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Prosa de elogio a Chiriquí mayo 26, 2007

Posted by BPP in Chiriquí.
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belleza.

En El Valle de la Luna

Carlos Eduardo Galán Ponce

Si en una noche de luna llena, sientes el rigor de un viento frío de hasta cero grados centígrados y cuando elevas tu mirada al cielo te parece que puedes tocar esa luna con tus manos, mientras que a tus pies puedes ver la exuberante vegetación de dos provincias y en la lejanía brillar la superficie de nuestros dos océanos, solo hay un sitio en este querido país donde te puedes encontrar: la cima del volcán Barú, con un valle iluminado por la luna al sur. El día que te toque vivir esa emoción, la suerte te va a seguir acompañando, porque al descender con la luz del sol, de esos 3,475 metros de altitud, podrás observar en los senderos a tu paso, a esas raras aves multicolores en su ambiente natural, los quetzales. Y cuando finalmente llegues a la comodidad poblada, aprovecha y acompaña una humeante taza de nuestro famoso café con otros privilegios del área: una jugosa naranja injertada o una suculenta chirimoya madura, rodeada de dulces fresas, acabadas de cosechar y servidas por una bella chiricana. Y si eres una dama, no te prives de tener en tus manos una rosa recién cortada. Son solo algunas exclusividades nuestras.

Para apreciar de cerca una actividad digna de admiración, donde se conjuga el esfuerzo humano con una total armonía con la naturaleza, tienes que ir a Bajo Chorro en Boquete, a donde el solo llegar por la “subida de los lamentos” constituye una odisea y donde la familia formada por los esposos Luis y Gaby Lamastus capta en su mismo nacimiento, a una altitud de 1,860 metros y dentro de su pequeña finca de 15 hectáreas custodiada por perros dálmata, siete afluentes del río Caldera, cuyas aguas brotan puras de las rocas a una temperatura de 14 grados centígrados, para rebozar con ellas cien tinas de paredes naturales destinadas a producir un millón de libras anuales de un delicado bocado que se disputan los paladares más exigentes: impecables filetes de trucha que salen del país sellados como: “Product of Panamá”.

La historia de nuestras tierras altas se remonta a los albores de 1895, cuando hombres de diferentes disciplinas y vasta cultura llegaron aquí de los cinco continentes a trabajar, a construir sus hogares con sus manos y a formar una familia. Así se plantaron los primeros árboles de café y se construyeron rudimentarias instalaciones para procesar sus granos, con vías tan precarias de comunicación que el traslado de cualquier maquinaria era una tarea titánica y donde la energía para operarlas y obtener el alumbrado eléctrico, solo podía provenir del ingenio para utilizar la fuerza hidráulica. Entre ellos llegó en 1925 a Boquete, luego de renunciar a su cargo en el parlamento de Canadá, Alexander Duncan MacIntyre, cuyo beneficio de café de esa época, aún se conserva intacto como sitio de atractivo turístico en manos de sus nietos, a la par de un moderno equipo donde procesan actualmente sus cosechas. Cuando esos hombres escogieron hace más de un siglo las tierras altas de Chiriquí para plantar café, supieron que de esos suelos y esos climas se obtendría un producto de extraordinaria calidad y también acertaron al confiar en que sus generaciones futuras continuarían la tradición y le llevarían esa noticia al mundo, produciendo hoy la totalidad de los más de 120 mil quintales anuales de primerísima calidad, que se exportan al mundo con la prestigiosa etiqueta de: Product of Panamá.

A Boquete llegaron artesanos como mi abuelo Pedro Antonio Galán, músico y carpintero que viniera de su natal Masaya en Nicaragua en 1912, incorporando a las noches solitarias las notas musicales de la guitarra y la mandolina, instrumento desconocido en el medio y a quien le correspondiera la tarea de instalar los faroles del primer alumbrado público del viejo Boquete, los que fueran reemplazados en 1922 por el servicio de la primera planta hidroeléctrica de la provincia, instalada por don Juan Arias Q. Y es el arraigo por esta tierra lo que permite ver hoy hogares, como el formado por mi hija mayor, bisnieta de este artesano y el nieto de Alexander Duncan MacIntyre, criando a dos hijos pequeños, como una quinta generación de fundadores de Boquete, en las mismas fincas cultivadas de café desde hace casi un siglo.

En las laderas nor-occidentales de la provincia, cubiertas de pastos mejorados se encuentran las mejores crías de caballos de carrera nacionales, además de la mayor zona productora de leche grado A del país, con vacunos seleccionados y ordeñados bajo las más altas normas de higiene, que aporta un 85% a la producción nacional, agregado al mérito de haber implantado en el país el proceso y el consumo de la leche de larga duración (UHT). Más al norte se encuentra el área de Cerro Punta, donde desde sus 2,000 metros de altitud, en cualquier dirección que mires, se pierde en el horizonte una interminable alfombra de cultivos agrícolas, de donde sale diariamente, hasta para el último rincón del país, la casi totalidad de los vegetales frescos que consumimos. Pero hay algo más que se produce allí de estricta calidad: cachorros pastores alemanes marca Ríos.

A 158 años de existencia formal, la provincia de Chiriquí es hoy un conjunto armónico, producto del cariño por nuestras raíces y el respeto por nuestra historia, del manejo ordenado de las bellezas naturales con que nos bendijo la mano de Dios y de la voluntad y el esfuerzo constante de hombres y mujeres nacidos aquí, de muchos que vinieron con fe y optimismo de otras provincias y en sus albores, de ciudadanos de todas partes del mundo que supieron de esta tierra. Ahora un peligro se cierne amenazador sobre este hermoso entorno natural, un “desarrollo” inmisericorde que llega de afuera a remplazar con cemento las especies naturales que nuestros ancestros trajeron e hicieron crecer con tanto esfuerzo, para ofrecerlo por trozos como artículo de subasta internacional. También debemos comenzar a preocuparnos porque la compra de empresas insignes de la provincia, por intereses foráneos ajenos a nuestra cultura y nuestras tradiciones, pueda convertirse en una corriente que termine erosionando nuestra identidad y afectando nuestra economía familiar.

 

El autor es ingeniero agrónomo

La Prensa, 26 de mayo de 2007

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