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Historia del shaliba Obisa Calé julio 19, 2008

Posted by BPP in Chiriquí, Leyendas.
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CUENTOS DORACES

– XXIV –
OBISA CALÉ

Por allá por los lados de Caisán entre las vueltas del río, en el lugar que hoy ocupan los poblados de Monte Lirio y Rabo de Gallo, había un asiento de indios indómitos, los “shalibas”. Esos indios eran fuertes y agresivos y a diferencia de los dorasques y otros grupos que vivían pacíficamente de la caza, la pesca y el cultivo del maíz, con frecuencia asaltaban los palenques vecinos o lejanos, robaban, mataban y cometían miles de tropelías. Aunque algunos “vecinos” blancos convivían con los indios sometidos a la autoridad de los castellanos y éstos con sus mejores armas y medios de defensa atemorizaban a los pueblos enemigos, la amenaza de un asalto o una invasión sorpresiva pendía siempre como una sombra maléfica sobre los pueblos nuevos. “Mata del Colibrí”, el pueblo que ya había sufrido la experiencia de asaltos, invasiones y emboscadas, gozaba de una época de bastante tranquilidad. Aprovechando esos días de bienestar, el Cura dispuso mejorar la rústica iglesia y reemplazar los redondos troncos por vigas y tablas labradas. Terminados los trabajos de siembra y cosecha en los “Comunes”, los indios se dispusieron a juntar la madera que se necesitaría para la reparación de la iglesia. Confiados en la tranquilidad de que venían gozando y atentos a su trabajo descuidaron la vigilancia de los caminos y de pronto tuvieron la gran sorpresa: como serpientes los chalibas se habían acercado y rodeaban el pueblo. Los hombres se armaron y las mujeres con los niños huyeron por el único camino que les quedaba libre el paso del “Yavi” por el “Bajo los Negros”, para por allí seguir hacia Río Chico al amparo de los castellanos. Los vecinos blancos organizaron apresuradamente sus fuerzas para repeler el ataque que les venía por tres lados, pero la turba de los chalibas era más numerosa y venía al mando de un Balú famoso llamado Obisá Calé.

Destrozados en el lado noreste de la población, los doraces retrocedieron y se dispersaron por los bajos del río, lo que hizo creer a los chalibas que ya habían conseguido el triunfo.

Dieron vueltas alrededor de la iglesia y marcharon por las calles dando berridos de alegría. Obisá Calé y sus capitanes cogieron la callecita al sur de la plaza en donde se hallaba escondido en un “yuco de montaña” el español Esteban Catalán. En un momento, frente al árbol se detuvo el Balú dando saltos y vueltas de alegría y al levantar los brazos con su escudo de macho de monte, desde su escondite el español le arrojó una lanza que se le clavó debajo del brazo y le tocó el corazón. Con bramido de animal salvaje Obisá se desplomó.

Aterrados sus- compañeros creyeron que se les venía encima la tropa de españoles y llevando el cadáver de su jefe huyeron hacia el saliente por el camino que lleva a los Cerrillos. Los dispersos doraces regresaron al pueblo y junto con los vecinos blancos se reunieron en la iglesia a dar gracias a Dios por el nuevo milagro dispensado.

Referencia: Beatriz Miranda de Cabal. 1974.  Un pueblo visto a través de su lenguaje. 113 pp.

Comentarios»

1. omar escala - octubre 14, 2008

gracias por brindar informacion sobre nuestros ancestros indigenas,generalmente se tiene mayor informacion sobre nuestra parte europea. omar escala


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