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El conflicto bélico de 1921 entre Costa Rica y Panamá marzo 1, 2008

Posted by BPP in Historia.
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EL CONFLICTO BELICO DE 1921 ENTRE COSTA RICA Y PANAMA

Luis Fernando Sibaja Ch.*
Universidad de Costa Rica

I. ANTECEDENTES

1. El problema fronterizo

En el año de 1921 las Repúblicas de Costa Rica y Panamá se vieron envueltas en una lucha fatricida de hondas y dolorosas repercusiones. Este conflicto tuvo como causa fundamental una añeja controversia sobre la fijación del límite definitivo entre los dos países.

Antes de entrar de lleno en el problema, conviene referirse en forma breve a los principales aspectos que, a través del tiempo, había presentado la disputa limítrofe citada.

Ya desde el año de 1824 el dominio español en la mayor parte de Hispanoamérica se había derrumbado y había dado lugar a la aparición de numerosas Repúblicas en la plenitud de su soberanía. Como es natural, desde un principio cada uno de los nuevos Estados trató de definir con claridad sus límites territoriales; sin embargo, esto originó numerosos problemas que dos Estados vecinos reclamaban para sí. Recordemos que aún hoy día muchas de esas controversias tienen plena vigencia.

En el caso particular que nos ocupa, desde un principio fue evidente el desacuerdo entre Costa Rica y Colombia. Basándose en especial en una Real Cédula del 1 de diciembre de 1573, los costarricenses reclamaban como límite una línea que partía del Escudo de Veragua, en el Atlántico, y terminaba en el río Chiriquí Viejo, en la costa del Pacífico.

Colombia por su parte se basaba en una Real Orden del 20 de noviembre de 1803 para reclamar como perteneciente a su territorio toda la Costa Atlántica de Costa Rica, hasta la desembocadura del río Sarapiquí. Por el lado del Pacífico, los colombianos fijaban el límite en el río Golfito.

Durante el siglo XIX hubo varios intentos de arreglo directo entre los dos países, pero ningún acuerdo llegó a fructificar. Por esta razón, decidieron ambos someter el asunto al arbitraje del presidente de Francia.

El 11 de setiembre de 1900 el árbitro Mrs. Emile Loubet dictó su fallo de la siguiente forma:

“La frontera entre las Repúblicas de Colombia y de Costa Rica será formada por el contrafuerte de la cordillera que arranca de la Punta Mona en el Océano Atlántico y cierra al norte el Valle del río Tarire o río Sixaola, y luego por la cadena de división de las aguas entre el Atlántico y el Pacífico, hasta el 9° de latitud próximamente; Seguirá después de la línea de división de las Aguas entre el Chiriquí Viejo y los afluentes del Golfo Dulce para ir a terminar a la Punta de Burica en el océano Pacífico”. (1)

Inmediatamente el gobierno de Costa Rica dio una interpretación del fallo, haciendo ver que si esa interpretación no era acogida entonces el fallo no tenía validez, pues adolecía del vicio de ultra- petita ya que el árbitro se había excedido en sus funciones al conceder a Colombia una región en la zona del Pacífico, nuestro gobierno estuvo en todo momento conforme.

Como el problema se mantuvo sin solución, en el año de 1910 los gobiernos de Costa Rica y Panamá (independiente de Colombia desde 1903) firmaron la convención Anderson Porras, en cuya primera cláusula se estableció lo siguiente:

“La República de Costa Rica y la República de Panamá, si bien consideran que la frontera entre sus respectivos territorios designada por la sentencia arbitral de S. E. el Presidente de la República Francesa, el 11 De setiembre de 1900, es clara e indubitable En la región del Pacífico, desde la Punta Burica hasta un punto en la cordillera Central más arriba del Cerro Rando, cerca del grado noveno (9º) de la latitud Norte, no han podido ponerse de acuerdo respecto de la inteligencia que debe darse al Laudo Arbitral en cuanto al resto de la línea fronteriza; y para dirimir sus diferencias convienen en someterlas a la decisión del Honorable Chief Justice de los Estados Unidos, quien en calidad De Arbitro determinará: Cuál es el límite entre Costa Rica y Panamá más conforme con la correcta interpretación y verdadera intención del Laudo del Presidente de la República Francesa Del 11 de setiembre de 1900? Para decir el punto, El Arbitro ha de tomar en cuenta todos los hechos circunstancias y consideraciones que puedan influir en el caso, así como la limitación del Laudo Loubet expresada en la nota de S. E .M. Delcassé Ministro de Relaciones Exteriores de Francia, a S. E. el señor Peralta, Ministro de Costa Rica en París, de que la Frontera debe ser trazada dentro de los límites del Territorio en disputa … (2)

En esta oportunidad se escogió como árbitro al Chief Justice de los Estados Unidos de América.

El fallo fue dado a conocer por Mr. Edward Douglas White, el 12 de setiembre de 1914. En primer lugar, el árbitro declaró como no existente la línea fronteriza que se propuso fijar el Laudo Loubet en la zona del Atlántico; luego estableció que la línea divisoria de los dos países, más conforme con la correcta interpretación y verdadera intención de dicho laudo, era la formada por los ríos Sixaola y Yorquín. (3)

De inmediato, el Gobierno de Panamá impugnó la decisión en forma categórica, argumentando para ello que Mr. White se había extralimitado en los poderes que le habían sido concedidos.

Sin entrar a estudiar si los panameños tenían razón o no para adoptar esa actitud, nos interesa destacar el hecho de que en el año de 1914, después de numerosos intentos de arreglo directo y de dos arbitrajes internacionales, la situación limítrofe entre Costa Rica y Panamá seguía sin soluciones. Esta misma solución se mantendrá en los años siguientes y llevará al conflicto de 1921.

Después del rechazo por parte de Panamá del fallo White, cada país fijo por su propia cuenta y de acuerdo, desde luego, con sus propios puntos de vista e intereses, una línea limítrofe provisional o línea de statu quo.

En enero de 1915 el Gobierno de Panamá fijó el límite provisional por el lado del Pacífico en el río Golfito, argumentando para ello que el territorio comprendido hasta ese río había estado en manos de los colombianos antes de que se dictaran los fallos Loubet y White; sostenía el Gobierno de Panamá, que como esas decisiones arbítrales no habían sido aceptadas entonces la situación era la misma anterior a los convenios que habían originado tales decisiones. En otras palabras, los panameños van a utilizar como argumento fundamental la necesidad de volver al statu quo anterior a los convenios de arbitraje y, a la vez, van a interpretar que ese statu quo debía estar determinado por el río Golfito.

En marzo de 1915 el Gobierno de Costa Rica refutó las afirmaciones de Panamá y fijó su propio límite provisional.

Señalaba en primer lugar que Colombia, de la que Panamá había heredado la disputa limítrofe, nunca tuvo autoridades al norte de Punta Burica y que Costa Rica rechazó siempre todas las pretensiones de ese país para fijar el statu quo en el río Golfito.

Indicaba luego que de todas formas la discusión sobre el statu quo era bizantina, pues el Convenio de 1910 tenía dos caracteres: uno, como tratado definitivo y perfecto de límites; el otro, como convención de arbitraje. Esta dualidad se debía a que las partes comenzaban declarando, del modo más solemne y explícito, su aceptación de la línea fronteriza fijada por el presidente Loubet en la parte del Pacífico, y terminaban diciendo que por cuanto no habían podido llegar a un acuerdo con respecto al resto de la línea, convenían en someterse al arbitraje del Chief Justice.

En otras palabras, Costa Rica iba a considerar como definitivamente solucionado el problema limítrofe en el lado del Pacífico, el cual había sido establecido en Punta Burica mediante el Laudo Loubet y la Convención Anderson – Porras, negando así a Panamá cualquier derecho a abogar por el statu quo anterior a esos convenios.

De lo expuesto se desprende que a partir del año de 1915 el peligro de un grave choque fronterizo fue constante. El conflicto estallará cuando ambos Gobiernos quieran ejercer una autoridad efectiva en el territorio situado entre Punta Burica y el río Golfito.

Conviene conocer también cuál era la opinión del Gobierno de los Estados Unidos en este asunto, debido al importante papel que desempeñó en el problema que nos ocupa.

El 8 de mayo el Secretario de Estado, Mr. William Jennings Bryan, comunicó que su gobierno apreciaba como un deber ejercer tanta influencia como fuera posible a fin de que se llevara a cabo el fallo White.

En realidad, Mr. Bryan consideraba como un hecho que ese fallo se ejecutaría y eso se desprende del siguiente párrafo:

“Al mismo tiempo este Gobierno abriga la esperanza de que los Gobiernos de Costa Rica y Panamá considerarán con espíritu de vecindad y amistad cualesquiera asuntos incidentales que pudieran sobrevenir al llevara efecto el fallo”. (4)

La situación del Gobierno de Panamá se tornó difícil al serle adversa la opinión del poderoso Departamento de Estado; por ello trató entonces de llegar a un arreglo directo con el Gobierno de Costa Rica.

Con ese objetivo llegó a San José a fines de junio de 1915 el General Santiago de la Guardia. El 3 de julio se entrevistó con el Presidente Alfredo González Flores y los señores Manuel Castro Quesada y Julio Acosta García. Sin embargo, su gestión no tuvo ningún resultado, pues los funcionarios costarricenses manifestaron que la única solución posible del problema consistía en que Panamá aceptara el fallo White. (5)

Como era de todos conocida la firme e importante opinión del Departamento de Estado, con respecto a la validez del fallo White, se propuso entonces el Gobierno de Costa Rica hacer todo lo posible porque la decisión del Chief Justice se cumpliera.

En efecto, el 2 de junio de 1916 don Julio Acosta García, Secretario de Relaciones Exteriores, envió una nota al Ministro de Costa Rica en Washington manifestando las siguientes intenciones:

“Desea el Gobierno tener en su apoyo toda la fuerza legal para proceder a la ocupación material del territorio que le corresponde, de acuerdo con el Laudo del Chief Justice en la cuestión de límites con Panamá. Con este propósito, ha dispuesto el Gobierno que, si V. cree que ha llegado la hora, y en la forma que estime conveniente, se dirija a aquel Alto Magistrado solicitando el nombramiento de los dos ingenieros que le corresponde según lo estipulado en el inciso segundo del Artículo VII, en relación con el Artículo II de la Convención Anderson- Porras.” (6)

Véase cómo, hábilmente, el Gobierno de Costa Rica trató de inmiscuir directamente a los Estados Unidos en la controversia. Siendo un hecho que el Departamento de Estado estaba firmemente convencido de la validez del fallo White, entonces, al nombrar el Chief Justice los ingenieros encargados amojonar la frontera y hacer Costa Rica lo mismo, Panamá se vería en una posición muy incómoda y tendría que aceptar el fallo White o, por lo menos, desocupar la región al norte de Punta Burica. No olvidemos que las opiniones del Departamento de Estado han tenido un valor decisivo en los asuntos de los gobiernos latinoamericanos.

A pesar del evidente interés del Gobierno costarricense, no se llegó a nada en concreto. Probablemente se estaban realizando las gestiones del caso cuando se produjo el golpe de estado del 27 de enero de 1917 que dio origen al gobierno de Tinoco.

Durante ese período, y los gobiernos de don Juan Bautista Quirós y don Francisco Aguilar Barquero, no hubo actividades relacionadas con el asunto limítrofe.

El 8 de mayo de 1920 asumió la Presidencia don Julio Acosta García.

A los pocos meses de haberse inaugurado el nuevo gobierno, en octubre de 120, el Jefe Político del Cantón de Osa envió un informe sobre avances de autoridades panameñas en territorio costarricense. (7)

Esa información le fue comunicada a don Ricardo Fernández Guardia, quien se encontraba en Panamá en Misión Especial para saludar al infante de España, Fernando de Baviera, de paso por ese país.

El 9 de noviembre se entrevistó el señor Fernández Guardia con el Dr. Ricardo J. Alfaro, Secretario de Relaciones Exteriores interino y le expuso la preocupación del Gobierno de Costa Rica por los informes llegados a la zona fronteriza. A esto replicó el señor Alfaro que los informes debían ser inexactos o cuando menos exagerados porque las autoridades panameñas tenían orden de no avanzar i una pulgada más allá de donde estaban. (8)

En todo caso, los informes recibidos movieron al Gobierno del señor Acosta a tomar posesión del territorio que ocupaba Panamá a este lado de Punta Burica. Esas intenciones fueron comunicadas el 24 de noviembre de 1920 al Lic. Don Octavio Beeche, Ministro en Washington, por el Lic. Alejandro Alvarado Quirós, Secretario de Relaciones Exteriores. Expresaba don Alejandro que los panameños habían penetrado ya en el distrito de Cañas Gordas, donde los colombianos nunca pusieron los pies,

“Con este motivo el señor Presidente Acosta manifestó de palabra al señor Martín, encargado de Negocios de los Estados Unidos, que esos avances panameños, que parecen obedecer a un plan metódico, eran ya intolerantes y que tenía el propósito de enviar al territorio de Gofo Dulce una fuerza militar con instrucciones de desposeer a las autoridades panameñas intrusas y tomar posesión de lo que nos dan el Laudo Loubet y el tratado Anderson – Porras. Para conocimiento de V. debo manifestarle que el Gobierno tiene realmente la intención de hacer lo anterior si a ellos se viera obligado para resguardar los legítimos derechos de la República “. (9)

Deseando probablemente tener más información antes de llevar a la práctica sus planes, el Gobierno encargó en diciembre de 1920 al señor A. Renaul de la Croix para que hiciera un recorrido por la zona comprendida entre el río Golfito y la Punta Burica.

El 11 de enero de 1921 el señor de la Croix presentó el informe de su misión. Manifestó que en el Pueblo Nuevo de Coto el Gobierno panameño había nombrado al señor Manuel Pinzón como Corregidor y que, según informo un particular, pocos días antes había sido nombrado con igual cargo en Cañas Gordas el señor Ambrosio del Cid. Presentó también el señor de la Croix una declaración de don Tobías Pérez Uribe, quien afirmaba que en 1920 obtuvo en un remate una concesión del Gobierno de Panamá para explotar los cocales situados desde Punta Burica hasta Punta Coto (desembocadura del río Coto) y por eses derecho pagaba doscientos dólares anuales. (10)

Pocas semanas después de conocido este informe, el gobierno de Costa Rica envió un destacamento, para que tomara posesión de la zona fronteriza.

2) Situación económica y social del territorio en disputa

Consideremos que el problema limítrofe fue la causa fundamental del conflicto que a continuación estudiaremos. No creemos que aspectos de tipo económico o social influyeron de manera decisiva en el asunto, ya que en el año de 1921 la zona comprendida entre el río Golfito y Punta Burica no tenía ninguna importancia económica y estaba prácticamente deshabitada. El mejor testimonio de esta situación lo encontramos en el informe ya citado del señor A. Renauld de la Croix. De acuerdo con el censo que levantó, en toda la región había solo 67 habitantes distribuidos de la siguiente forma: once en la población de Golfito (constituida por seis ranchos), treinta y dos en las márgenes del río Coto y su afluente el Colorado (incluyendo los habitantes de seis ranchos que formaban el caserío de Pueblo Nuevo de Coto), doce en las márgenes del río Conte y la Punta Burica. Conviene destacar el hecho de que todos estos habitantes eran de origen chiricano.

Dice luego e señor de la Croix:

“Las propiedades son de ínfima importancia y el número de cabezas de ganado insignificante; los ranchos de construcción rudimentaria son sumamente pequeños; no hay una sola casa en toda la región”. (11)

La situación o había cambiado mucho desde el año de 1907. en esa época recorrió la zona un viajero, quien manifestó que la mayoría de los habitantes se dedicaba a la agricultura, pero en escala tan pequeña que casi no producían lo que comían. (12)

Parece que en el año 1921 la actividad más importante era la explotación de los cocales de la costa entre Coto y Burica. Sin embargo, el negocio no debía ser muy lucrativo, puesto que al rematarse la concesión de esos cocales la cantidad máxima que se llegó a ofrecer fue de doscientos dólares anuales, según lo manifestó don Tobías Pérez. El concesionario vendía la copra (médula del coco a la empresa Coco Copra Company, que tenía su sede en la población fronteriza de Divalá. (13)

No se había desarrollado en esta época el cultivo del banano, actividad ésta en la que siempre hay poderosos intereses en juego. No fue si no hasta en 1930 que la empresa Gulf of Dulce Land Company, subsidiaria de la United Fruit Company, obtuvo la adjudicación de ciertas tierras en la desembocadura del río Grande de Térraba, cerca de la zona en disputa. (14) Varios años después, en 1938, se le adjudicaron a la Compañía Bananera de Costa Rica importantes tierras en la zona del Pacífico Sur, entre ellas el valle del río Coto. A partir del año 1938 sí empezó realmente esta zona a tener un papel importante en la economía de Costa Rica.

En el territorio que actualmente pertenece a Panamá había mayor actividad. Probablemente lo más importante era el cultivo de la caña de azúcar, pues una empresa dominada “Panamá Sugar Company” había construido, antes de 1921, un ferrocarril entre Rabo de Puerco (hoy Puerto Armuelles) y la pequeña población de Progreso, que era una especie de campamento de esa empresa. (15)

Había también en la zona panameña mejores vías de comunicación, pues entre los años 1914 y 1916 una empresa extranjera, contratada por el Gobierno de Panamá, había construido el llamado Ferrocarril Nacional de Chiriquí; éste tenía 57 millas de longitud y se extendía desde el puerto de Pedregal hasta el pueblo de Concepción. (16)

Tampoco del lado panameño se habían desarrollado las actividades bananeras. No fue sino hasta en 1926 que la United Fruit Company compró un extenso núcleo de tierras entre Progreso y Puerto Armuelles para dedicarlas a la producción bananera. (17)

3) El statu quo en la zona del Pacífico.

Hemos visto que la posición panameña, luego de impugnar el fallo White, consistió en volver al statu quo existente antes del Laudo Loubet.

Desde el punto de vista de Costa Rica ese statu quo no tenía absolutamente ninguna importancia, puesto que había sido superado por el Laudo LOUBET Y LA Convención Anderson – Porras. Para Panamá era el fundamento de su posición.

Dada su importancia para una de las partes, expondremos a continuación en forma muy resumida diferentes declaraciones de los dos gobiernos, en torno al statu quo.

A) Costa Rica

En julio de 1876 manifestó que le statu quo provisional lo formaba la Puta Burica. (18)

En 1879 desconoció el derecho de propiedad de Colombia a los Cocales de Burica y reemplazó a la autoridad de ese país ahí establecida por una costarricense. (19)

En setiembre de 1880, ante una amenaza de guerra de la poderosa Colombia, se vio obligada Costa Rica a retirar la autoridad de Punta Burica; manifestó en esa oportunidad nuestro gobierno que lo hacía para conservar el statu quo jurisdiccional. (20)

En mayo de 1901, el Presidente Rafael Iglesias manifestó en su mensaje al Congreso que le Laudo Loubet satisfacía en mucho las aspiraciones de Costa Rica en lo referente a la parte sur adjudicaba una buena porción del territorio que el statu quo provisional de fronteras le negaba. (21)

El 3 de mayo de 1906 manifestó don José Astúa Aguilas, Secretario de Relaciones Exteriores, al Ministro de los Estados Unidos en Costa Rica que en virtud del statu quo vigente la línea divisoria la formaba el río Golfito.(22)

El 26 de mayo de 1906 el nuevo Secretario de Relaciones Exteriores, Lic. Luis Anderson, manifestó que si sólo se tomara en cuenta el punto de vista colombiano y no el costarricense, habría que señalar el statu quo en el río Golfito. O indicó cuál era su punto de vista. (23)

El 1 de mayo de 1915 el Lic. Manuel Castro Quesada, Secretario de Relaciones Exteriores, manifestó que Costa Rica no había reconocido nunca como statu quo jurisdiccional el río Golfito. (24)

b) Colombia y Panamá

El 13 de julio de 1880 el Senado de Colombia declaró que el statu quo lo formaba el río Golfito. (25)

El 16 de julio de 1880 l Secretario de Relaciones Exteriores de Colombia instruyó al Dr. Carlos Holguín nombrado Ministro Plenipotenciario en Costa Rica. L dijo que debía exigir como condición previa a cualquier discusión, que Costa Rica retirara la autoridad nombrada en Punta Burica. También, le manifestó que no hiciera igual exigencia con respecto a la autoridad ejercida por Costa Rica en la población de Isla, fundada seis años antes al sureste del río Golfito, pues romper un hecho tolerado durante esos años no estaría bien justificado. (26)

El 6 de setiembre de 1880 el Presidente de Colombia declaró que la línea del statu quo la formaba el río Golfito. Mediante una seria amenaza de guerra obligó a los costarricenses a que quitaran la autoridad establecida en Punta Burica. (27)

El 16 de marzo de 1901 la cancillería de Bogotá propuso como frontera provisional el río Golfito. (28)

El 2 de agosto de 1904, en la Resolución número 28 de la Secretaría de Gobierno y Relaciones exteriores, se expresó que mientras no se ejecutara el Laudo Loubet, Costa Rica estaría en posesión de parte del territorio otorgado a Panamá en el Atlántico, así como Panamá lo estaría en la parte del territorio costarricense en el Pacífico. (28)

En marzo de 1910 se manifestó el Dr. Belisario Porras que Panamá últimamente había retenido un nominal tenencia o administración la zona hasta el río Golfito. (29)

De las declaraciones expuestas se deduce que Colombia y Panamá reclamaron siempre como del statu quo el río Golfito. Sin embargo, es evidente que en la región de Punta Burica fueron especialmente celosos de sus autoridad y no así en el resto de la zona.

Por parte de Costa Rica, la situación se presenta más compleja. En 1880 fue obligada por la fuerza a renunciar a toda pretensión de poseer provisionalmente la zona de Punta Burica. Evidentemente una buena porción del territorio situado al oeste del límite fijado por Loubet estaba en manos de Colombia. Así lo reconoció en 1901 don Rafael Iglesias en forma categórica.

II. Los sucesos en la región del Pacífico Sur:

1) La causa inmediata del conflicto:

El 20 de febrero de 1921 se reunió el Presidente Acosta con su gabinete. Después de considerar que era una obligación indeclinable desalojar a las autoridades panameñas de los pueblos invadidos, se decretó lo siguiente:

“Artículo 1. Declárese atentatoria contra la soberanía de Costa Rica la ocupación por Panamá de la región al Oeste y al Norte de la línea fronteriza entre ambas Repúblicas, según fue estatuída por el Laudo Loubet de 11 de setiembre de 1900 y confirmada por el tratado Anderson – Porras del 17 de marzo de 1910 y el Laudo White del 12 de setiembre de 1914. Artículo 2. En lo sucesivo dicho territorio queda bajo el mando de las autoridades civiles y militares de la República. Artículo 3. Encárgase al señor Secretario de Estado en el Despacho de Gobernación y Guerra Marina, de la ejecución de este decreto”. (30)

El día anterior, el coronel don Héctor Zúñiga Mora había sido nombrado comandante militar de la zona del Golfo Dulce, con órdenes de trasladarse inmediatamente a su jurisdicción. El mismo 19 de febrero partió don Héctor hacia Puntarenas, con 29 soldados del cuartel de Alajuela. (31)

El 21 de febrero a las 2 de la tarde llegó el destacamento a Pueblo Nuevo de Coto. Después de tomar posesión en forma solemne de la zona, notificó al Comandante Zúñiga al Corregidor de Panamá que su autoridad cesaba desde ese momento y anuló la concesión de los cocales de Burica que la Municipalidad de Alajuela había otorgado a don Tobías Pérez Uribe.

Envió luego una nota al Gobernador de la provincia de Chiriquí informándole que por órdenes del Gobierno de Costa Rica y en acatamiento del fallo White, tomaba posesión de Coto. (32 El Gobernador apenas recibió esa nota la transcribió al Presidente de Panamá don Belisario Porras, agregando al final:

“El pueblo chiricano protesta enérgicamente por este atentado contra la soberanía nacional y en masa espera órdenes para repeler por la fuerza tamaño ultraje”. (33)

El 22 de febrero recibió don Belisario la comunicación citada y convocó inmediatamente a Consejo de Gabinete.

El acto de Costa Rica se interpretó como una invasión al territorio panameño y se decidió entonces guardar completo silencio sobre el asunto, para tratar de sorprender a los costarricenses. Lo que más preocupo en ese momento al Gabinete panameño fue la carencia de ejército, suprimido en 1904,y la escasez de armas de largo alcance. (34) Esto último se debía a que en 1916, a consecuencia de choques entre civiles de la capital y soldados de la Zona del Canal, los panameños se habían visto obligados a entregar muchas de estas armas a las autoridades norteamericanas. (35)

Por decisión del Gabinete, el día 22 por la noche salió para Chiriquí, a bordo del vapor “Veraguas”, una fuerza compuesta por 100 policías, quienes llevaban un armamento de 50 rifles y 50 carabinas. El destacamento iba al mando del capitán Manuel Quintero Villareal, nombrado Jefe Supremo de la Campaña.

Donde primero se hizo público el problema fue en Panamá. El 24 de febrero a las 10 de la mañana circuló una edición extraordinaria del “Diario Nacional”, dando cuenta de la ocupación de Coto por los costarricenses.

La noticia inquietó a los panameños y por la noche se reunió un numeroso grupo en la Plaza de Santa Ana, situada en la ciudad de Panamá. Desfilaron por la Avenida Central y llegaron luego a la Presidencia, donde emplazaron al Dr. Porras para que diera explicaciones sobre el asunto. Don Belisario informó entonces de la expedición que se había enviado ya a Coto.

El 25 de febrero fueron conocidos en Costa Rica los sucesos que acabamos de relatar; a las 7:30 de la mañana se recibió una comunicación de Tomás H. Jácome, cónsul en la ciudad de Panamá, relatando esos hechos. El señor Jácome, de nacionalidad panameña, renunció a su puesto de inmediato. (37)

En la noche se organizó una manifestación que recorrió varias calles de San José y llegó hasta el Consulado de Panamá. Ahí tomaron la palabra varias personas y luego algunos manifestantes arrancaron el Escudo de Panamá. La multitud se dirigió después a la Casa Presidencial, donde el Presidente Acosta García les dirigió algunas palabras, exaltando el espíritu de patriotismo. (38)

2) El destacamento del Coronel Zúñiga cae prisionero.

El Gral. Quintero estableció su centro de operaciones en Progreso. Don Belisario Porras se comunicaba constantemente con él mediante el telégrafo, y el 24 de febrero le recomendó que procurara aislar el destacamento costarricense, evitando que recibiera refuerzos y víveres.

El 25 de febrero el Gral. Quintero decidió enviar al Capitán Armuelles con Antonio Alvarado y ocho policías escogidos para que hicieran un reconocimiento de la Zona. Salió el grupo de Progreso a las cuatro de la tarde, y a las tres de la mañana del día 26 llegaron a Lagarto, punto situado cerca de la desembocadura del río Coto. A la una de la tarde estaban a una milla de Pueblo Nuevo de Coto, y desde ahí hizo llamar Armuelles al corregidor Manuel Pinzón, con quien tuvo una entrevista. (39)

Emprendió el Capitán Armuelles el regreso, y al llegar al Lagarto se encontró con 18 policías panameños al mando del Capitán Solís. En el transcurso de la noche y en las primeras horas del domingo 27 de febrero llegaron más fuerzas panameñas a Lagarto hasta alcanzar un total de 126 hombres. (40)

Entonces, conociendo el Capitán Armuelles las fuerzas con que contaban los costarricenses (30 soldados) y siendo las suyas superiores, decidió realizar al ataque. Ordenó al Capitán Laureano Gasca y su gente, doce voluntarios de la población de Bugaba, que se pusiera a la vanguardia de las tropas.

Este grupo llegó muy cerca del pueblo y sorprendió a dos hombres armados que venían de la orilla del río Coto; resultaron ser los jefes de la expedición costarricense, Coroneles Héctor Zúñiga y Daniel González.

El mayor Ricardo Franceschi, voluntario panameño, describe a su manera lo que sucedió en el momento del encuentro con los dos costarricenses:

“Al verso frente a ellos Gasca, casi maquinalmente colocó la punta de su espada, tantas veces victoriosa en Colombia y Panamá, sobre el cuello del que resultó ser el Coronel Zúñiga Mora. En ese trance, el militar costarricense y su compañero, coronel Daniel González, pidieron que no los mataran”. (41)

Don Héctor Zúñiga relata de manera bastante diferente los acontecimientos, pues afirma:

“A las siete horas salí de mi campamento en compañía del Coronel González en vía de exploración con el convencimiento pleno de que estaba muy cerca de la fuerza panameña. Tomé el camino que conduce a Lagarto y en el primer estero, un riachuelo de escaso caudal cenagoso y hondo, nos detuvimos a tirara unas palomas y a conversar sobre asuntos ajenos a nuestro cometido, a fin de inspirar a la fuerza enemiga absoluta confianza. Así fue e instantes después empezaron a salir del bosque soldados panameños los que en el primer momento nos hicieron cierta impresión desagradable por la cara de ferocidad que demostraban y por sus uniformes caracteres de raza negra … nos intimaron rendición a lo cual yo contesté que en ninguna forma podía ser sometido a prisión, toda vez que yo representaba una entidad y permanecía en territorio costarricense”. (42)

Manifestó el Coronel Zúñiga que después de estar discutiendo un rato sobre la situación, propuso un armisticio que fue aceptado por los panameños. Los dos grupos se instalaron en el cuadrante del pueblo y la gente del Capitán Armuelles escogió los lugares más dominantes.

Dos horas después el jefe de la tropa panameña recibió una nota del general Quintero, y de inmediato ordenó desarmar a los costarricenses.

Es seguro que existió el arreglo o compromiso entre las dos fuerzas al que hace referencia don Héctor Zúñiga, pues el propio Capitán Armuelles dice lo siguiente:

“me dirigí al jefe Zúñiga y le dije “Coronel hágame el favor de rendirse y ordenar se nos entreguen todas sus armas”. Este me contestó: “Ese no es nuestro trato”. Le repliqué: “Ese compromiso fue hace un momento, tengo órdenes de tomar posesión de Coto y ríndase”. (43)

Ante la evidente superioridad numérica de la tropa panameña, la guarnición costarricense no opuso resistencia y entregó las armas.

3) El ataque a “La Sultana”.

Ya hemos visto que el día 25 de febrero en la mañana se supo en nuestro país de la manifestación efectuada la noche anterior en Panamá. Ese mismo día a las cuatro de la tarde se recibió en San José un mensaje de don Ricardo Villafranca, Cónsul de Costa Rica en Colón, comunicado que en Panamá se reclutaba gente y que había salido un vapor con tropas y armamentos. (44)

Probablemente esas noticias alarmaron a nuestras autoridades, quienes optaron por reforzar la guarnición de Coto. Con ese fin, el mismo día 25 a las diez y treinta de la noche un destacamento tomó el tren hacia Puntarenas. Lo formaban el Capitán Miguel Ángel Obregón Castro y 25 soldados del cuartel Bella Vista. Como parte del equipo militar llevaban una ametralladora.

Al día siguiente, ya en Puntarenas, se embarcaron en la lancha de gasolina “La Sultana” rumbo a Coto. De camino descubrieron que una persona en estado de ebriedad se había embarcado con ellos. (45)

El domingo 27 de febrero llegaron a Puerto Jiménez, población situada casi al frente de la Boca del río Coto. Ahí se entrevistaron con don Daniel Herrera Yrigoyen, joven escritor mexicano radicado en Costa Rica y quien desempeñaba el puesto de Jefe Político del Cantón de Osa.

Daniel Herrera aseguró a los costarricenses que el Coronel Zúñiga se hallaba en absoluto dominio de la región de Coto, pues dos días antes había estado con él en Pueblo Nuevo. Se embarcó con la tropa de Obregón y su confianza era tanta que ni siquiera quiso llevar sus armas. (46)

Como veremos, ese exceso de confianza perdió a los costarricenses. A las tres de la tarde salió la Sultana hacia la región de Coto. A esa misma hora, el Capitán Armuelles, con la guarnición costarricense en su poder, ordenó al Capitán Solís y sus 18 policías que se establecieran al otro lado de la boca del río Conte, afluente del Coto.

Manifiesta el Capitán Armuelles que poco después decidió realizar él mismo una inspección por el río Coto y dejó al oficial Laureano Gasca a cargo de la guarnición de Pueblo Nuevo. Se hizo acompañar por otro oficial y dos policías y bajaron por el río. Encontrándose cerca de la boca del río Conte oyeron el motor de una gasolina; era “La Sultana”. Rápidamente se dirigieron a la orilla del río y antes de que pudieran desembarcar pasó, como a 3º metros, la lancha, desde la que les lanzaron un ¡Viva Costa Rica! Y siguieron adelante. (47) En ninguno de los documentos costarricenses consultados se hace referencia a este hecho.

El Capitán Obregón expresa en su informe oficial que llegaron a la vista de Pueblo Nuevo de Coto a las cinco de la tarde. Vieron a algunos soldados haciendo movimientos de preparación y defensa, y creyendo que eran sus compatriotas les lanzaron varios gritos de ¡Viva Costa Rica! Esto fue contestado con nutridos disparos.

Durante varios minutos los ocupantes de la lancha estuvieron absolutamente de que la gente del Coronel Zúñiga les confundía con soldados panameños. Dice luego el Capitán Obregón:

“Al daros cuenta de la trampa en que habíamos caído y después de una hora; más o menos, de combate, desde cuyo principio empezaron a caer muertos y heridos, entre ellos Padilla y Herrera, ordené al capitán de la gasolina, el Estoico y valeroso Magdalena Bustillos, darle Vuelta a la embarcación con ánimo de salvar a la oca gente que me quedaba y regresar con los muertos y heridos. Al pretender hacerlo, el río ya estaba vaciando y la embarcación se varó contra el lado de la vega y la saña enemiga arreció con más furia”. (48)

Los costarricenses dejaron de hacer fuego y poco después la lancha fue abordada por los soldados panameños.

De acuerdo con los datos del Capitán Armuelles, murieron cinco costarricenses y treinta y un quedaron prisioneros, ocho de ellos heridos. Entre los prisioneros estaban los siete tripulantes de la embarcación. (49) Don Héctor Zúñiga da el mismo dato de su informe oficial.

Al día siguiente, 28 de febrero, fueron reparadas algunas averías leves que había sufrido “La Sultana”. A las diez de la mañana zarpó la nave hacia Rabo de Puerco, conduciendo los prisioneros costarricenses. Les custodiaban el oficial Laureano Gasca y 15 hombres. (50)

4) La emboscada a “La Estrella y “La Esperanza”.

El domingo 27 de febrero ya el Gobierno de Costa Rica daba como un hecho que habría un conflicto de grandes proporciones con Panamá y por ello se aprestaba a enviar numerosos combatientes a la zona del Pacífico. Sin embargo, también se consideraba que la guarnición de don Héctor Zúñiga en Pueblo Nuevo no corría peligro, pues estaba reforzada con el destacamento del Capitán Obregón.

Lo anterior se desprende de las instrucciones que recibió ese día el Coronel Amadeo Vargas, jefe de la Primera Sección de Policías. Dice don Amadeo que a las diez de la mañana se presentó a la Secretaria de Guerra,

“donde el oficial mayor me entregó una nota para el Coronel Héctor Zúñiga, a quien debía encontrar en Pueblo Nuevo de Coto. Se me ordenó allí mismo que después de entrevistarme con Zúñiga, retrocediera a la boca del río, donde debía permanecer conservando la embarcación que nos condujera; a fin de que una vez que las tropas, conducidas por el Izabal o Roxana llegaran, fueran conducidas hasta Pueblo Nuevo; pues el calado de estas últimas no les permitía remontar el río”. (51)

Estas instrucciones obedecían a un plan coordinado, pues al día siguiente un batallón de 250 hombres al mando del Coronel Juan A. Gómez salió de San José y se embarcó en el vapor Izabal. (52)

A las once de la mañana del domingo 27 de febrero salió don Amadeo Vargas por ferrocarril hacia Puntarenas, acompañado de 30 policías.

Originalmente pensaban embarcarse en la lancha de gasolina “La Esperanza”; pero, esta resultó muy pequeña para dar cabida a todo el destacamento.

Decidieron entonces embarcarse en la lancha “La Estrella”. Que acababa de legar procedente del río Tempisque.

Manifiesta don Amadeo Vargas que el 28 de febrero de en la noche, poco antes de zarpar hacia Coto, tuvo noticias de que tropas panameñas se dirigían hacia la frontera; teniendo entonces la casi completa seguridad de que chocarían con el enemigo, solicitó más gente para reforzarse destacamento; la gestión fue atendida y 30 policías de Puntarenas se unieron a la expedición.

A las seis de la mañana del 1 de marzo, legaron a Puerto Jiménez. Ahí un policía les informó que o tenía ninguna noticia de que algo hubiese sucedido en Pueblo Nuevo. Incorporaron ese individuo a la tropa y siguieron su viaje.

Cuando remontaban el río Coto, y al llegar a la boca de su afluente el Conte, se encontraron con el grupo de 18 policías que el Capitán Armuelles había establecido desde el 27 de febrero en ese lugar. Informa don Amadeo que desde el primer momento sus hombres comprendieron que tenían a la vista soldados enemigos; como trataran de dispararles él se opuso, pues de acuerdo con las órdenes recibidas no podían ser los costarricenses los primeros en atacar. (53)

A pesar del significativo hecho de la presencia de soldados panameños cerca de Pueblo Nuevo, don Amadeo Vargas decidió seguir adelante. Pensó que en ese momento los soldados costarricenses estarían siendo atacados, y que sí él retrocedía:

“habría sido con la honda preocupación de no saber si mi retirada contribuiría a la derrota de los compañeros, y como además tenía la orden terminante de llegar a mi destino a sabiendas de que el enemigo estuviese allí, no tuve la mayor vacilación de lanzarme a tan peligrosa aventura, y el entusiasmo de mi tropa alentó más a mi resolución, pues todos deseaban entrar en combate”. (54)

Agrega luego que no tenía absolutamente ningún conocimiento de la configuración del terreno ni de los lugares estratégicos y que tampoco poseía una carta geográfica, ni siquiera un ligero esquema, de aquella región. Esto lo obligó a atenerse únicamente al rumbo que el piloto diera a la embarcación.

Así, en forma valiente y heroica, pero imprudente a más no poder, don Amadeo Vargas y sus hombres se lanzaron a la boca del lobo.

Para despejar la cubierta y no presentar mucho blanco, ordenó el Coronel Vargas a los soldados de Puntarenas, con poca experiencia en el manejo de las armas, que bajaran a las bodegas.

Como a las diez y treinta de la mañana llegaron a unos 150 metros del pueblo y detuvieron la marcha de la embarcación. Pudieron entonces observar que numerosos soldados corrían hacía un pequeño edificio y luego aparecían armados de rifles; pocos segundos después la cubierta de la nave se convirtió en un dantesco escenario de muerte y dolor.

Durante los primeros 15 minutos los costarricenses resistieron heroicamente el ataque; pero se impuso al fin la privilegiada situación de los panameños, quienes, ocultos entre la maleza, tenían un blanco fijo sobre el que podían disparar con toda calma.

MAPA

El Coronel Vargas pensó que lo más conveniente era desembarcar en un sitio desde el que pudieran organizar mejor la defensa; con ese propósito ordenó que la nave retrocediera. Desafortunadamente, los motores no funcionaron.

Una hora después, la embarcación estaba cubierta de cadáveres y heridos. Los sobrevivientes pidieron a don Amadeo Vargas que izara l bandera blanca; a esa petición él mismo informa que contestó:

“que estábamos en el caso de salvarse el que pudiera, que yo no arriaba la bandera y que el que quisiera se lanzara al río a ver sí podía ganar la orilla y salvarse”. (55)

Algunos siguieron su consejo y abandonaron la nave; sin embargo, el resto de los sobrevivientes no resistió más aquella terrible situación que hizo que el clarín tocara la orden de suspender el fuego.

Don Amadeo Vargas se lanzó al río, y, aunque estaba seriamente herido, logró escapar con ayuda de un soldado.

De acuerdo con los informes oficiales, el saldo de este desigual encuentro fue el siguiente: murieron 25 costarricenses y 68 quedaron prisioneros, muchos de ellos heridos. Del lado panameño solamente hubo tres heridos: dos policías y un voluntario. (56)

A las dos de la tarde de ese día les llegó a los panameños un importante refuerzo de 50 voluntarios provenientes de Chiriquí. (57)

Para abastecer a los diferentes destacamentos enviados a Coto, el Gobierno de Costa Rica mandó la lancha “La Esperanza” cargada de provisiones. A las siete de la noche del mismo 1 de marzo llegó la embarcación a Pueblo Nuevo de Coto y sufrió igual destino que las naves procedentes. Después de un breve combate, los soldados resultaron heridos, y con cinco compañeros más fueron hechos prisioneros. (58)

5) Se evita una batalla de grandes proporciones.

Como hemos visto, el 28 de febrero salió de San José un batallón de 250 hombres al mando del Coronel Juan A. Gómez. Le acompañaba el señor Fernando Cabezas Zaldívar, persona de vastos conocimientos militares. El batallón se dirigió hacia Pueblo Nuevo de Coto, ignorando que ese punto había caído desde el día anterior en manos de los panameños.

En la madrugada del primero de marzo se embarcaron en el vapor “Izabal” rumbo al Pacífico Sur. (59)

El 2 de marzo llegaron a Puerto Jiménez y ahí, según informó don Fernando Cabezas, encontraron a un policía de la tropa de Héctor Zúñiga, quién había escapado de manos de los panameños. (De tal escapatoria no tenemos más referencia que la del señor Cabezas)

El prófugo dio la noticia de la suerte corrida por las expediciones de Costa Rica, e informó:

“que las tropas panameñas en número de 400 y formadas por tropas de línea de Panamá estaban atrincherándose fuertemente en Coto y esperaban por tierra un refuerzo de 300 hombres; que a bordo de las embarcaciones de guerra panameñas estaban otros 700 hombres”. (60)

Ante esas noticias, evidentemente exageradas, los costarricenses decidieron retirarse a Punta Uvita, con el objeto de esperar refuerzos. (61)

En realidad, lo que había sucedido del lado panameño hasta el 2 de marzo era lo siguiente:

El 25 de febrero a las cuatro de la tarde salió del llamado muelle inglés, en ciudad de Panamá, el vapor “David”, conduciendo un segundo grupo que se dirigía a la región de Coto. Se componía este destacamento de 200 policías y 200 voluntarios al mando del Coronel Alberto Lamb, Inspector General de la Policía. Iba también un cuerpo médico y otro de enfermeras. (62)

Arribaron al Puerto de Aguadulce, donde recogieron algún equipo y varios caballos de la policía rural.

El 27 en la mañana llegó la nave a Rabo de Puerco; de aquí siguió el Coronel Lamb hacia Progreso, donde se entrevistó con el General Quintero.

Luego, los dos altos oficiales volvieron a Rabo de Puerco y se embarcaron en el David, rumbo a Coto.

A las ocho de la noche del primero de marzo estaba la nave frente a la desembocadura del río Coto. (63) Si hubiese llegado doce horas antes, se habría encontrado con la lancha que conducía las tropas del Coronel Amadeo Vargas al trágico destino que ya relatamos en páginas anteriores.

Para remontar el río, se embarcaron al día siguiente el General Quintero y su Estado Mayor en la lancha “La Sultana”, que había sido capturada a los costarricenses. Llegaron al campo de batalla en horas de la mañana, y el espectáculo observado lo relata el Inspector Lamb de la siguiente forma:

“Allí presenciamos el cuadro sombrío y triste sucede a las batallas: cadáveres insepultos, heridos cuyos lamentos hendían el espacio, y en fin, la guerra en todas sus manifestaciones”. (64)

El General Quintero estuvo en Pueblo Nuevo hasta el 4 de marzo. Durante ese lapso el vapor “David” permaneció anclado en la boca del río Coto y es probablemente la nave a la que hizo referencia el individuo que brindó la información ya citada a don Fernando Cabezas.

Nuevos contingentes envió luego el gobierno panameño hacia la región del Pacífico. El 4 de marzo salió hacia Progreso el batallón Panamá a bordo del vapor Coclé; lo comandaban el Coronel Domitilo Cabezas y el Mayor Diógenes Quintero, hijo del General Manuel Quintero. Llegaron el 7 de marzo al puerto de Pedregal y dos días después estaban en Progreso. (65)

Mientras tanto, los costarricenses hacían otros importantes preparativos. El 4 de marzo salió de San José el batallón Costa Rica, compuesto por unos 500 hombres que comandaban los coroneles Víctor Guardia y Rafael Zelaya. Iba con ellos don Rafael Villegas, nombrado General el Jefe del ejército del Pacífico.

Se embarcaron en el vapor “Roxana” y el 6 de marzo pudieron reunirse en Punta Uvita con las fuerzas del Coronel Juan Gómez.

El Estado Mayor del Presidente Acosta decidió adoptar un plan de operaciones ideado por el General Jorge Volio, el cual consistía en atacar por tierra a las fuerzas panameñas atrincheradas en Pueblo Nuevo; se dispuso entonces que en cuanto llegaran a Punta Uvita varios importantes destacamentos que estaba preparando el General Volio, se iniciarían las acciones. (66)

Sin embargo, esos proyectos nunca llegaron a cristalizar, pues el 6 de marzo a las 6 de la tarde recibió don Rafael Iglesias, delegado de la Secretaría de Guerra en Puntarenas, el siguiente telegrama:

“El Gobierno americano garantiza el fiel cumplimiento del fallo Loubet- White que significa la satisfacción integra de nuestros reclamos: henos triunfado en toda la línea. En consecuencia Ud. se servirá enviar inmediatamente una gasolina a manifestar esto al General Villegas a quien le comunicará la orden de regresar con todas sus tropas…” (67)

De esta forma, se evitó un inminente choque de grandes proporciones entre costarricenses y panameños.

Como el Gobierno de Panamá consideró que en cualquier momento podía reanudarse el conflicto, se dedicó a reforzar sus posiciones; así, a mediados de marzo tenía 500 hombres en Coto y 1 000 en Cañas Gordas; de estos últimos, solo 300 contaban con rifles. (68)

III. La campaña de Bocas del Toro.

Hemos visto que el 25 de febrero en la tarde el cónsul Ricardo Villafranca dio aviso sobre ciertos movimientos de tropas en Panamá. Probablemente esas noticias movieron al Gobierno de Costa Rica a reforzar los puestos fronterizos en el lado del Atlántico.

Con tal propósito, el 26 de febrero en la noche salieron 75 soldados del Cuartel Principal rumbo a Limón; les dirigía el Coronel José Joaquín Zavaleta. (69) Esa misma noche se embarcó un grupo de soldados de Limón con destino al Sixaola. (70)

Ya el 28 de febrero era evidente que habría un choque de proporciones incalculables entre los dos países. (Recordemos que ese día salió el Coronel Juan Gómez con 250 hombres rumbo a Puntarenas).

Decidió entonces el Gobierno de Costa Rica movilizar también fuertes destacamentos hacia la zona del Atlántico.

El mismo 28 de febrero salieron dos contingentes cartagineses, alajuelenses y heredianos, los que sumaban un total de 450 hombres. (71)

El primero de marzo a las 7 de la noche salió el Teniente Coronel José María Pinaud con 300 soldados y 25 oficiales. La despedida fue realmente emocionante, pues se congregaron más de 5 000 personas y hubo sentidos discursos de los señores Luis Anderson y José Albertazzi A. iba también con ese contingente un cuerpo de la Cruz Roja. (72)

Pocas horas después, salieron 200 policías de las secciones Primera y Segunda al mando del General Ricardo Monge Chavaría, Director de Policía. Iba con ese grupo el Coronel Gerardo Zúñiga Ontúfar, jefe del ejército expedicionario. (73)

Por último, en la noche del 2 de marzo salió hacia el Atlántico el célebre “Batallón de la Muerte”, formado por elementos pertenecientes en su mayoría al régimen anterior del General Tinoco. Los comandaba don Francisco Amerling. (74)

Todas las tropas se embarcaron en Limón y llegaron por mar a la zona fronteriza. Sin embargo, el destacamento de don Ricardo Monge hizo el viaje por tren desde Limón a la población de la Estrella, a orillas del río de igual nombre. Luego, tuvieron que recorrer a pie el trayecto entre la Estrella y Suretka, a este último punto llegaron los soldados completamente agotados, pues como no había camino, fue necesario abrirse paso por entre selvas y pantanos. (75)

En las primeras horas del cuatro de marzo, las tropas acampadas en Suretka abordaron el tren para recorrer las treinta millas que les separaba de la población de Sixaola. A las seis de la mañana llegaron a su destino y se encontraron con el grueso del ejército costarricense-.

De acuerdo con lo que se había planeado cuidadosamente, se prepararon para atravesar el puente del Sixaola y tomar la población panameña de Guabito. Reinaba gran excitación, pues, según informes recibidos, al otro lado del río había trescientos panameños armados de rifles Remington y carabinas.

A las seis y treinta de la mañana el tren empezó a pasar el puente. En la locomotora iban cuatro oficiales, quienes, revólver en mano, obligaron al maquinista a conducir el vehículo propiedad de la United Fruit Company. En el último de los cuatro carros iban algunos conocidos personajes, entre ellos, los señores Otilio Ulate y Joaquín Vargas Coto. Detrás, seguían las tropas de infantería. (76)

Después de un breve recorrido el tren se halló en el centro de la población y los soldados se apresuraron a tomar posiciones.

El General Monge informa que en el carro en que él viajaba resultaron heridos dos soldados. (77); esto significa que los panameños presentaron alguna resistencia. Sin embargo, el Capitán Herminio J. Pinzón oficial panameño a cargo de la guarnición de Guabito, informa que el 3 de marzo a las seis y treinta de la tarde abandonó con sus fuerzas el lugar.

Esto lo hizo al observar que gran cantidad de soldados costarricenses se preparaban para el azoto desde el otro lado del río, y él sólo contaba con 57 combatientes, la mayoría voluntarios. (78)

Hay un hecho interesante en este asunto, y es que dos soldados costarricenses que hacían guardia en el puente, murieron durante el ataque. Sobre esto, el periodista Fernando Borges, quien presenció los hechos, da una opinión importante, máxime después de conocer el informe que dio el Capitán Pinzón. Dice el periodista del Diario de Costa Rica, refiriéndose a la muerte de los jóvenes Manuel Zúñiga y José Parini:

“por razón de determinadas circunstancias, paso a suponer que proyectiles mal dirigidos de nuestros soldados fueron los que hirieron a aquellos dos centinelas”. (79)

En el mismo artículo manifiesta el señor Borges que accidentalmente los costarricenses dieron muerte durante el ataque a un civil y a una niña panameña, de color los dos.

Entre los soldados de Panamá no hubo muertos ni heridos, lo que bien puede deberse a que la población estaba desguarnecida, como lo indica el Capitán Pinzón, o que presentaron leve resistencia y luego huyeron en forma apresurada, como manifiesta el General Monge. (80)

En el mismo tren, las tropas del Coronel José María Pinaud siguieron hacia Almirante, población que tomaron ese día 4 de marzo a la una de la tarde. Ese lugar estaba completamente desguarnecido, pues poco antes el Dr. Belisario Porras había dado orden de que los defensores se retiraran, ya que las fuerzas costarricenses eran muy superiores en número y armamento. (81)

MAPA

A las doce de la noche del mismo día, el Alto Mando costarricense, que estaba instalado en Guabito, recibió desde San José la noticia de que fuertes contingentes de artillería e infantería panameña habían salido de la ciudad de Colón hacia el campo de batalla. Ante el peligro de que las tropas del Coronel Pinaud quedaran incomunicadas en Almirante, el General Zúñiga Montúfar ordenó que inmediatamente abandonaran ese lugar.

Tal media enfureció a los oficiales, en especial a don Ricardo Monge, y hubo fuertes discusiones. Prevaleció siempre el criterio de don Gerardo Zúñiga y en la mañana del cinco de marzo las tropas de Pinaud estaban de nuevo en Guabito. (82)

Poco después, estando ya más seguros de su situación, los costarricenses volvieron a ocupar la ciudad de Almirante.

Del lado panameño, la actividad fue intensa; el 2 de marzo salió de la ciudad de Colón una fuerza al mando del Coronel Alejandro Mosquera, sin embargo, ese contingente era muy reducido, pues no pasaba de 200 hombres. Se embarcaron en el vapor “Arabia” y el 4 de marzo llegaron a la ciudad de Bocas del Toro, situada en la isla de San Cristóbal y frente a la ciudad de Almirante, ocupada esta última por los costarricenses. Inmediatamente se dedicaron a preparar la defensa, pues se temía un ataque desde Almirante que podía iniciarse en cualquier momento. (83)

El 5 de marzo en la madrugada llegó a la región de Bocas del Toro el barco de guerra norteamericano “Sacramento”. Su comandante se entrevistó con los oficiales de los bandos contendientes y les informó que tenía órdenes de proteger a los ciudadanos norteamericanos y de mantener absoluta neutralidad. (84)

En la tarde, se reunieron los oficiales costarricenses y durante largo rato estuvieron planeando el ataque a la ciudad de Bocas del Toro. Se decidió solicitar lanchas gasolineras a Limón y esperar la artillería que pronto iba a llegar.

El 6 de marzo en la noche, cuando los costarricenses hacían los últimos preparativos para lanzar el ataque que se habían propuesto, llegó desde San José la noticia de que la lucha había terminado. Esto no fue bien recibido entre los soldados y oficiales, pues estaban enardecidos por conocer ya los sucesos de Coto. (85)

El 7 de marzo en la noche, las tropas costarricenses concentradas en la ciudad de Almirante se embarcaron en el vapor “Turrialba”, propiedad de la United Fruit Company, y en él hicieron el viaje hasta Limón. La misma nave transportó luego las tropas panameñas de Bocas del Toro a Colón. (86)

IV. La batalla diplomática.

1) Gestión durante el conflicto.

No fue sino hasta el 27 de febrero, el mismo día en que cayó la guarnición de Pueblo Nuevo y fue emboscada “La Sultana”, que Panamá protestó oficialmente por la actitud del Gobierno de Costa Rica.

La nota fue contestada el 28 de febrero por el Lic. Alejandro Alvarado Quirós, quien reiteró que la región de Coto estaba situada en territorio costarricense. (87)

El mismo día 28, Sir Eric Drummond, Secretario de la Liga de las Naciones, instruyó a los consejeros políticos de ese organismo, al cual pertenecían Costa Rica y Panamá, para que investigaran los incidentes ocurridos entre los dos países. (88)

En igual fecha, el Secretario de Estado, Mr. Bainbridge Colby, se dirigió a los dos gobiernos manifestándoles que debían de desistir de demostraciones hostiles o actividades armadas para dar oportunidad a una discusión y a un arreglo sobre la manera en que debían aplicarse los términos del fallo White. (89)

El 2 de marzo en la tarde se entrevistaron el Lic. Alvarado Quirós y Mr. Walter C. Thurston. Encargado de Negocios de los Estados Unidos en Costa Rica. Insinuó Mr. Thurston el retiro de las fuerzas armadas costarricenses y manifestó que la misma excitativa se había hecho a Panamá. Esa insinuación la confirmó al día siguiente por medio de una comunicación escrita. (90)

El 4 de marzo tomó posesión Mr. Warren G. Harding, nuevo Presidente de los Estados Unidos, sucesor de Mr. Woodrow Wilson. Al día siguiente Mr. Charles E. Hughes, Secretario de Estado del recién inaugurado Gobierno, se dirigió a los países en conflicto, instándoles para que cesaran inmediatamente las hostilidades. Al final de su nota, expresó lo siguiente:

“El Gobierno de los Estados Unidos reconoce el hecho de que la controversia relativa a la frontera entre las Repúblicas de Costa Rica y Panamá fue finalmente resuelta por el Laudo del Chief Justice en calidad de árbitro y desea instar al Gobierno de Costa Rica acerca de la importancia de la cesación inmediata de las hostilidades, a fin de llegar prontamente a un arreglo adecuado y de manera ordenada, de acuerdo con el fallo del Chief Justice White, toda vez que no considera justificado el empleo de medidas de fuerza por ninguna de las partes”. (91)

Esta nota fue conocida en Costa Rica el 6 de marzo. El gobierno la interpretó como una clara garantía de que si se suspendían las hostilidades, el fallo White se haría cumplir fielmente. De ahí que, el mismo día en horas de la tarde se enviaron telegramas a los distintos frentes ordenando el cese de las actividades bélicas y el retiro inmediato de las tropas.

Por su parte, el Dr. Belisario Porras anunció el 6 de marzo que Panamá estaba dispuesta a aceptar la mediación norteamericana si Costa Rica se retiraba a la margen izquierda del Sixaola y no atacaba Pueblo Nuevo de Coto. A la vez, rechazó nuevamente el fallo White y propuso que el asunto se sometiera a una comisión compuesta por la Argentina, el Brasil y Chile, a un tribunal de la Liga de las Naciones o a una Asamblea de catedráticos de Derecho Internacional de la Argentina, Chile y los Estados Unidos. (92)

El Gobierno de Costa Rica estuvo de acuerdo en retirar sus tropas y de esta forma, la mediación de los Estados Unidos permitió que los dos países se pusieran de acuerdo por lo menos en cuanto al punto de cese de hostilidades.

2.- Actividades diplomáticas posteriores al conflicto:

El 15 de marzo de 1921 el Lic. Octavio Beeche, Ministro de Costa Rica en Washington, dirigió una larga nota al Secretario de Estado, solicitando la valiosa influencia de los Estados Unidos para que Costa Rica pudiera entrar en posesión del territorio que le pertenecía, de acuerdo con la Convención Anderson – Porras. (93)

Precisamente, ese mismo día el Secretario de Estado envió una nota al gobierno panameño, en la que expresaba los mismos puntos de vista de Costa Rica. Manifestó que por la Convención de 1910 fue aceptado por ambas repúblicas el límite en el lado del Pacífico, y que por ello el gobierno de los Estados Unidos estimaba como un deber ineludible solicitar a Panamá que abandonara su jurisdicción en el territorio de Coto y lo transfiera a Costa Rica en forma ordenada. Terminaba la carta de la siguiente forma:

“El Gobierno de Estados Unidos miraría con apresión la continuación de esta disputa… si tal continuación fuese causada por la negativa de parte de Panamá de cumplir con obligaciones que se han comprometido solemnemente a ejecutar. Por lo tanto este gobierno considera de su deber pedir al Gobierno de Panamá que indique de manera terminante su intención de conformarse con las representaciones que le hace el Gobierno de los Estados Unidos”. (94)

Esta nota fue calificada por el New Tork Times como un verdadero ultimátum. Don Belisario Porras apeló directamente ante el Presidente Harding, manifestándole que la exigencia del Departamento de Estado era dolorosa y humillante. Poco después contestó Mr. Harding que ese Departamento había actuado con su aprobación y que el Chief Justice con su fallo había rendido homenaje a la Justice. (95)

El 18 de marzo el Gobierno de Panamá envió una nueva carta insistiendo en sus puntos de vista sobre el statu quo y sobre los defectos del fallo White. Esto fue contestado el 30 de abril por el Secretario De Estado, quién rebatió los argumentos panameños y expresó la esperanza de que ese Gobierno tomara pronto las medidas para el traspaso a Costa Rica de la Jurisdicción de la zona disputada. Terminaba esa contestación con las siguientes palabras:

“Salvo que se tomen tales medidas dentro de un plazo razonable, el Gobierno de los Estados Unidos se verá obligado a proceder como sea necesario, a fin de tener la seguridad de que se hará el debido traspaso del ejercicio de la jurisdicción…” (96)

Ante tan categórica declaración del Departamento de Estado, trató entonces el Gobierno panameño de llegar a un acuerdo directo con Costa Rica. Con esa misión llegó a San José el 18 de mayo el Dr. Gregorio Miró.

El 21 de mayo se entrevistaron el Presidente Acosta y el Dr. Miró. Conversaron amigablemente durante largo rato, pero al final no se llegó a ningún arreglo. Informa el Dr. Miró que don Julio Acosta mantuvo que el fallo White debía cumplirse sin modificaciones, máxime que Costa Rica contaba con el firme respaldo del Gobierno de los Estados Unidos. (97)

Intentó luego el Gobierno de Panamá demostrar al Departamento de Estado que sus puntos de vista estaban equivocados. Con ese objeto fue enviado a Washington en Misión Especial el Secretario de Relaciones Exteriores, Dr. Narciso Garay.

El 24 de junio presentó don Narciso Garay un extenso memorándum al Secretario de Estado. Reiteró las razones por las que Panamá rechazaba el fallo White y propuso varias posibilidades para solucionar el asunto mediante arbitrajes o arreglos directos a base de concesiones.

Este nuevo esfuerzo panameño fracasó, pues el 30 de junio manifestó Mr. Hughes que el memorándum no había logrado hacerle cambiar de opinión. (98)

Procuró entonces Panamá obtener la mediación amistosa de los gobiernos sudamericanos, con el objetivo de buscar una solución al problema distinto de la que preconizaban Costa Rica y los Estados Unidos. Con ese objeto, envió en el mes de julio a los señores Antonio Burgos, Eduardo Chiari, Harmodio Arias y Octavio Méndez Pereira como Ministros en Misión Especial al Brasil, Perú, Argentina y Chile, respectivamente.

Las gestiones de estos diplomáticos no tuvieron éxito, pues en general los gobiernos sudamericanos se limitaron a hacer votos por la pronta resolución del conflicto entre los países limítrofes. (99)

Por su parte, el Gobierno de Costa Rica decidió apresurar las gestiones para que se ejecutara el fallo White. Con ese propósito, el primero de agosto envió una nota a Mr. William Howard Taft, nuevo Chief Justice, pidiéndole que nombrara los dos ingenieros, que de acuerdo con el Convenio Anderson = Porras, formarían parte de la comisión encargada de amojonar la frontera. (100)

Esa gestión originó una nueva protesta del Gobierno panameño, el cual manifestó el 8 de agosto que desconocería los actos de la comisión demarcadora y que proclamaba su derecho a seguir ocupando la región de Coto. (101)

Finalmente, el 18 de agosto manifestó el Secretario de Estado que en vista de que Panamá no quería hacer la demarcación de límites, no había ningún motivo para que Costa Rica demorara más la toma de jurisdicción sobre el territorio que le pertenecía.

Ante declaración tan categórica, y habiendo nombrado ya el Chief Justice a los ingenieros de la Comisión, el 24 de agosto comunicó el Gobierno de Costa Rica que se había fijado el día 5 de setiembre para asumir la jurisdicción en la zona del Pacífico. (103)

En esos días salió el buque de guerra “Pennsylvania” hacia la zona de Chiriquí y fue puesto a la disposición del Departamento de Estado. Su evidente objetivo era evitar violencias al tomar posesión Costa Rica de la zona disputada. (104)

En Panamá hubo una fuerte reacción ante la actitud tomada por el Gobierno de los Estados Unidos.

El 24 de agosto don Narciso Garay presentó una enérgica nota ante el Departamento de Estado y el profundo resentimiento que le embargaba se observaba en este expresivo párrafo:

“Panamá se ve obligada a someter a su duro destino; pero en su misma debilidad encuentra energía suficiente para clamar al cielo contra la injusticia y la violencia a que se le sujeta, y para declarar que mientras palpiten corazones panameños en el mundo, conservarán viva la herida profunda inferida a su dignidad y a su altivez, y mirará con ansiedad hacia el porvenir en espera de esa justicia redentora que hoy se le deniega, pero que llegará para ella algún día por inexorable designio de Dios”. (105)

El 5 de setiembre un destacamento costarricense llegó a Pueblo Nuevo de Coto y tomó posesión de la zona disputada. No hubo incidentes pues desde algunos días antes el Presidente Porras había ordenado el retiro de todas las autoridades de su país. (106)

En Panamá, ese día fue declarado de duelo nacional y la mayoría de las oficinas y centros comerciales cerraron sus puertas.

V. Algunos comentarios.

En setiembre de 1938, diecisiete años después de los sucesos que acabamos relatar, el señor Alejandro Alvarado Quirós, Secretario de Relaciones Exteriores durante el conflicto hizo interesantes declaraciones a la prensa.

Expresó que en enero de 1921 se hicieron gestiones ante el gobierno de Mr. Wilson para lograr el cumplimiento del fallo White. A esto contestó su Secretario de Estado, Mr. Colby, que era muy arduo para el Departamento de Estado obligar a Panamá a devolver el territorio usurpado porque se trataba de una república soberana. Agregó luego el Lic. Alvarado Quirós:

“Esta pesimista declaración fue conocida por nosotros en febrero de 1921 pero ya sabíamos que el sucesor de Mr. Colby sería Mr. Hughes, un ex Magistrado de la Corte de los Estados Unidos y estadista justiciero que no podría empeñar su nombre ilustre volviendo la espalda al Fallo del más alto juez de la Unión Americana, que había sido su compañero y su jefe en el Tribunal Federal”. (107)

“Lo que se deseaba por el Gobierno de Costa Rica era dar una alerta para que finalizaran los Sistemáticos avances sobre nuestro territorio Despoblado, y como corolario, provocar una discusión ante Washington de los méritos de nuestra fallada controversia… La guerra sólo podía considerarse como una Posibilidad remota…” (108)

Creemos que estas declaraciones resumen los puntos fundamentales en torno al conflicto, los que desglosamos de la siguiente forma:

a) De 1914 a 1917 el Gobierno de Costa Rica hizo varias gestiones ante el Departamento de Estado para lograr el cumplimiento del fallo, y aunque logró que se le diera la razón no consiguió algo más efectivo.

b) Al acercarse el cambio de gobierno en la Nación del Norte, los gobernantes costarricenses, con una astucia y cálculo políticos que hubiese admirado Maquiavelo, decidieron aprovechar a favor de su causa dos factores importantes: en primer lugar, el ascenso a la Secretaría de Estado de una persona muy allegada al Chef Justice White; como muy bien lo dirá muchos años después el Lic. Alvarado Quirós, Mr. Hughes había sido Magistrado de la Corte Suprema de los Estados Unidos y había trabajado como compañero y subalterno de Mr. White. Esta circunstancia era favorable para procurar una participación más efectiva del Departamento de Estado a favor del cumplimiento del fallo White.

El segundo factor aprovechado por nuestro Gobierno fue el constante intervencionismo del Departamento de Estado en los asuntos latinoamericanos y el vigor que desplegaban a favor de determinar causa, cuando eran convencidos de la bondad de la misma. Eran los tiempos dorados del “big stick”. En relación con este segundo factor, los costarricenses tenían muy fresca en su memoria un vergonzoso acontecimiento: desde el 12 de agosto de 1919 gobernaba en nuestro país don Juan Bautista Quirós, a raíz de la renuncia presentada por Federico Tinoco.

El Departamento de Estado no estuvo de acuerdo con tal designación y el 30 de agosto envió a su cónsul en nuestro país una nota que significaba grave lesión a la soberanía nacional. El comunicado en cuestión decía así:

“El Departamento se dirige por este medio a usted a fin de que haga conocer públicamente, sin demora, que el Gobierno de los Estados Unidos no puede de ningún modo considerar el señor J. B. Quirós como autorizado de manera alguna para actuar como Presidente de Costa Rica…

“El señor Francisco Aguilar Barquero, elegido designado bajo la legal Constitución de Costa Rica cuando la elección de Alfredo González Flores, es el llamado hoy en San José para tomar (o ejercer) el Poder Ejecutivo. El señor Barquero (Aguilar) deberá lo más pronto posible convocar a elecciones…” (109)

Es evidente que incumbía única y exclusivamente a los costarricenses decidir si Quirós continuaba en el poder, o si debía de ser sustituido por Aguilar Barquero u otro ciudadano; tomar una decisión de ese tipo s uno de los atributos fundamentales de cualquier República que se precie de ser libre e independiente. Sin embargo, el Departamento de Estado ni siquiera sugirió, para guardar un poco las apariencias, la destitución de Quirós si no que le ordenó y la dio como un hecho pues en la misma nota mandó que el sucesor de don Juan Bautista convocara a elecciones lo más pronto posible. Resulta innecesario indicar que las órdenes transcritas fueron cumplidas al pie de la letra.

Nuestro Gobierno aprendió muy bien la lección que acabamos de referir y en la controversia con Panamá sobre el asunto limítrofe, decidió encauzar el efectivo intervencionismo norteamericano a favor de sus puntos de vista. Como dirá diecisiete años después del conflicto el Lic. Alvarado Quirós, se deseaba provocar una discusión ante Washington. Agreguemos que Costa Rica sabía cuál era el criterio de Washington y, por consiguiente, cuál punto de vista se iba a imponer.

c) No se propuso nuestro gobierno provocar una guerra. Es evidente que de haberlo planeado así se habría enviado un ejército de vanguardia de sólo 30 hombres. El objetivo era evitar que los panameños siguieran penetrando en territorio costarricense y, a la vez, provocar una discusión ante Washington. La guerra sólo podía considerarse como una posibilidad muy remota. Además, la situación económica del país, después del Gobierno de Tinoco era muy difícil. Precisamente por razones de economía, pocos días ates del conflicto, el 24 de febrero de 1921, la Tercera Sección de Policía se había refundido con la Primera y la Segunda. (110)

d) En el espacio militar, Costa Rica sufrió serios reveses en las acciones del río Coto. No significa esto que las victorias de Panamá puedan clasificarse de “gloriosas”. No hay gloria cuando la lucha es desigual, cuando un grupo de soldados bien protegidos disparan a su gusto y sabor sobre una pequeña lancha inmóvil y desguarnecida. Las estadísticas son reveladoras: murieron treinta costarricenses y del lado panameño hubo solamente tres heridos.

En el Atlántico el panorama fue distinto y toda la región de Bocas del Toro quedó en manos de las tropas costarricenses.

La posterior batalla diplomática se desarrolló tal y como la había previsto nuestro Gobierno. El Secretario de Estado, convencido de l validez del fallo dictado por Mr. White, dejó de ser un simple mediador en el conflicto y se convirtió en el defensor más ardiente de la causa costarricense. De nada valieron las proposiciones de arbitraje por parte de Panamá, pues nuestro Gobierno, en forma hábil, se acogió al respaldo del Departamento de Estado. Esto permitió que en setiembre de 1921 los costarricenses tomaran posesión de Coto, ante la presencia fiscalizadora de los cañones del “Pennsylvania”

e) Creemos que había argumentos suficientes para demostrar que la región en disputa pertenecía a Costa Rica y que la línea de “statu quo” debía de fijarse en Punta Burica. Lamentamos empero que no se tomaran en cuenta las razones jurídicas aducidas por Panamá para continuar en posesión de la zona en conflicto, aunque tales razones no tuviesen solidez.

Panamá tuvo que someterse sin que se escucharan sus razones, al igual que lo habían hecho los costarricenses en 1836 y 1880, cuando Colombia ocupó por la fuerza las regiones de Bocas del Toro y Punta Burica, a pesar de que en esas zonas Costa Rica ejercía una jurisdicción efectiva con base en importantes documentos emanados de la corona española. (111)

f) El conflicto militar no resolvió la disputa limítrofe. Si bien Costa Rica pasó a ejercer autoridad en Coto y Punta Burica, esta situación no fue reconocida como válida o legal por Panamá. El problema se mantuvo latente y en años posteriores fueron frecuentes los incidentes en la región fronteriza del Pacífico.

No fue sino hasta el 1941 que se llegó a la solución definitiva del problema, mediante la aceptación tácita por parte de Panamá del fallo White, el cual fue modificado con un simbólico cambio de tierras de igual extensión.

¡Cuantos incidentes diplomáticos, roces fronterizos, discordias, malestares entre dos pueblos hermanos y hasta derramamientos de sangre se pudieron haber evitado si Panamá hubiese reconocido desde 1914 lo que al final reconoció en 1941!

VI. NOTAS

1) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1914, p. 10

2) Op, cit, p. 193

3) WHITE, Edward D, 1914, pp. 35- 36

4) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 20- 23

5) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921,pp. 20 – 23

6) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 234- 235

7)Op, cit, p. 237

8) Op, cit, pp. 125 – 126

9) Pc, cit, pp. 123 – 124

10) Op, cit, pp. 127- 131 y 240- 241

11) Op, cit, pp. 129 – 131

12) EL NOTICIERO, 23 de junio de 1907, p. 1

13) MORGAN DE ABRAHAMS, Mercy, 1968, p.1

14) KEPNER, Charles, 1937, p. 167

15) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 74 y TURNER, Domingo, p. 131

16) KEPNER, Charles. 1937, p. 167

17) Ibidem

18) PERALTA, Manuel María de, 1890, pp. 511 – 512

19) Op, cit, p. 512 – 513

20) Op, cit, p. 538

21) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1901, p. IV

22) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1901, p. 37

23) Op, cit, p. 48

24) COSTA RICA, Relaciones exteriores, 1921, p. 115

25) PERALTA, Manuel María de, 1890, pp. 532- 533

26) COSTA RICA, Relaciones Exteriores., 1921, p. 107

27) PERALTA, Manuel María de, 1890, pp. 534- 537

28) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1909, p. 38

29) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1914, p. 66

30) DIARIO DE COSTA RICA, 1de marzo de 1921, p. 1

31) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 17 y 93

32) Op, cit, p. 171

33) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921,, p. 27

34) Op, cit, p. 28

35) CASTILLERO P. Ernesto, 1964, p. 92

36) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 34- 35

37) DIARIO DE COSTA RICA, 27 de febrero de 1921, p. 1

38) DIARIO DE COSTA RICA, 27 de febrero de 1921, p. 1

39) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 73

40) Op, cit, p. 74

41) TURNER, Domingo, 1962, p. 132

42) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 174

43) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 19211, p. 75

44) DIARIO DE COSTA RICA, 27 de febrero de 1921, p. 1

45) PADILLA CASTRO, Guillermo, p. 5

46) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 185

47) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 76

48) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 186

49) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 80 y 82

50) Op, cit, p. 77

51) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 179

52) Op, cit, p. 192

53) Op, cit, p. 180

54) Op, cit, p. 181

55) Op, cit, p. 182

56) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 82

57) Op, cit, p. 64

58) Ibidem

59) DIARIO DE COSTA RICA, 1 de marzo 1921, p. 39

60) ACOSTA, AQUILES, 1922, P. 192

61) Op, cit, p. 194

62) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 39

63) Op, cit, p. 97

64) Op, cit, p. 98

65) TURNER, Domingo 1962, p. 138

66) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922, p. 190

67) Op, cit, p. 195

68) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 70

69) DIARIO DE COSTA RICA, 27 de febrero de 1921, p. 1

70) DIARIO DE COSTA RICA, 2 de marzo de 1921, p. 3

71) DIARIO DE COSTA RICA, 1 de marzo de 1921, p. 2

72) DIARIO DE COSTA RICA, 2 de marzo de 1921, p. 2

73) Ibidem

74) DIARIO DE COSTA RICA, 3 de marzo de 1921, p. 3

75) Ibidem

76) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922,p. 187

77) Op, cit, p. 188

78) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 139 – 142

79) DIARIO DE COSTA RICA, 11 de marzo de 1921, p. 2

80) COSTA RICA, Guerra y Marina, 1922,p. 188

81) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 132

82) DIARIO DE COSTA RICA, 11 de marzo de 1921, p. 2

83) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 131 – 134

84) DIARIO DE COSTA RICA, 17 de marzo de 1921, p. 2

85) Ibidem

86) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 320

87) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 133- 134

88) CASTILLERO P. Ernesto 1964 p. 147

89) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 135- 136

90) Op, cit, p. 136

91) Op, cit, p. 146

92) CASTILLERO P. Ernesto 1964 p. 154

93) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 148- 155

94) Op, cit, p. 183

95) Op, cit, p. 243- 244

96) Op, cit, p. 192

97) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 371- 376

98) Op, cit, p. 380 – 431

99) Op, cit, p. 370,380, 429, 430 y 436

100) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 198

101) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 455 – 456

102) Op, cit, p. 463- 464

103) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 103

104) Op, cit, p. 205- 206

105) PANAMÁ, Relaciones Exteriores, 1921, p. 480

106) COSTA RICA, Relaciones Exteriores, 1921, pp. 220- 221

107) DIARIO DE COSTA RICA, 21 de setiembre de 1938, p. 4

108) DIARIO DE COSTA RICA, 22 de setiembre de 1938, p. 4

109) MONGE ALFARO, Carlos, 1962, pp. 280 – 281

110) DIARIO DE COSTA RICA, 25 de febrero de 1921, p. 1

111) PERALTA, Manuel María de, 1980, p. 394 y pp. 536- 538

* Referencia digital en linea:
http://historia.fcs.ucr.ac.cr/hcostarica/materiales/guerraconpanama1921.htm
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