finca Jocote, Finca Manaca, Finca Corotú, Finca Lima, Finca Jagua, Finca Pino, Finca Majagua.  Estas fincas están unidas físicamente a la producción bananera de la zona sur de Costa Rica inmediata con nombres de fincas tales como: Finca Cocos, Finca Laurel, Finca Caimito, Finca Tamarindo, Finca Palma, Finca Cañazas entre otras.  Todas estas fincas tanto del lado panameño como las del lado costarricense eran explotadas por la misma compañía conocida localmente como “Mamita Yunai” (que significaba la Madre United Fruit Company).

Vista de un plantación de bananos en Finca Blanco, División bananera del Pacifico en Panamá

Vista de un plantación de bananos en Finca Blanco, División Bananera del Pacífico en Panamá. Fuente: http://www.panoramio.com/photo/315170

A continuación un magnífico artículo de periodista chiricana Flor Bocharel publicado en La Prensa el 27 julio de 2003, que nos habla de la historia de las bananeras en Puerto Armuelles:

Adiós a la ‘Banana Republic’

Luego de ocho décadas de presencia estadounidense en la producción de banano, los obreros piden un cambio de actitud

Flor Bocharel N.
Especial para La Prensa
negocios@prensa.com

Fotos cortesía Chiriqui Land Co.
La bananera en sus inicios

PUERTO ARMUELLES, Chiriquí. -El 30 de junio de este año, tras ocho décadas de influencia extranjera en la producción de banano, la actividad pasó a manos de los productores del distrito de Barú.

Durante esas ocho décadas, costumbres y hasta vocablos extranjeros se arraigaron en la idiosincrasia de los baruenses y de los habitantes de la provincia de Chiriquí en general.

La producción del “oro verde”, como se le llamó por muchos años al banano, nació en el distrito de Barú cuando aún esa región no tenía esa categoría, pues era una comunidad del distrito de Alanje conocida como “Rabo de Puerco”.

En su libro Historia Humana y Económica de Puerto Armuelles, Miguel Miralles González destaca que la empresa Chiriquí Land Company (CLC), subsidiaria de la norteamericana United Fruit Company, se estableció en las llanuras de la costa del Pacífico limítrofe con Costa Rica desde 1927, al adquirir 17 mil acres de terreno del estadounidense C. W. Muller, y concertó contratos con la Nación para el uso del ferrocarril y la construcción de ramales.

Las tierras adquiridas por Muller pertenecieron a una empresa azucarera que se estableció en el área entre 1916 a 1928.

El primer embarque de banano se hizo a través de un muelle de cemento arrendado por el gobierno a la empresa frutera, que consistió en 750 racimos de banano despachados al puerto de San Francisco, en Estados Unidos, a bordo del vapor San José.

Las primeras fincas bananeras fueron Progreso, Las Huacas, La Esperanza Butch, La Colcha, Cedro, Los Olivos, Malagueto, Aguacatón, Aguacate, Guácimo, Berbá, Manaca, Guayacán, La Ceiba, Corredor, Sigua, Cocos, Corozo, Bongo, Bogamaní, Higuerón, Javillo, Zapatero y Burica; el primer gerente fue Henry Sterling Blair.

La actividad económica de Puerto Armuelles giró en torno a la producción bananera, pues la empresa estadounidense hizo grandes inversiones sociales en el área; de ahí viene el mote de “Banana Republic”.

Influencias y aportes

La mayoría de las viviendas del distrito de Barú guardan la forma arquitectónica distintiva de la empresa extranjera: edificios de madera de dos altos, mallas contra insectos, techo de dos aguas y amplios balcones.

Perdura un club de golf, deporte considerado para privilegiados, donde muchos porteños aprendieron a jugar. La Escuela de Las Palmas, donde los hijos de los capataces, gerentes y empleados de jerarquía fueron educados.

Miralles en su libro destaca que el 15 de julio de 1927 el presidente de Panamá, Rodolfo Chiari, y Henry Sterling Blair firmaron el contrato número 13 entre la Nación y la CLC, donde se le otorgaba a la empresa el derecho de construir ramales para la explotación agrícola de banano, uniendo así los poblados de Puerto Armuelles, Progreso y David.

Se establece la construcción de acueductos, hospitales, dispensarios, radio, teléfono, telegrafía, canales de riego y muro de contención.

Miralles señala que el primer automóvil en Barú, fue un Ford de 1928, propiedad del gerente de la bananera. Las calles eran de arena. Igualmente, la empresa frutera trajo los primeros aviones en ese año: unas avionetas de dos alas que aterrizaban en la desaparecida pista de Cuervo, ubicada entre dos filas de árboles de teca.

La empresa también aportó el primer carro bomba del área. En 1930, donó un Ford modelo T, equipado con un tanque con capacidad para 60 galones de agua y una manguera de 100 pies de largo.

La empresa frutera construyó el primer hospital de Barú, donde no sólo se atendían pacientes de la compañía, sino de la comunidad en general.

En cuanto a los productos extranjeros, estos se transportaban en los barcos de la compañía para hacer peso y poder navegar hasta Puerto Armuelles a buscar banano. Por ello, los porteños podían adquirir pantalones caqui y sombreros “Stetson” a precios irrisorios.

El whisky White Label costaba 2.50 dólares la botella; la cerveza Milwaukee, 0.15 centésimos cada una, y los zapatos Flor-shein, 13 dólares el par. La caja familiar de “corn flakes” de Kellogs la obtenían a 0.25 centésimos.

Carlos Franceschi Bonilla es hoy administrador de la finca bananera independiente de Divalá Los Angeles; es hijo de Carlos Franceschi Trujillo, perito agrónomo que fungió como asistente del superintendente de finca de la CLC.

Franceschi recuerda que en la década del 50, la fruta se exportaba en tren hacia el muelle, ubicado en la ciudad de Puerto Armuelles. En esa época, los obreros ya se habían organizado en un sindicato, pero la empresa controlaba la situación por su influencia dentro de la sociedad.

Entre los privilegios que tenían los hijos de los mandadores, administrativos, gerentes y superintendentes estaba el pago de la Escuela en Las Palmas, destaca Franceschi. El mismo recibió clases en ese centro educativo de formación bilingüe con profesores traídos desde Estados Unidos. Recuerda que los salones estaban bien equipados con acondicionadores de aire para soportar las altas temperaturas de esa ciudad costeña.

La actividad económica de Puerto Armuelles giró en torno a la producción bananera, pues la empresa estadounidense hizo grandes inversiones sociales en el área.

“La rutina estudiantil comenzaba bien temprano, a las 5:00 a.m., ya que muchos alumnos tenían que trasladarse desde las fincas bananeras y debían abordar dos transportes hasta Puerto Armuelles”, recuerda.

Luego de seis años de estudio, muchos de esos niños, continuaban su formación académica en Estados Unidos. Viajaban a ese país a bordo de los barcos que conformaban la flota blanca de la CLC.

Franceschi asegura que en esa época se vivían tiempos de bonanza; la pequeña ciudad de Armuelles se veía pujante, próspera, y era el lugar ideal para vivir una juventud agradable.

En cuanto al trabajo que realizaba su padre, señala que desde las 4:00 a.m., don Carlos iniciaba los preparativos para administrar mil hectáreas de banano en Finca Corredor.

El recorrido diario lo hacía a bordo de un Jeep CJ 5, vehículo que la empresa ponía a orden de los mandadores y capataces. El trabajo debía realizarse sincronizadamente entre el cultivo y la comercialización, a fin de evitar pérdidas porque el producto es perecedero.

Franceschi señala que los tiempos “buenos” fueron mermando por las constantes huelgas. Adicionalmente, la empresa ya no aportaba de buena gana privilegios y beneficios a los empleados.

Una imagen que no podrá borrar de su mente fue la primera huelga, registrada en 1960, en la que miles de trabajadores bananeros marchaban gritando consignas.

Los familiares de los administrativos se mantuvieron encerrados en el hotel de Finca Corredor.

La radio sindicalista

El Sindicato de Trabajadores de la Chiriqui Land Company (SITRACHILCO) nació el 13 de noviembre de 1960, pero antes de esta agrupación obrera, hubo algunos amagos de sindicalismo.

Control biológico con hongos perjudiciales mayo 25, 2008

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DETALLE. Control biológico es aplicado en dos fincas en Chiriquí

Hongos nativos controlan daños a planta de banano

Panamá es pionera en la aplicación de endofíticos y tricodermas al cultivo de banano. En Costa Rica, Dominicana y Venezuela se aplicó al plátano.

Miguel Santamaría

PA-DIGITAL

Objetivos. Se busca prevenir las enfermedades que más afectan a las plantaciones, con una agricultura orgánica.

L a aplicación de hongos nativos incrementará la producción de banano y plátano en la provincia de Chiriquí.

Un estudio de campo elaborado por Rodrigo Morales, fitopatólogo del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Panamá (IDIAP), reveló que la aplicación de hongos nativos (endofíticos y tricodermas) brindó buenos resultados como alternativa biológica para controlar microorganismos en las plantaciones de plátano en Costa Rica, República Dominicana y Venezuela. Y Panamá será pionera en la aplicación de este tipo de tecnología en el banano, en la región centroamericana y del Caribe.

La presencia de estos hongos es uno de los factores que incide en la baja producción de estas frutas, si no se aplica un tratamiento adecuado que erradique estos microorganismos.

Desde octubre de 2007, Morales desarrolla una serie de pruebas experimentales con estos hongos, además de utilizar otros extractos vegetales como micorrizas y tagetes, en una hectáreas de cultivos de banano de la finca independiente Santa Cecilia, ubicada en Divalá, distrito de Alanje.

En Finca Blanco, que pertenece a la Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR), también se aplica este método.

Dentro de las observaciones del trabajo de campo, después de cinco meses y medio, las plantaciones empezaron a florecer y a aparecer frutas, explicó el especialista.

Efecto de las plagas.
Estudios recientes revelan que el rendimiento de las plantas se afecta en un 60%, porque no pueden absorber suficientes nutrientes del suelo que le permitan alcanzar un desarrollo integral.

La mayoría de los productores de estos rubros, eliminan este problema con nematicidas, sin embargo, este no es el método más adecuado, debido a los efectos negativos que puede ocasionar en el ser humano, a la calidad de los suelos y a la contaminación del medio ambiente.

Una de las ventajas es la obtención de cosechas tempranas. Con el método tradicional, los resultados se obtienen en seis meses y medio, mientras que con el biológico un mes antes.

Tratamiento.
Dentro del proceso se colocan unidades propagativas de hongos, que se llaman conidias (semillas), las cuales se mezclan en un mililitro de agua. Después el sistema radicular de la plántula se sumerge por cinco minutos, para que absorba el producto, otro tratamiento es realizado en el hueco de siembra.

Luego de establecerse en las raíces, estos hongos colonizan el tejido radicular confiriéndole resistencia y vigorosidad a las plantas. Por lo tanto, la calidad de la fruta será mejor valorada en el mercado internacional.

Bananera exporta con nuevos clientes marzo 4, 2008

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Chiriquí. Realizan primeras exportaciones a Italia

Cooperativa bananera se prepara para ser una empresa rentable

COOSEMUPAR alcanzó una de las metas trazadas. Vendió cerca de 32 mil cajas de banano a la comercializadora extranjera CEDIT.

Marcelino Rosario

PA-DIGITAL
Ventajas. La industria bananera entró en otra etapa.

La Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (COOSEMUPAR) se prepara para ser una empresa económicamente rentable sin la presencia de la comercializadora Chiquita Brand.

Como parte de los logros que ha alcanzado, el pasado fin de semana exportó las primeras 32 mil cajas de banano bajo la marca “Banana Estrella”.

Los trabajadores hicieron valer su palabra y con esmero empacaron la producción para la nueva comercializadora Centro de Distribuciones Toscana (CEDIT), ubicada en Florencia Italia.

“Bajo las nuevas condiciones de comercialización, esta empresa cooperativa dentro de muy poco tiempo puede encaminarse a buscar su punto de equilibrio y seguir operando como una empresa sólida”, indicó Hirisnel Sucre, gerente interventor.

Alegó que la empresa CEDIT se siente satisfecha con la calidad del banano Premium.

La producción de COOSEMUPAR de los próximos 16 meses la ganó provisionalmente la empresa Internacional Shipping Bussiones Group. No obstante, no se llegó a acuerdos finales y, como CEDIT fue el segundo mejor postor, se le adjudicó los 5.2 millones de cajas de banano, tal y como lo establece las reglas de la bolsa agropecuaria.

Aumento.
Ahora la producción de COOSEMUPAR es mayor, sólo se deja de utilizar el 2% del racimo que ya no es aprovechable para la exportación, a diferencia del 30% que se perdía cuando Chiquita Brand compraba la fruta.

En el año 2007, un racimo de banano sólo llenaba el 0.83% de una caja; sin embargo, ahora que se le vende a la nueva comercializadora extranjera, se obtiene un mayor rendimiento de la fruta que alcanza el 1.14%.

Es decir, que por cada racimo de banano se llena una caja y queda un 14% para comenzar a llenar la próxima.

Sucre confirmó que ahora salen más cajas por hectáreas y se estima que puedan alcanzar en todo el 2008 un aumento de 2,500 cajas. El año pasado sólo obtuvieron 1,900 por hectárea.

Beneficios.
La ventaja para COOSEMUPAR es que la nueva comercializadora no tiene estándares de calidad tan exigentes como Chiquita.

Salustiano De Gracia, secretario general del Sindicato de Trabajadores, dijo que los obreros tienen que poner su esfuerzo para cumplir con los compromisos pactados.

El oro verde y la United Fruit Company en Panamá marzo 2, 2008

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El oro verde

Después de más de 70 años de operación en Puerto Armuelles, Chiquita Brands deja el negocio de la producción de fruta y vende sus activos a los trabajadores

Ana Teresa Benjamín
abenjami@prensa.com

Finca Las Delicias, 1921

Michael Theodore Snyder se casó en 1890 con Seveline Elizabeth Matthews, y vivían en una casa de madera de dos pisos en la ciudad de Bocas del Toro, cuando Bocas todavía estaba inundada de mar y enfermedades.

La ciudad se había expandido sobre un manglar pantanoso y malsano, donde los edificios se conectaban por pasadizos angostos sobre el agua. El terreno incentivaba la malaria y la fiebre amarilla, entre otras enfermedades.

Tal vez no era el mejor sitio para vivir, pero sí para hacer negocio. Snyder había fundado, junto con sus hermanos Charles Louis y Joseph Alfred, la Snyder Brothers Banana Company, que tuvo sus sembradíos de banano a lo largo de la Laguna de Chiriquí, en Cricamola, Chiriquí Grande, Robalo, Uyama, Caucho y Monkey Cay.

Muy pronto dejarían de estar solos. Los Snyder decidieron unirse a Minor C. Keith, que ya tenía un imperio bananero en Costa Rica, para continuar la producción y venta de la fruta. Bocas creció a la par del negocio bananero y otros grupos económicos comenzaron a interesarse en la actividad. Uno de ellos fue la United Fruit Company (UFC).

La UFC se formó en 1899 de la fusión de la Boston Fruit Company y las compañías de Minor C. Keith. Ese mismo año, la UFC también compró la compañía de los hermanos Snyder. Fue así como empezó la actividad de la transnacional estadounidense en Panamá.

 

Decadencia en Bocas, auge en el Pacífico

Entre 1930 y 1940, la producción de banano en la provincia de Bocas del Toro llega a sus niveles más bajos debido a la aparición de la sigatoka. El personal clave y de alta jerarquía administrativa fue trasladado desde Bocas hacia las nuevas divisiones de la empresa ubicadas en el lado Pacífico panameño. Otra parte se fue a Golfito, en Costa Rica.

Uno de los primeros pobladores de la región baruense fue Eliseo Serna, quien se estableció allí cuando el territorio aún era selvático, por el año 1910. Serna había trabajado con Snyder en Bocas del Toro y viajó hacia el Pacífico cuando se enteró de que la United Fruit Company estaba gestionando con el gobierno panameño su traslado a Chiriquí.

En 1914 se hizo el primer intento de colonización masiva en el lado del Pacífico panameño, cuando la compañía azucarera estadounidense Panama Sugar Company estableció en Progreso sus oficinas principales. Luego, esta empresa se declararía en quiebra y sus propiedades fueron embargadas por el Banco de Chiriquí y Charles Wilson, quienes las vendieron a la UFC.

En 1924, un contrato del gobierno con la compañía norteamericana G.G. Way para la construcción de un ferrocarril entre Rabo de Puerco y Concepción, trajo como consecuencia inmediata el establecimiento de la industria bananera en el Pacífico.

Ya para 1926 una comisión de agrónomos y científicos de la UFC arribaba a la zona baruense para encontrar tierras aptas para el cultivo de banano.

En 1927, cuando la recién formada Chiriqui Land Company (Chirilanco) estaba ya por Chiriquí, Serna tenía grandes plantaciones de banano y se las vendió a la transnacional. En 1927 la empresa firma su primer contrato de concesión con el Estado, con el cual se le da derecho de construir y poner en servicio una o más vías férreas del ferrocarril nacional que une a Puerto Armuelles y Progreso, además de utilizar ilimitadamente los recursos naturales, construcción de represas y acueductos, plantas eléctricas, fábricas, hospitales, escuelas, viviendas… La Chirilanco construyó toda la infraestructura que necesitaba en el Pacífico, tal como lo había hecho en el Atlántico.

En 1935 comenzó la construcción de proyectos de vivienda, con una clara diferencia para los jefes norteamericanos, los supervisores y los trabajadores. Es así que se creó una “zona americana”, un “spanish town” y un “servant city”.

El primer embarque de fruta se hizo el 22 de enero de 1929 hacia San Francisco y constó de 750 racimos de banano. A medida que crecían las exportaciones y aumentaba la población en Puerto Armuelles, en las áreas de las fincas se levantaban barracas y se nombraba a las fincas con nombres de árboles del lugar, como Níspero, Palo Blanco, Baco, Balsa y Guayacán, entre otros.

La actividad disminuyó durante los años de la II Guerra Mundial, ya que dejó de plantarse banano para cultivar cáñamo de Manila, una planta biológicamente similar al banano, pero que se utilizaba para producir fibras para sogas.

 

Cambio de dueño

Oficina de la United Fruit Company en la isla de Bocas del Toro, a principios del siglo XX, al fondo, al centro.

Más de 70 años después de esos primeros viajes exploratorios a Chiriquí y del establecimiento de la empresa en el Pacífico panameño, la transnacional, hoy Chiquita Brands Company, decide vender sus activos de la subsidiaria Puerto Armuelles Fruit Company (PAFCO). Llevaba 100 millones de dólares en pérdidas acumuladas en los últimos cinco años, y Chiquita no estaba dispuesta a seguir subsidiando la operación.

La operación no fue fácil. Pasaron varios meses antes de que PAFCO y los sindicalistas agrupados en SITRACHILCO lograran ponerse de acuerdo sobre los términos de la venta, no sin el papel decisivo del gobierno, que a mediados de junio dio luz verde al contrato entre el Estado, PAFCO y SITRACHILCO, suscrito preliminarmente en abril de 2003.

En la práctica, el contrato significa que los mismos trabajadores que durante años mantuvieron tensas relaciones con la empresa, son los dueños hoy de las tres mil hectáreas que PAFCO arrendaba al Estado por 700 mil dólares anuales en Puerto Armuelles.

La transacción tuvo un precio de 20 millones de dólares con un contrato de compra exclusivo de la fruta con Chiquita por un período de 10 años. En la operación fueron liquidados 2 mil 800 trabajadores, aunque se prevé que muchos de ellos comenzarán a trabajar en COOPSEMUPAR, la cooperativa de trabajadores de la SITRACHILCO que negoció con PAFCO.

Chiquita, por su parte, aún opera las poco más de cinco mil hectáreas en donde cultiva banano en la provincia de Bocas del Toro.

Publicado originalmente en La Prensa el 27 de julio de 2003.

Inician exportación de bananos a Italia enero 23, 2008

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contrato.

Coosemupar empaca fruta para Italia

LA PRENSA / Archivo
En cada contenedor caben mil 80 cajas de banano.

Boris Gómez
Especial Para La Prensa

negocios@prensa.com

PUERTO ARMUELLES, Chiriquí. Los primeros nueve contenedores, con mil 80 cajas de banano cada uno, salieron de las empacadoras con destino a Italia, informó Hirisnel Sucre, gerente interventor de la Cooperativa de Servicios Múltiples (Coosemupar).

La empresa, con sede en el distrito de Barú, inicia así el cumplimiento de un contrato con la empresa Centro Distribuzione Toscana, que adquirirá en menos de 15 días la suma de 115 mil cajas de banano. “Esta fruta no es de especificación premium, como la exige Chiquita, pero es de altísima calidad”, declaró Sucre.

La corporación italiana ofreció 5.35 dólares por cada caja. Los italianos contratan el transporte y el mismo llega hasta la empacadora para que los obreros llenen los contenedores, lo que representa un ahorro de 2.08 dólares para la cooperativa.

“Hubo 80 años de producción y por fin sentimos que vamos a trabajar para nosotros”, dijo el secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Company, Salustiano de Gracia.

Puerto Armuelles, Tierra de las Arenas agosto 22, 2007

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Puerto Armuelles, Tierra de las Arenas

Puerto Armuelles es la capital política y económica del Distrito de Barú, localizado en el extremo suroccidental del Istmo de Panamá. Es la ciudad más alejada de la capital panameña con una distancia aproximada de poco más de 550 km.

Mire a Puerto Armuelles en:

1- Puerto Armuelles en OpenStreetMap (OSM)

2- Puerto Armuelles en MapQuest Open

3- Ubicación Puerto Armuelles en Panamá (Google Maps)

Puerto Armuelles visto desde un satélite

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SI UD. ES DE PUERTO ARMUELLES AGREGUE INFORMACIÓN AQUÍ: http://www.guiarte.com/destinos/centro-america/poblacion_panama_puerto-armuelles.html

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Debido a que el pueblo de Barú creció muy rápidamente, desde la llegada de sus primeros pobladores, el Presidente Juan Demóstenes Arosemena lo constituyó en una Comarca. Los primeros pobladores fueron Eliseo Serna y Pablo Castillo Araúz, quienes se dedicaron a la cría de cerdos (puercos) y otras actividades en el lugar, llamado “Rabo de Puerco” en la desembocadura del Río que también se llama Rabo de Puerco. El 27 de febrero de 1924 se le cambió el nombre por Puerto Armuelles. El primer Alcalde de Barú fue Teodicio Rodríguez y el Capitán del Puerto, Fidel Hernández.

El nombre Puerto Armuelles proviene del apellido del Coronel Tomás Armuelles, veterano de la Guerra de Coto que pereció el día 18 de marzo de 1921 en un accidente ferroviario en el Puerto de Pedregal en David y en su honor se cambió el nombre de Rabo de Puerco por el de Puerto Armuelles.

Puerto Armuelles, Av. del Malecón

Es conocida como tierra de las arenas debido a que la mayor parte del área urbana donde se edificó la ciudad y las barriadas de la United Fruit Company está compuesta de suelo totalmente arenoso. Algunas barriadas como Barriada El Carmen (antiguo Silver City) eran comunidades con suelo evidentemente arenosos de origen marino. De hecho el nombre silver city, no sólo tuvo una connotación social, sino que se debió a la textura del terreno donde fue asentada.

Técnicamente la ciudad (sitio urbano como tal) de Puerto Armuelles (no el corregimiento que es mucho más extenso) se extiende desde el Río San Bartolo al este hasta el Río Corotú en el oeste, al sur el Oceáno Pacífico y al norte limita con el territorio construido de Agua Buena, Monteverde y Altos de San Vicente.

Silve City, Barriada El Carmen calle principal

Antiguamente Silver City. Hoy Barriada El Carmen, calle principal.

Como su nombre lo indica, Puerto Armuelles es una región de puertos. En la actualidad tiene 4 puertos de gran calado para el arribo de barcos. El muelle fiscal, ubicado en el Barrio Nacional en el centro de la ciudad y a orillas del Golfo de Chiriquí fue uno de los principales sitios de exportación de bananos durante varias décadas hastas finales de los noventa (1990). Poco a poco a caido en desuso y el abandono, típico de administraciones corruptas e incapaces, que nos les importa con que patrimonio de esta naturaleza e importancia se pierda.

Puerto Armuelles malecón

Vista de la playa al lado del muelle fiscal de Puerto Armuelles y el malecón.

Puerto Armuelles, Silver City, El Carmen

Barrio Nacional en el Centro de Puerto Armuelles.

La década de 1970, 1980 fueron las épocas de oro de la exportación de bananos desde desde este puerto hacia puertos europeos. En la actualidad sólo barcos de pesca cargan combustible y se aprovisionan en este muelle.

Los otros tres muelles, corresponden a un juego de muelles que conforman las instalaciones de Petroterminales de Panamá (PTP) que están ubicados en la famosa Bahía denominada Bahía de Charco Azul, que consiste en una fosa marina de varios cientos de metros de profundidad, ya que en todo el sector periférico de la Península de Burica casi no existe plataforma marina continental. Estos muelles en la actualidad son funcionales, pero están operando a baja capacidad en comparación la década de 1980 y principios de 1990, cuando, luego del desastroso derrame de petróleo del barco petrolero Exxon Valdés, el negocio de la PTP decayó enormemente. También influyó el hecho que EEUU dejara de utilizar las reservas de petróleo de Alaska hasta un segundo momento de necesidad.

La ciudad cosmopolita en el último rincón del país

Puerto Armuelles es el centro urbano más distante de la ciudad de Panamá, capital de República. Está localizado a 500 km de distancia, sin embargo es hoy por hoy, así como lo fue en el pasado, el lugar de país más cosmopolita y con comportamiento social urbano similar a un residente de la capital. En las áreas rurales por su parte, existe una población campesina con hábitos sociales, similares con el resto de la provincia de Chiriquí.

Ese aspecto cosmopolita se consolidó por la gran afluencia de marineros de todas partes de mundo, por la economía estilo norteamericano, por la cercanía de la frontera con Costa Rica y por la gran distancia de la ciudad capital.

Clases sociales o castas asociados a la actividad bananera

La United Fruit Company, conocida en sus mejores momentos, como “Mamita Yunai” diseño un sistema de escala social en la actividad bananera que explotaba, basado en las responsabilidades e ingresos de sus trabajadores. Así se construyeron barriadas con nombres similares a Estados Unidos como la barriada California, Los Angeles, San José, Spanish Town, entre otras. Por ejemplo, la barriada Los Ángeles y San José fueron diseñadas para empleados administrativos de características urbanas, oficinistas y afines. También para trabajadores calificados de los talleres de electricidad, telefónica, ebanistería y mecánica. También se creó la Barriada Fábrica de Cajas, que era para los obreros que laboraban en la fábrica de cajas que utilizaba la compañía.

La barriada Spanish Town fue construida para jefes de niveles medios en diferentes infraestructuras y actividades de la empresa, tales como jefes de muelles, de locomotoras, talleres y actividades afines.

La mejor barriada de Puerto Armuelles se le llamó La Zona, hoy conocida como Barriada Las Palmas, ya que era un emporio similar en arquitectura y urbanismo a la antigua zona del Canal. Se trataba de la barriada donde vivía la gente “rica” y poderosa de Puerto Armuelles. Se trataba de lo jefes y ejecutivos de más alto rango de la empresa: Gerente General, Subgerente, Superintendentes y cargos afines. Ellos vivían en un mundo de privilegios y comodidades realmente envidiables. Eran casas enormes de dos pisos, garages, espaciosas áreas verdes con jardineros, mozos pagados por la empresa y empleadas de oficio, usualmente pagadas por ellos mismos. Tenían una escuela primaria y secundaria con calendario de clases norteamericano, más club social de lujo, canchas de golf, de golfito, de beisbol.

En la década de 1980 la carencia de casas hizo crisis y comenzaron a proliferar las comunidades de precaristas en antiguos sitios ocupados por la United Fruit Company, tal es el caso de la Barriada El Retorno, que se asentó en un antiguo vertedero de basura; Flor de Lima y Corazón de Jesús en antiguas fincas de propietarios privados.

POR FAVOR. ESTE SÓLO ES UN BOCETO DE HISTORIA DE PUERTO ARMUELLES.

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Charco Azul

Puerto Armuelles se llena de nostalgia junio 26, 2006

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CHARCO AZUL. LOS PORTEÑOS ESPERAN QUE OXY, UNA EMPRESA ESTADOUNIDENSE, ESTABLEZCA UNA REFINERÍA.

Puerto Armuelles se llena de nostalgia

El bajón del negocio bananero en la cabecera del distrito de Barú, en la provincia de Chiriquí, ha provocado una intensa migración hacia otras áreas de la provincia. De los más de 46 mil habitantes que eran en 1990, en 2000 eran unos 22 mil. En los mejores tiempos había hasta 10 mil trabajadores en las bananeras, ganando hasta 2 mil dólares mensuales. Los ‘menos afortunados’ tenían salarios de 300 mensuales. El pueblo era una algarabía de gente, fiesta y dinero.

Ana Teresa Benjamín
Flor Bocharel Q.
Fotos: Demóstenes Angel

panorama@prensa.com

Todo comienza aquí, entre la humedad de los bananales. El trabajo de corte está organizado en cuadrillas de dos jornaleros, que deben cortar un número determinado de racimos para llenar los contenedores.697205 Dicen los que lo conocen bien que Puerto Armuelles ya no es el de antes. La actividad comercial ha bajado drásticamente y no extraña: 60% de los porteños está desempleado.

En los 34 años que lleva viviendo, Edgar Alexander Martínez no ha conocido otra cosa que la savia pegajosa del racimo recién desgajado del guineo verde.

“Toda mi vida he estado aquí”, cuenta, casi con pena, mientras en el caserío de Finca Blanco de las bananeras de Puerto Armuelles la lluvia no termina.

Edgar es jornalero y nunca pensó que la bonanza del negocio bananero acabaría algún día. No tenía por qué, después de todo, porque desde que pudo abrir sus ojos no vio otra cosa que bananales inmensos y barcos grandísimos que llegaban al puerto a recoger la fruta que él cortaba.

Puerto Armuelles fue, por décadas, un remolino constante. Los jornaleros cortaban la fruta que se empacaba y viajaba, en tren, hasta el ‘mismísimo’ puerto. Allí entraban en acción los hombres curtidos del muelle, los mejor pagados. Para producir la fruta se había creado una fábrica de cajas y, para mantener en condiciones los equipos, un taller electromecánico.

Este ir y venir propició la apertura de restaurantes, bares y prostíbulos. Hasta un buen cine había y también clubes sociales. Eso sí, uno para la alta administración, otro para el pueblo.

Desde siempre, claro, Edgar supo que la dueña de todas las plantaciones, de todas las máquinas, de casi todo Puerto Armuelles, no era otra que Mamita Yunait.

“Mamita” empleaba a casi todos, pagaba salarios de oro, proveía el transporte escolar, recogía la basura, y hasta les vendía la cerveza a los trabajadores allí mismo, en los comisariatos de las fincas.

Quizás por eso es que Edgar no se sentía ni un poquito incómodo cuando se le quemaba un foco de la casa donde vivía y se sentaba a esperar que algún empleado de la Chiquita Brands llegara a reemplazarlo. “La casa no era mía”, decía.

Pero ahora solo llueve. Sin más alegría que la esperanza. Edgar espera al tercer hijo y el piso de madera de la casa donde vive se deshace con las polillas.

“Antes, la cosa estaba mejor”, cuenta Yeimy, su esposa. “Antes no pagábamos agua ni luz”, agrega. “Cuando llegaba la quincena había plata. Ahora compras el alimento y ya se va”.

Por su trabajo, Edgar recibe ahora unos 100 dólares mensuales, después de todos los descuentos comerciales y la deducción para la cuota del Seguro Social. Resulta, sin embargo, que la atención que recibe en el Seguro es a medias. “Te atienden, pero a la hora de buscar las medicinas no te las dan”, cuenta.

La Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles (Coosemupar), la dueña del negocio bananero desde el 30 de junio de 2003, tiene una deuda de 3 millones de dólares con la institución y lejos está de saldarla.

Aunque gorda, estos millones son la mínima parte de las deudas pendientes de Coosemupar: en total se deben 34 millones de dólares, una cantidad de dinero que está por estrangular a la cooperativa y que amenaza con desaparecer a los últimos 2 mil 800 trabajadores que todavía dependen de lo que antes fue la próspera actividad del “oro verde”.

La tristeza de un puerto

Todos dicen lo mismo. Casi no importa que suene a cliché, porque en Puerto Armuelles parecen pensar que todo tiempo pasado fue mejor.

Lo dice Carlos Maestre, por ejemplo, director médico del Centro de Salud de pueblo, que pareciera que está por derrumbarse. “Me tocó ver cómo cayó Puerto Armuelles”, relata, mientras saca cuentas mentales para decir, por fin, que en tres años la cantidad de pacientes que atiende ha bajado 40%. “Se han ido a David, a Paso Canoa, a Concepción”, explica.

Los números le dan la razón. En los censos de 2000 -cuando la crisis bananera ya había empezado y prometía empeorar- la cantidad de habitantes de Puerto Armuelles (cabecera del distrito de Barú) era de 22 mil 755 personas. Diez años antes eran muchísimos más: 46 mil 93.

Y es que Puerto Armuelles era, sin duda, un imán. Un muellero ganaba fácilmente 2 mil dólares al mes y el peor pagado se hacía 300.

Precisamente este auge atrajo a Eustaquio González, hace quién sabe cuántos años. A los 12 años se sintió lo suficientemente hombre como para buscar empleo. Salió de Gualaca, su pueblo natal, y atravesó el río Chiriquí para alcanzar la ciudad de David. Allí trabajó un tiempo, reunió unos “realitos” y se puso como destino Rabo de Puerco, el antiguo nombre de Puerto.

“Hablé con el foreman de Finca Lechoza, y como era muy joven me asignaron el trabajo de ‘yardero”, cuenta hoy, sentado en las escaleras desvencijadas de la otrora gloriosa oficina central de Chiquita en el pueblo.

González consiguió un cuarto en los campamentos de la finca y compraba comida en los comisariatos. “La leche costaba 10 centésimos el litro; y la carne, 50 centésimos la libra”. Pero ahora la historia es muy distinta.

Dice Magaly Cubilla -ahora directora del Primer Ciclo de Puerto Armuelles- que el principio del final empezó en 1981, cuando la compañía cerró el Departamento de los Comisariatos, en donde trabajaba su padre, Domingo Cubilla.

Lo que pareció un desastre al principio, al final fue un salvavidas. Como para Domingo fue muy claro que Chiquita no duraría para siempre, ligero mandó a sus hijos a David, para que terminaran sus estudios. “Fui a la universidad manejando taxi en el día”, cuenta la profesora.

Por eso que, hoy día, la directora es una de las pocas en Puerto que no depende directamente de la bananera para sobrevivir.

Sin embargo, tampoco ella pierde las esperanzas en la fruta. “Yo creo en la rehabilitación de las bananeras”, comenta, sin olvidar ese proyecto que todos comentan y que dicen será, por fin, el remedio contra todos los infortunios: la refinería en la bahía de Charco Azul.

“Le apostamos a la refinería”, dice Carlos Carbonó, presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Armuelles. Una refinería de la cuarta petrolera más grande de Estados Unidos, la Oxy. Un proyecto de 6 mil millones de dólares que todavía está en veremos.

Una esperanza que, después de todo, sigue siendo gringa.

La otra ‘zona’ en Panamá

En Puerto Armuelles nadie habla de césped ni de grama; todos allí le dicen “yarda”. Si se pregunta por un capataz es probable que pocos entiendan, porque en el pueblo todos los conocen por el “foreman”.

Puerto Armuelles nació bajo el paraguas de Chiquita Brands que construyó carreteras, viviendas y alcantarillados alrededor de miles de hectáreas de tierras que utilizó, por décadas, para la siembra del banano.

En los mejores tiempos se vendieron 40 millones de cajas; hoy, no salen ni 10 millones.

Como un pequeño reino estadounidense, los barrios de Puerto tenían nombres en inglés. La Buena Vista de hoy, por ejemplo, se llamaba Spanish Town. La Barriada El Carmen era la Silver City, la barriada de los muelleros.

La zona más exclusiva era Las Palmas, en donde hoy funciona Las Palmas School. No todos entraban a “la zona”, por supuesto. Había garita para controlar las entradas y salidas.

La compañía también construyó casas en barrios a los que llamó California y Los Ángeles. Los trabajadores que no vivían en las bananeras tuvieron la opción de comprar casas a muy bajos precios en estos lugares.

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